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Nil
El treinta de octubre es el único día en el que el cielo se oscurece como si se hiciera de noche.
Por esto, ese día se conmemora la caída de la luna con el Apagón de Hespéria.
En su memoria, se reinicia el pulso energético de la ciudad —se purga la red para evitar sobrecargas, se estabilizan los flujos y se sincronizan los núcleos de energía que mantienen viva la ciudad—.
Todas las luces se apagan y la gente sale a la calle a contemplar la aurora verde.
El silencio es total en la ciudad. Tan solo se recuerda a los que ya no están con nosotros.
Los que lograron que hoy continuemos avanzando.
Cuando vuelve la energía, se aplaude y se felicitan unos a otros por estar aquí y por seguir construyendo un mundo mejor.
Fragmento del Selestara: El mundo tras la caída de la luna
Umbral y su compañero cazador esperan a que Ventia les haga un gesto afirmativo. El primero se acerca a un terminal que hay a un lado de la celda y pasa su ordenador de muñeca. Al momento, los barrotes láser desaparecen, dejándonos libres.
Alveron se acerca a nosotros con nuestras unidades y nos las tiende.
—Mientras estéis bajo mis dominios —añade con ironía—, eso no será más que un vulgar reloj.
Mi amigo me estrecha la mano, pero aparto rápidamente el contacto. Frunce los labios sin decir nada, con la súplica reflejada en su mirada. Tenemos una conversación pendiente.
Nos conducen fuera de la celda y recorremos un pasillo de cemento y metal que desemboca en una amplia sala con sofás, sillones, mesas bajas y un surtidor de agua al que me lanzo sin pedir permiso, dándome cuenta de repente de la sed que tengo.
Izz sigue mis pasos y bebe con timidez. Los rebeldes rodean una mesa alta de metal con un ordenador holográfico sobre ella que ahora muestra el mapa de Selestara.
A un movimiento de Ventia, la imagen cambia y nos muestra los mismos informes clasificados que vi en el ordenador de muñeca de Izz y que no pude leer porque tenían contraseña.
Aquí no parecen tenerla y ya me imagino quién habrá sido el responsable.
Miro de reojo a Alveron que se hace a un lado para que me coloque junto a él en una invitación silenciosa.
Lo hago tras rellenar por tercera vez el vaso y dirijo una mirada a Izz, que acompaña mis pasos hasta situarse entre Catarina y Flavia.
—Octavius ha estado revisando la agenda de Arno —dice la líder refiriéndose al cazador compañero de Umbral mientras sigue pasando documentos hasta llegar a lo que parece ser una agenda—. Encontró este código que no hemos sabido descifrar.
En el treinta de octubre está escrito: «16.19-66». No hay nada más. Ni letras, ni ningún símbolo. Me acerco un poco más.
—¿Unas coordenadas, tal vez? —Aunque no me lo parecen, pero... ¿Qué otra cosa puede ser?
—Fue una de nuestras opciones, sin embargo, no existen estas coordenadas —niega Octavius—. También valoramos que fuera alguna fecha importante e incluso una dirección, pero nada encaja.
—Alveron y yo investigamos por si se trataba de algún código de seguridad o algún informe clasificado, también sin éxito —comenta Flavia.
—¿Se te ocurre algo, Lizara?
Me resulta extraño llamar así a Izz. Para mí sigue siendo Izz o destructora de colosos de hielo.
Ventia y los demás dirigen sus ojos a Izz, que mira los números con la mirada perdida, como suele hacer cuando está concentrada.
—¿Tenéis algo donde apuntarlo? —pregunta ella.
Le dejan un papel y un bolígrafo y ella escribe los números. Luego se dirige a una de las mesas bajas donde empieza a garabatear sin prestarnos demasiada atención. Los rebeldes prefieren proseguir y la líder vuelve a navegar por los informes. Presto toda mi atención buscando... ¿qué?
—Perdemos el tiempo —interviene Alveron revolviéndose el pelo—. Seguramente esos números no son importantes. Es el Día del Apagón, puede tener citas protocolarias o cualquier asunto de Altos Comisionados.
Ventia detiene la navegación de la pantalla holográfica y clava los ojos en Izz, que sigue garabateando ajena a nosotros.
—¿Otra vez con eso, programitas? —se queja Umbral con hastío.
—Si Arno ha apuntado esos números precisamente ese día tiene que ser algo importante —afirma Ventia.
—No tiene por qué. Tú en tu agenda personal puedes escribir hasta cuándo vas a ir a cortarte el pelo —insiste el hacker .
—Alveron, cállate —tercia Flavia.
Mientras los escucho, leo el informe que flota ante mis ojos.
«Los centinelas forman un cuerpo de élite capaz de mantener la seguridad de Iberion.
Son saqueadores seleccionados para entrar en el Proyecto Selene tras un análisis exhaustivo.
Se les administra una dosis controlada de suero lunar y se les implanta un chip para mantenerlos bajo control.
