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Izz
Los primeros individuos mutados no responden ante las órdenes, solo al dolor. Se perciben rastros de su vida pasada en algunos gestos o respuestas químicas. Fuera de eso son bestias poderosas, capaces de abatir a un hombre en un abrir y cerrar de ojos.
Resisten a las balas, mas no a los láseres lunares.
Hay que aumentar la dosis de teraluc en la mezcla para mantener la mente intacta.
Informe clasificado del Proyecto Selene 843210L
El silencio, como el frío que se extiende ante mí, es como un manto. La niebla se eleva en volutas: antinatural, salvaje, como esta noche perenne y el hielo que cruje bajo mis pies. Avanzo despacio.
Me he alejado de la estación donde me ha dejado la unidad rápida todo lo deprisa que he podido, enfundada en este traje de saqueador antiguo, pues es lo único que he encontrado en el transporte. No podría sobrevivir sin él. Las temperaturas son extremas, aunque aquí dentro no lo parezca.
Miro al cielo, sobre mi cabeza, el manto de estrellas, tal y como lo he estudiado, se extiende por todo el firmamento. Aquí no hay auroras, ni luces que parpadean. No hay absolutamente nada.
Me estremezco, porque sé que es un engaño.
Es mucho lo que oculta esta oscuridad y miro las brumas de mi alrededor con inquietud porque, en realidad, este lugar está lleno de monstruos.
De peligros que acechan entre las sombras.
Sin embargo, también está lo que necesito para terminar con el imperio de Arno, antes de que él me encuentre.
No tardarán en llegar las primeras expediciones, y los saqueadores son expertos. Conocen el terreno y saben cómo enfrentarse a lo que me rodea. Y vienen a cazarme. Puedo sentirlo en el aire que se va volviendo más denso a mi alrededor. Lucha contra mi presencia o quizá es solo una sensación.
Me obligo a respirar hondo. Una. Dos. Tres veces. El casco se empaña a medida que se condensa el aire y doy un paso tras otro sobre la capa bajo mis pies. Antiguamente aquí había océano, uno que separaba a Iberion de otros países, que cayeron cuando lo hizo la luna.
Y en algún punto de esta masa de hielo está mi objetivo: el laboratorio polar. Antinatural. Es la única palabra que se me ocurre para un edificio que se alza en medio de la nada. O, más bien, en el centro de una oscuridad helada como nunca habría podido imaginar.
Levanto la muñeca y selecciono el mapa de Arno en el UTP.
Se abre ante mí un holograma con un mapa que podría ser como otro cualquiera, si no fuera por unas marcas que hay en ciertos lugares, tanto del Desierto Polar como del Desierto Ígneo.
Aumento la zona del primero y lo estudio durante unos segundos.
Levanto los ojos hacia las estrellas. Localizo el norte para situarme, vuelvo a mirar el mapa y me dirijo en dirección este.
Salvo la marca en forma de triángulo con las iniciales LP, no hay nada que indique que hay un edificio en esa zona.
Paro antes de continuar. Si los saqueadores ven mis huellas podrán seguirme con demasiada facilidad.
Y ellos saben mejor que yo cómo moverse por aquí.
Giro sobre mis talones para llevarme una grata pero estremecedora sorpresa: han desaparecido.
Como si nunca hubiera pisado por ahí. Trago saliva y continúo.
No es algo de lo que deba preocuparme...
por el momento. Tampoco sé cómo funciona este entorno, podría haber cualquier tipo de explicación lógica.
Estoy tan concentrada tratando de no salirme de la dirección que debo seguir, que apenas me doy cuenta de que ha empezado a nevar.
Los copos son finos, resbalan por el cristal del casco convirtiéndose en hilos de agua.
Además, hay un leve resplandor: un fragmento de luna suspendido a unos metros, flotando.
Tan pequeño que no creo ni que supere mi altura.
Me lo quedo mirando embobada un buen rato.
Su belleza aterradora me hipnotiza. Aprieto los dientes y me obligo a continuar durante minutos que se me antojan horas.
O tal vez lleve caminando horas. He perdido la noción del tiempo y, aunque mire mi UTP, no sé si lo que me muestra es real o aquí el tiempo funciona diferente.
No, debe de ser una sensación mía. A medida que me acerco veo una cerca consumida por el hielo.
La llanura tras las puertas de hierro, salpicada de lápidas pertenecientes a otro tiempo y, más allá, los panteones.
Recorro el lugar conteniendo el aliento, sintiéndome observada por las estatuas de ángeles, que advierto como sombras cubiertas de escarcha.
El miedo a las criaturas que deambulan por aquí hace que me tiemble el pulso y el corazón se me suba a la garganta.
La tensión por la huida que todavía tensa mis músculos me persigue, pues todavía no ha terminado.
La incertidumbre ante lo que aún me queda por hacer.
Según el mapa del UTP el laboratorio polar está aquí. En medio de este cementerio. No lo percibo a simple vista. Está muy bien camuflado con el entorno. Activo el holograma mientras trago saliva, temerosa de las sombras que me rodean.
Sigo avanzando y me fijo en una estructura que me llama la atención, pues es diferente al resto de panteones que nos rodean.
La mayoría tienen formas cuadradas, con estatuas rodeando sus puertas.
Sin embargo, el que atrae mi atención tiene una forma circular.
No la hubiera visto de no haberme fijado, mas ahora tengo claro que en su interior está el laboratorio.
Entonces, siento una mirada clavada en mí y una alarma silenciosa se activa en mi interior.
Mi corazón se salta un latido y la sangre se me hiela en las venas.
Una corriente me recorre la columna con una rabia inusitada.
Doy un paso atrás y trago saliva, intentando en vano que la bola de ansiedad que se ha instalado en mi garganta baje y me deje respirar con normalidad.
Lucho contra la imaginación, que se empeña en proyectar sombras difusas en medio de la semioscuridad.
Quiero caminar, que mis pies hagan crujir el hielo, pero solo consigo quedarme estática como una estatua, mirando con los ojos muy abiertos lo que tengo frente a mí.
No. No es solo que el laboratorio polar se oculte en el centro de un cementerio congelado, es que está protegido.
Hay algo en la noche. Entre la oscuridad. No es alguien. No puede serlo. Porque esta presencia es ominosa y, de algún modo, siento que me percibe como yo a ella. Como si formásemos parte de la misma energía. O eso me grita mi mente o el instinto de supervivencia, no estoy segura.
He venido aquí sin arma alguna.
—Porque yo soy el arma —me recuerdo preparándome para enfrentarme a lo que quiera que sea.
He estudiado el tipo de criaturas que habitan el Desierto Polar. Sin embargo, no sé cómo enfrentarme a ellas, y menos ahora. No estoy preparada para lo que tengo ante mis ojos.
Algo que no está en los libros, ni en los informes de saqueadores; algo que hace que me pregunte: si esto es lo que protege el laboratorio polar, ¿qué hay en su interior que Arno quiere ocultar?