La última luna 38
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Izz

El contacto directo de las esporas lumínicas con la piel produce efectos visibles e inmediatos, mientras que la inhalación, aun en cantidades imperceptibles, genera alteraciones internas sin manifestación externa inicial.

Debido a que el material no es detectable a simple vista y permanece activo en suspensión durante horas, toda manipulación queda restringida a instalaciones selladas de Bioamenaza de Nivel Alto.

Cualquier exposición fuera de estas condiciones compromete la integridad del personal y del proyecto.

Informe clasificado del Proyecto Selene 687234F

Me oculto tras el mausoleo, intentando hacer el menor ruido posible y me vuelvo para mirar al monstruo.

Da escalofríos. Me he jugado todo a esta posibilidad remota y...

ahora siento una culpabilidad que me quema las entrañas y no me deja avanzar.

El monstruo se detiene. Escucho los disparos de Nil y un calor que no deseo acude a mis ojos.

Me nubla la mirada y me cierra la garganta.

«No».

De esto depende el futuro de Hespéria. No hay otra opción.

Pero él... Le recuerdo poniéndose frente a mí cuando ha aparecido el primer monstruo y trago saliva.

Y yo voy a dejarle frente a una bestia imbatible sin la certeza de que mi plan vaya a funcionar.

De que esa cosa no acabe con él como si se tratara de un vulgar insecto.

Tengo que repetirme varias veces más que es el único modo de conseguir entrar para que mis pies respondan y avancen.

La bestia se vuelve hacia mí un segundo.

Ruge y me preparo para el impacto, pero Nil vuelve a dispararle.

El monstruo se gira hacia él, no le ataca de inmediato, sino que avanza, haciendo que el mundo tiemble a su paso.

Le doy la espalda y corro con los ojos anegados en lágrimas. Controlo mi respiración, buscando a Flavia y a Catarina, ocultas tras otro mausoleo.

—Flavia, te necesito, no podemos esperar a burlar a la bestia para entrar —digo por el canal.

—Vamos para allá —contesta la hacker con decisión.

Intento seguir hacia la puerta, pero mis piernas no me responden. Soy incapaz de moverme de donde estoy. Tengo que continuar con el plan. Entrar en el laboratorio y...

Flavia y Catarina llegan a la puerta del edificio, sin embargo, mis piernas se dirigen hacia el saqueador.

—Mierda. Un momento, voy a contactar con Alveron —dice con voz serena, a pesar de que siento su nerviosismo.

—¿Qué pasa, Flavia?

—Necesito que me ayudes con este cortafuegos. Es más resistente de lo que pensaba.

—Espera, que me conecto —responde el hacker —. Venga, chiqui, no me falles ahora —añade con un tono de voz más suave, e intuyo que está dirigiéndose al UTP—. Esto es pan comido, solo necesito unos minutillos para abrir.

—Venga, pues vamos allá.

Catarina adopta una posición de ataque, cubriendo a su compañera, y me repito que debería estar allí, preparada para entrar con ellas.

Es en lo que me obligo a pensar mientras escucho a través del comunicador los jadeos de Nil. Su respiración entrecortada.

No puedo evitarlo. Voy hacia él, que esquiva el impacto de uno de los puños antes de disparar de nuevo en vano.

El monstruo se vuelve hacia mí y percibo la rabia en su mirada. Suelta un rugido y va a atacarme cuando Nil aparece entre los dos con el cuchillo lunar en alto.

—¡Corre, Izz! ¡El laboratorio! —me grita el saqueador con esfuerzo.

Me muerdo el labio. El miedo me paraliza, mas no le dejo ganar esta vez.

Uso mi poder para copiarme varias veces y, solo entonces, hago caso a Nil y corro hacia la puerta del laboratorio.

El monstruo gruñe, se abalanza sobre las copias y las destruye con violencia.

Por último, se dirige a Nil y le golpea con tanta fuerza que, pese a que este interpone el cuchillo, cae arrastrándose hacia atrás.

Lejos de nosotras. No puedo dejar de mirarle, alejándose de la bestia que en estos momentos permanece quieta, estudiándole.

O preparándose para dar el golpe final. No, no si puedo evitarlo, no si llego a tiempo.

Sin embargo, antes de que lo consiga, el saqueador ya está incorporado y demuestra con creces su preparación militar.

No me necesita. Pero ello no hace que me sienta menos culpable por haberle engañado. Por dejarle solo ante él. Por haberle expuesto a esto.

—¡Ya está! —exclama Flavia triunfal.

—Lizara, vamos. Nil se las arreglará solo, tiene formación suficiente. Es un saqueador lunar.

Voy a dar un paso, mas la culpa vuelve, se me clava como un aguijón en el pecho, aunque decido ignorarlo. Me centro en la entrada mientras se abre con demasiada lentitud para mi gusto.

Vuelvo a mirar atrás. El monstruo y Nil están uno frente al otro.

Más cerca que antes. Nil ha bajado el arma y, ahora sí, su casco se vuelve hacia mí.

Respiro. Una. Dos. Tres veces. Nuestras miradas no se encuentran, pues a esta distancia y con los cascos no es posible, sin embargo, siento que me atraviesan sus ojos azul cobalto que llegan hasta lo más profundo de mi alma.

Y, una vez allí, me rasgan con su dolor.

Aprieto la mandíbula.

Hago lo que tengo que hacer.

Y el peso de la traición me atraviesa cada paso que doy alejándome de Nil. Si esto es por proteger a Hespéria, ¿por qué me duele como si estuviera haciendo justo lo contrario?

«Porque tú no eres Arno. Él desprecia los sentimientos. Y tú no puedes apagar lo que sientes».

Y no quiero hacerlo.