La última luna 24
37%

24

Nil

El refugio compacto de clase A ha sido diseñado con el objetivo de servir de parada de emergencia para un solo saqueador.

Cuenta con una fuente de oxígeno que se renueva cada ciclo.

Filtros para la toxicidad y espacio para pasar un ciclo.

Exceder el tiempo de uso puede acarrear riesgos graves para la salud del individuo.

Fragmento del Manual del Saqueador Lunar

Dormir en el banco no es una opción, así que me siento; observo a Izz en silencio.

Duerme. Y en este estado parece totalmente inofensiva.

No es así. Ese brazo antinatural solo es una parte de lo que es —porque, además, posee ciertas habilidades— y no puedo evitar preguntarme si hay algo más detrás de toda esta persecución del Alto Comisionado.

¿Es una rebelde sin más? ¿O la busca por sus dones? ¿Quién es Izz? ¿Y por qué no quiere contarme lo que le pasó en el brazo?

«Porque sigue siendo tu prisionera. Vas a entregarla. No confía en ti y tú no deberías confiar tampoco en ella».

Ya le he contado demasiado. Me maldigo a mí mismo por ser tan insensato, pero a mí no me enseñaron a ser un soldado, sino a enfrentarme a las zonas extremas. Sin embargo, sí me enseñaron a cumplir hasta el final las misiones. Y es lo que voy a hacer.

Me llevo una mano al colgante, acaricio el anillo.

Aparte de cumplir mi misión, mostraré al mundo la razón por la que los saqueadores no vuelven.

No estamos realmente preparados. Nos mienten.

Nos ocultan información que podría salvarnos.

Vuelvo a desear que Alveron lo esté registrando todo o esto no habrá servido de nada.

Quizá yo no regrese, pero ello no impedirá que mi amigo ponga en evidencia al Gobierno.

Y tal vez ellos salven vidas en el futuro.

Sacudo la cabeza, tengo motivos para dudar del Alto Comisionado de Iberion, pero muchos más para temer a esta desconocida.

Respira con suavidad, con el brazo gris sobre su vientre.

El otro reposa junto a su cabeza. Es menuda, pero con curvas, y en apariencia no diría que tiene más fuerza que yo o que cualquiera de mis compañeros; de no haberla visto en acción no me parecería en absoluto una amenaza.

Contengo la respiración cuando ella se mueve, emitiendo un ruidito a medio camino entre gemido y suspiro. Me da la espalda, colocándose en posición fetal. Niego despacio y mi mirada va a su ordenador de muñeca.

¿Qué habrá robado Izz que hace que el Alto Comisionado tenga tanto interés en acabar incluso con su vida?

Me acerco a ella y con cuidado le cojo la muñeca.

Compruebo que su respiración sigue siendo acompasada y no hace ninguna señal de ir a despertarse.

El corazón me late con fuerza y las manos empiezan a sudarme por la tensión.

Me apresuro a retirarle el terminal y lo contemplo como si fuera un trofeo.

Pero no basta con tenerlo en mis manos, tengo que acceder a él.

Empiezo por lo básico que es desbloquearlo, lo paso frente al rostro de la rebelde y el panel de inicio se despliega frente a mí.

¿Dónde ocultaría...?

Mi curiosidad me lleva a entrar en la galería, pero no debo entretenerme con tonterías.

Hago memoria. Gracias a Alveron sé cómo ver si hay archivos ocultos.

Hay varios codificados que no puedo abrir, todos comparten el nombre, Informe Clasificado del Proyecto Selene, y un código numérico.

Solo un hacker podría hacerlo. Pero hay uno que se llama tan solo Proyecto Selene que sí está disponible.

Lo abro sin perder un segundo. No entiendo nada.

Un montón de terminología científica que, aunque me suena de mis estudios, no puedo entender del todo.

No es mi especialidad y solo capto palabras sueltas que no me dan información.

No la que esperaba. Llego a una parte subrayada: fragmento lunar MHYS-selenity.

Frunzo el ceño. Forma parte de una zona que perteneció a la montaña Mons Huygens. Es uno de los más grandes del Desierto Polar y uno de los pocos que no ha sido explotado por completo. ¿Por qué puede interesarle a una rebelde?

Sigo bajando y veo una anotación.

Primero: recoger muestra de nexenol del fragmento lunar MHYS-selenity. Segundo: burlar a la mutación y conseguir entrar en el Laboratorio Polar. Tercero: detener la experimentación con humanos y mostrar al mundo el verdadero Arno.

¿Un laboratorio en medio del Desierto Polar?