A sus familias se les notifica su muerte, de manera que no queda quien los reclame, ni nombre que conservar.
Solo el número que reciben al despertar».
—¿Qué es eso del chip? —pregunto.
—Arno diseñó unos microchips que inserta en el cerebro de los centinelas para mantenerlos bajo su control. Eso les quita la memoria y su capacidad de raciocinio. No distinguen el bien del mal, tan solo acatan las órdenes de Arno —explica Catarina.
—¿Es Arno quien les hace perder sus recuerdos? ¿No es a causa del suero lunar? —inquiere Izz desde su posición.
Sé lo que está pensando. Ella cree que a causa de la mutación iba a perder parte de sí misma. Si esto es cierto ese efecto secundario no le afectará.
—Uno de nuestros reclutas era un centinela que capturamos para conseguir información. No se acordaba de nada. Pero gracias a Catarina, que descubrió que tenía un chip y se lo extrajo, pudimos averiguar bastantes cosas. Y él recuperó sus recuerdos y decidió unirse a nosotros —informa Ventia.
Veo el brillo de esperanza en los ojos de Izz, antes de volver a lo que estaba haciendo. Y yo no puedo evitar preguntar:
—¿Cómo se llama ese... recluta?
—Percy.
«Joder».
Por un momento había pensado que quizá...
«Vik».
—¡Por todas las auroras!
Izz vuelve con nosotros con expresión alarmada. Centramos la atención en ella dejando a un lado el tema de los centinelas.
—Son siglas.
—¿Siglas? —repite Octavius entrecerrando los ojos.
—Mi abuelo me enseñó a usar los números en lugar de las letras cuando quisiera ocultar información, pero necesitara apuntarla en alguna parte que otros pudieran leer. Si sustituimos los números por letras queda FFPS.
—¿Y eso qué puede...?
Los ojos de Ventia se abren desmesuradamente al comprender su significado al mismo tiempo que yo y decimos a la vez:
—Fase Final del Proyecto Selene.
—¿Y cuál es la fase final del Proyecto Selene? —se adelanta Catarina.
Izz traga saliva y agacha la cabeza.
—No lo sé... Pero teniendo en cuenta los poderes de Arno... Fuerza, velocidad, producir, absorber y dirigir la luz —repasa más para sí que para nosotros—, percepción amplificada...
Ventia vuelve a navegar a través de los informes clasificados hasta dar con uno donde se mencionan esas mismas habilidades, pero no veo el nombre de Arno Raven. Tan solo «SXPS 253». La líder subraya con el dedo una habilidad concreta y la lee en voz alta:
—«Absorber y dirigir la luz».
—¿Es lo que pretende hacer el Día del Apagón? —No termino de entender la gravedad de la situación, sin embargo, sus expresiones no auguran nada bueno.
—Si es lo que quiere hacer puede provocar en sí mismo una sobrecarga lumínica —comenta la científica.
—Desatando una bomba de luz en Hespéria y gran parte de Iberion —continúa Flavia—, que provocaría una caída masiva de la red energética, dejando fuera de servicio sistemas, comunicaciones y cualquier dispositivo dependiente de electricidad en toda la zona.
—Vamos a calmarnos —interviene Alveron—, ¿no estamos suponiendo demasiado?
—¿Todo eso qué quiere decir? —pregunto ignorando la intervención de Alveron.
Izz se mira las manos y responde adelantándose a la pelirroja:
—Que si no lo controla puede tener un efecto devastador. Yo misma traté de usar una habilidad así, absorbí energía y luego la canalicé, pero no supe controlarla. Si Arno pretende hacerlo a gran escala...
Clavamos los ojos en ella, que continúa mirándose las manos, que gira a la altura de sus ojos una y otra vez.
—Así es, la energía que se libera en un pulso como ese tendría consecuencias impredecibles, y más si no puede controlarlo —continúa Flavia—, pero lo que es seguro es que derribaría a cualquiera en un radio amplio, podría causar paros cardíacos en personas cercanas, reventar tímpanos y producir hemorragias internas letales por la presión.
—Vamos, que la ciudad del fragmento se convertiría en la ciudad de los muertos —replica Umbral.
—Joder. —Es lo único que sale de mis labios.
—¿De verdad creéis que Arno ha querido llegar a ser Alto Comisionado para cargarse Hespéria? —insiste Alveron.
—Tal vez no sea ese su objetivo —Ventia vuelve a tener los dedos en el puente de la nariz—, pero sí lo que sucederá si hace uso de su poder.
—Obviamente, ese no es el fin. Quiere terminar el Proyecto Selene, aunque desconozco cómo —dice Izz, pensativa.
Casi puedo escuchar el debate que se libra en su interior.
Suelta un gruñido desesperado—. No se me ocurre cuál puede ser esa fase final, si tiene que ver con crear más centinelas o...
—Suspira y mira a Ventia—. Lo que sí sé es cómo detenerle.