La última luna 13
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Sin una mutación controlada, los individuos entran en un estado de crecimiento monstruoso. Pierden por completo su identidad y su aspecto pasa a ser grotesco. No hay cura, ni punto de retorno. La única posibilidad es abatirlos.

Todavía escucho el eco de sus gritos. Un equipo de saqueadores me hubiera atrapado de no ser porque ha aparecido un monstruo enorme y han tenido que centrarse en él.

Otra criatura que no sale en los manuales.

Los soldados se han desplegado bien y por un momento me he sentido a salvo, al creer que tenían controlada la situación, hasta que ha empezado la masacre.

No he podido hacer nada por ellos, tan solo sobrevivir, y casi no lo cuento.

No sé si habrá quedado alguno con vida, espero que sí.

Por mucho que me estén persiguiendo y estén a las órdenes de Arno, no merecían sucumbir bajo las fauces de esa bestia.

Consulto el mapa mientras aprieto un botón del casco que hace que un tubo fino se alce ante mis labios.

A pesar de estar obsoleto este traje, está bien preparado.

Aunque podría recordar a un traje de astronauta, tiene ciertas diferencias.

Se ajusta a la perfección al cuerpo gracias a un tejido que hace que se adapte a tu piel para regular tu temperatura.

Parece fino, pero sorprendentemente cumple su función: proteger de las inclemencias externas a la par que permitir la libertad de movimientos.

Tiene un tono grisáceo a diferencia de los trajes actuales de los saqueadores.

Cuenta con una especie de botella donde almacenar agua. He metido nieve y he esperado a que se derrita y alcance una temperatura aceptable. Doy tan solo un par de sorbos. Es mejor que la racione, ya que no siempre habrá nieve que pueda introducir fácilmente en la botella.

Dado que la criatura que parece custodiar el laboratorio polar me ha impedido cumplir mi primer objetivo, que era colarme en su interior, me dirigiré al segundo, mientras pienso una forma de abatirla o burlarla.

Voy en dirección noroeste hacia otro triángulo que marca un fragmento de luna marcado con MT, que significa que ese fragmento perteneció al Mar de la Tranquilidad de la luna y contiene una de las sustancias con las que Arno elabora el suero lunar.

Tomo ese camino en la semioscuridad que me rodea; ya no hay nubes, y las estrellas y el resto de luna que sigue flotando en el cielo aportan una luz que me permite ver dónde pongo los pies.

También la linterna del traje me ayuda a controlar los alrededores.

La superficie bajo mis botas es oscura, gris y negra, como si ceniza y minerales hubieran quedado atrapados bajo capas congeladas.

Me detengo fascinada y me agacho. Me quito el guante izquierdo y apoyo los dedos sobre la superficie.

La piedra pulida refleja el mismo tono grisáceo que mi piel.

Está helada, pero me sorprende que resulta...

agradable. Me incorporo mirando en derredor con curiosidad.

A veces, alguna que otra columna también oscura rompe la llanura, como si el hielo hubiera crecido hacia arriba.

A medida que avanzo da la sensación de que en cualquier momento esta negrura se abrirá bajo mis pies y me tragará, haciéndome desaparecer. Trato de evitar mirar hacia abajo.

«No va a pasar nada», me digo para infundirme ánimos.

«Lo dice la loca que se ha adentrado en el Desierto Polar sin ningún tipo de preparación y sin plan alguno».

Respiro hondo. Lo hecho hecho está. Ya no hay vuelta atrás, y tendré que lidiar con las consecuencias por mucho que me aterre. Debo hacerlo.

Consulto los informes del Alto Comisionado de los experimentos que realizó sobre sí mismo:

«... El SXPS 144 ha sido un éxito. Tras inyectarle el suero lunar creado a partir de una pequeña dosis de voltraxita y teraluc, procedentes de fragmentos lunares del Mar de la Tranquilidad y los cráteres del sur respectivamente, puedo confirmar que el sujeto SXPS 144 posee cualidades sobrehumanas en pequeña medida.

El primer centinela de mi ejército de Selene».

Con un movimiento de mano, paso varios informes hasta llegar al que vi sobre él.

«Hoy probaré el suero lunar conmigo mismo. Tras una prueba realizada con éxito, he demostrado que aumentando la voltraxita y el teraluc puedo crear un ser humano con unas cualidades excepcionales, un ser humano sin rival en este nuevo mundo.

»Hoy formaré parte del Proyecto Selene y me convertiré en el sujeto SXPS 253».

Aprieto los dientes y apago el UTP, concentrándome en el camino y lo que puede acechar en él.

En el fragmento lunar al que me dirijo encontraré la voltraxita que forma parte de ese suero.

Yo también la necesito para revertir los efectos del Proyecto Selene.

En el trayecto hasta el Desierto Polar he podido estudiar los componentes del suero lunar, y gracias a mis conocimientos y los experimentos que Arno ha detallado en sus informes secretos he podido desarrollar lo que podría considerarse un «antídoto».

Sin embargo, yo no necesito telaruc para ello, marcado también en otro fragmento lunar, a semanas de viaje de donde me encuentro, sino nexenol, un componente que se encuentra en lo que perteneció a la montaña Mons Huygens.

Y esto me lo confirma el propio Alto Comisionado cuando menciona los efectos de tal componente en sus experimentos fallidos.

Yo misma he marcado en el mapa el fragmento lunar en el que encontrar el nexenol, que ahora será mi segundo objetivo.