¿Experimentación con humanos? Frunzo el ceño.

Lo que nos han mostrado siempre de los laboratorios de Hespéria es que experimentan con plantas y animales para tratar de que se adapten a este nuevo mundo y así conseguir mayor alimento para la población.

También se investigan nuevas tecnologías y otras mejoras destinadas a optimizar la calidad de vida.

Pero esto de experimentar con humanos...

¿Un laboratorio donde de verdad se hace eso?

Desconocía su existencia y, al parecer, comparto esa carencia con gran parte de la población.

Solo ese secreto ya puede poner el mundo patas arriba.

Siento náuseas.

Izz se mueve. Jadea en sueños y frunce el ceño. Y mi ansiedad se dispara.

Sigo, sin comprender, dando palos de ciego en el documento hasta que unas palabras hacen que mi corazón se detenga; la sangre se me hiela en las venas y debo recordarme que tengo que coger aire si quiero que este llegue a mis pulmones.

Un solo nombre.

Uno que reconozco bien.

Drevan Ness Sujeto 3569D del Proyecto Selene Inyectado en el laboratorio 7 en el 89

El novio de Vik. El año de la misión que compartió con mi hermano.

En ese momento sucede algo que no he visto venir por culpa del bloqueo en el que me ha dejado esta información.

En un abrir y cerrar de ojos, la rebelde se ha incorporado, haciéndome caer de culo sobre el banco, y se ha puesto de pie frente a mí, rodeando mis piernas con las suyas mientras me sujeta del cuello con el brazo mutado.

Su contacto es pétreo, frío y firme. Al igual que su mirada, que me atraviesa como una daga afilada. Mi otra mano va directa al cuchillo lunar, lo saco tan rápido como ella se ha incorporado y lo sitúo sobre su vientre.

—¿Ese es tu objetivo? ¿Un fragmento lunar y un laboratorio oculto? —murmuro intentando mantener la calma.

—No tienes ningún derecho a hurgar en mis cosas.

—Tengo todo el derecho, eres mi prisionera, por si lo has olvidado.

Presiono el filo contra su vientre. Ella aprieta más y me duele. Si sigue ejerciendo fuerza sobre mi cuello, me asfixiará en medio de la nada. Tengo que ganar tiempo.

—Te ayudaré —jadeo.

Ella se ríe. Una carcajada tan helada como los vientos que nos esperan fuera, pero no me libera.

—¿Tú?

—Se te olvida que conozco este maldito sitio mejor que tú. Soy un saqueador.

—Y a ti que el laboratorio polar es secreto.

—¿También el fragmento?

Ella parece sopesar mis palabras y después me libera, pero no del todo.

Relajo la mano que sostiene el cuchillo.

Aprovecha para acercarse más. Su pelo roza mi rostro y sus piernas continúan abiertas a ambos lados de mis muslos.

Sigue de pie. La mano mutada deja de ejercer presión y rodea mi cuello tirando de mí hacia atrás.

Nuestras miradas chocan, y el terror que debería sentir se convierte en determinación.

Porque ese laboratorio puede ocultar algo que me dé pistas sobre qué le pasó realmente a Vik. A Drevan.

¿Y si sigue vivo?

La esperanza me quema en los labios, en la garganta, en la boca del estómago.

—Iré contigo. Te llevaré al fragmento. Y después tú me llevarás a ese laboratorio.

Ella se queda en silencio. Me mira con los ojos relucientes de luna y no retiro la mirada. De pronto, parece más consciente de nuestra cercanía y, aunque lo disimula, está incómoda. El rubor de sus mejillas la delata, así como la respiración, más agitada de lo que debería.

—¿A qué viene ese cambio de parecer? ¿No tienes tanta prisa ahora por llevarme ante Arno? —ronronea.

Las uñas duras como gemas recorren la piel de mi nuca y un estremecimiento nace de ellas hasta la parte baja de mi espalda.

—No te equivoques. Ese sigue siendo mi objetivo principal. Solo que ahora hay un par de paradas antes.

Ella suaviza el agarre al fin. Da un paso atrás y me pongo en pie para revisar el panel del refugio. Compruebo el estado del aire en el exterior y suspiro aliviado: el fenómeno de la niebla ha terminado.

Me sorprende que haya aceptado tan rápido.

Ya he comprobado que tiene conocimientos sobre este lugar que no nos enseñan en la academia, que son un secreto para los ciudadanos de Iberion, como la existencia de esas monstruosidades que he podido ver con mis propios ojos —y tocar, para mi disgusto— o la existencia de ese laboratorio secreto donde experimentan con humanos.