La última luna 31
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Nil

La caída de la luna desencadenó un conjunto de adaptaciones fisiológicas sin precedentes en la especie humana.

Entre los fenómenos más significativos se encuentra la identificación de un nuevo sistema hematológico emergente.

Este grupo sanguíneo, caracterizado por propiedades bioquímicas e inmunológicas no documentadas antes del impacto lunar, ha sido clasificado como grupo SEL.

El grupo SEL es un rasgo de herencia recesiva cuya expresión solo emerge en individuos portadores de dos copias del alelo mutado.

Fragmento del libro Selestara: El mundo tras la caída de la luna

Izz mantiene la mirada agachada, no sé si por vergüenza o si tan solo está pensativa.

Yo no puedo dejar de recordar el momento en que he respondido por ella.

No tenía por qué hacerlo. No debí hacerlo.

Sigue siendo... ¿Qué? ¿Mi prisionera? ¿Mi deber?

Aprieto los puños y desvío la vista. Me parece vulnerable, como si tuviera que protegerla, pero esa no es la razón por la que he saltado, sino porque...

Ha sido un impulso. Un maldito impulso que ha salido de lo que hemos vivido juntos.

Ahora las cosas han cambiado. Es la hija del Alto Comisionado.

Quiero entender qué está pasando... y algo dentro de mí desea entenderla a ella.

—Entonces... —Rompo el silencio que se ha instaurado entre nosotros—. ¿Tu padre también tiene esos poderes?

Alza la mirada al techo.

—No exactamente. Parece que varían según la persona. Por lo que leí, aparte de la percepción amplificada o la fuerza desarrollada, puede producir, absorber y dirigir la luz, aunque creo que de forma diferente, porque yo hasta ahora solo he conseguido crear los reflejos.

Me quedo pensando en ello. Por lo que han dicho, los centinelas tienen también habilidades.

No al nivel de «poderes», pero sí, mejoradas.

Y tiene sentido, por lo que pude ver en el enfrentamiento con el monstruo que escapó por Hespéria.

Drevan parecía diferente, y no solo porque no me reconociera.

Sus rasgos físicos habían cambiado y tuve la sensación de que era más ágil y fuerte. Más que un humano normal.

—Después de haber visto lo que hay ahí fuera y el peligro que supone para la gente, ¿no es normal que Arno esté haciendo todo esto? —Izz me mira horrorizada—. Quiero decir que está mejorando a los soldados para que protejan Iberion. Y vuestros poderes no son malos.

—No se trata de eso. El Proyecto Selene empezó experimentando con pequeños animales y después los usamos más grandes.

No supimos que las sustancias lunares afectan también a los humanos hasta que analizamos la sangre de los saqueadores que regresaban de los desiertos.

Y Arno empezó a experimentar con ellos sin su consentimiento.

—¿Qué quiere decir «sin su consentimiento»?

—Justamente eso. Los centinelas no son quienes eran. Pierden su humanidad, sus recuerdos, todo lo que han sido en el proceso.

Ahora tiene sentido. ¿Conozco a alguien que sea centinela? ¿A algún familiar que me haya hablado de que hay uno en su familia?

—Pero ¿de dónde salen entonces los centinelas?

—Son saqueadores que regresan infectados. Y la información que se transmite a las familias es que murieron en las misiones o que los destinaron a otro lugar.

Me mareo. Me siento en el banco que tenemos a nuestra espalda intentando ordenar mis pensamientos. Si esto es cierto, Vik puede ser un centinela en cualquier lugar de Iberion o un ratón en ese laboratorio secreto. Perdiendo su identidad en el proceso.

—Esos centinelas son capaces de protegernos de las monstruosidades que hay aquí —musito, dando voz a mis pensamientos.

Me horroriza que use personas para este fin. Sin tener en cuenta quiénes son y sacrificando su humanidad con o sin su consentimiento. Puede que el Alto Comisionado se escude en que lo hace por un bien mayor, pero esto está mal.

—No lo entiendes. Ese suero que Arno les inyecta no afecta igual a todas las personas. El grupo sanguíneo SEL es el que determina si el sujeto desarrollará las habilidades especiales o por el contrario...

—¿Así fue como perdiste a Nyelith?

—Sí. Por mi culpa murió. Por llevar a cabo mi maldita investigación —da un puñetazo en la pared con rabia— y desarrollar el Proyecto Selene.

Intento entenderla. No lo hizo a propósito, pues su objetivo era mejorar la vida de las personas y ayudar a Selestara.

Sin embargo, la rabia hace que me tiemblen las piernas.

Por su culpa Drevan no sabe quién es, incluso quizá su familia piense que está muerto.

Nosotros lo creímos también de Vik y ahora es posible que sea otro centinela más sin recuerdos de nosotros.

—¿Tú también vas a perder tus recuerdos?

—Es lo más probable —responde con pesar.

—¿Y por qué Arno se pondría algo que le haría olvidar quién es?

Izz se queda pensativa unos instantes, con la mirada perdida en algún punto indeterminado de la celda, sumida en sus pensamientos.

—No lo sé... —contesta al fin, sin devolverme la mirada.

La rabia que siento se mezcla con algo inesperado: compasión.

Izz no es mi enemiga. Es la víctima más cercana al monstruo en el que su padre se ha convertido.

La mandó capturar como si fuera un error en sus planes, sin importarle acabar con la vida de su propia hija.

Me pregunto cuánto tiempo lleva sobreviviendo sin que nadie la vea de verdad.