La quietud es tal que da escalofríos. Afino el oído que por el momento solo capta mis propios pasos sobre el hielo. Este traje también está preparado para impedir el deslizamiento, aunque en algunas zonas debo tener cuidado. Supongo que lo afinaron con los años y los actuales serán perfectos.

Avanzo en silencio, preparada para lo que pueda encontrar. He repasado las criaturas que habitan en el Desierto Polar, sus puntos débiles y, aun así, no estoy segura de estar preparada para enfrentarme a alguna de ellas.

«Sin embargo, tú no eres normal», dice una vocecilla en mi interior.

Y aun así no fui capaz de hacerle frente al monstruo que custodiaba el laboratorio secreto de Arno. Pude escapar haciendo uso de los reflejos.

Después de ver a esa criatura delante del laboratorio...

, ¿qué más sorpresas puede haber aquí que desconozcamos?

Otro escalofrío. ¿Habrá más criaturas u otras sorpresas que Arno haya ocultado?

¿Incluso a los saqueadores? Esta pregunta me hace recordar al grupo de saqueadores que casi me atrapa.

No dejaban de gritar que no sabían qué era esa cosa.

Sacudo la cabeza en un intento por apartar las dudas. Sea cual sea la respuesta, para mí ahora es irrelevante.

Durante estos tres días he tenido la suerte de no cruzarme con ningún animal mutado agresivo, tan solo algunos herbívoros que me han ayudado a alimentarme al fijarme en qué comen.

Gracias a ellos me he hecho con una buena reserva de raíces que, si bien crudas tienen un sabor demasiado amargo, me han mantenido con la energía suficiente para seguir.

Sin embargo, también he tenido que racionarlas por si no logro encontrar otro alimento.

Nunca he tenido tanta hambre en mi vida.

Tras un buen rato en el que no sé si han pasado minutos u horas, vuelvo a abrir el mapa holográfico.

Gracias a la posición de las estrellas me he mantenido en la dirección correcta.

El fragmento está cerca. Lo cierro y miro al frente sin moverme.

Percibo un leve brillo que debe de pertenecerle.

Estoy tentada de echar a correr para llegar cuanto antes, pero me abstengo.

Debo ser precavida. Apago la linterna y avanzo guiada por ese resplandor.

Mis ojos se acostumbran a la semioscuridad y el panorama que me rodea se revela de golpe, sobrecogedor.

Una extensión interminable de hielo y zonas blancas que, para mí, se tiñen de gris.

Nieve. Puntos de luz inmóviles salpican la distancia, algunos suspendidos a gran altura, lo que me hace sospechar que son fragmentos lunares.

Al llegar a mi destino, escucho unos pasos arrastrados.

A mi alrededor no veo nada. Rodeo con sumo sigilo la roca lunar y me asomo.

Ahí está. Es un carroñero de cristal. Puedo observarlo casi con claridad gracias a las placas óseas que recubren su espalda, protegiéndolo y aportando algo de luz con un brillo antinatural.

Contengo el aliento, evitando cualquier sonido.

Aunque los carroñeros son seres inofensivos, pues se alimentan de cadáveres congelados, son territoriales.

Si me percibe como una invasora, es probable que me ataque.

Trago saliva. Poco importa que tenga poderes. Si se percata de mi presencia estoy muerta.

Se está alejando. Solo cuando dejo de verle me atrevo a respirar de nuevo. Examino los alrededores para constatar que estoy sola. No hay otros animales ni saqueadores. Perfecto.

Enciendo la linterna y estudio el fragmento lunar.

El fragmento flota ante mí, suspendido con una ligereza imposible.

Su brillo lunar, tenue pero vivo, se desliza por mi visor y me obliga a acercarme un paso más.

Conozco ese resplandor: lo he visto atrapado en cristal.

Mas aquí..., aquí respira. Cada grieta emite un pulso suave que parece responder a mi presencia, como si reconociera algo en mí.

Trago saliva mientras lo observo, dejando escapar destellos que recorren mis guantes y me obligan a contener el aliento.

Nada de lo que he estudiado se parece a esto.

Ahí está. La voltraxita reacciona a la luz con tono entre plateado y rosado. Solo tengo que rascar para extraerla en forma de polvo, y en un laboratorio separarla de otros componentes que puedan caer también.

Cuando la bolsita de muestras está casi llena de la sustancia siento que un estremecimiento me recorre la columna y un frío se extiende a mis extremidades. El vello se me eriza y apenas puedo tomar una bocanada de aire antes de escuchar los pasos y guardarme la voltraxita.

He perdido un tiempo valioso para escapar, mas ahora mismo la prioridad es el componente vital para acabar con Arno.

Aprieto los labios, dirigiéndome al saqueador que se acerca a mí.

El dolor me sacude desde la nuca hasta las piernas, estas me fallan y me derrumbo sobre el hielo, mientras el mundo a mi alrededor se tambalea y oscurece.

Quiero gritar, sacudirme, dar media vuelta y enfrentarme al que me ha atacado, pero reconozco la descarga que entumece todo mi cuerpo.

Ni mis capacidades pueden contra el aturdidor.

Un superviviente del equipo que me perseguía me coge con fuerza y la presión de las esposas iónicas me hace daño en las muñecas.

Solo me queda esperar y contar con la suerte de que no lleguen refuerzos. O de que decida mantenerme con vida para llevarme hasta Arno.