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Izz
Lo único que nos separa de las zonas extremas es el cinturón que rodea Hespéria. Kilómetros de tierra yerma, sin embargo, en los últimos ciclos se han observado anomalías persistentes en la zona. Distorsiones en la señal y presencia de criaturas no registradas.
Se han reportado muertes en centinelas de mantenimiento. Clasificadas. No deben constar en los registros oficiales si queremos evitar el pánico generalizado.
La naturaleza de estas incidencias sugiere una migración temporal de fenómenos propios del Desierto Polar y del Desierto Ígneo. Se desconoce el motivo. Se recomienda no interactuar con mutaciones no identificadas.
Informe clasificado del Proyecto Selene 0082Y
Espero que mis reflejos tengan a los centinelas bien entretenidos durante el tiempo que necesito para llegar hasta las unidades rápidas de transporte, parecidas a los deslizadores, pero con un sistema diferente.
Mientras que los deslizadores son conducidos por personal especializado y tienen una capacidad para seis personas —puedes compartirlos o no según tu nivel adquisitivo—, las unidades rápidas de transporte están automatizadas, con el destino ya programado y su capacidad es de ocho o nueve personas.
Haber hecho uso de mi poder no ha sido lo más acertado, mas al ver el despliegue que ha ordenado Arno contra mí, no he tenido más remedio que crear una distracción, y los reflejos eran la mejor opción.
Tenía contemplada esta posibilidad, aunque no a tanto nivel.
Debe de estar muy preocupado por lo que he robado y... que pueda mostrarlo al resto del mundo.
Atravieso a paso ligero las calles que forman los edificios reflectantes de esta parte de la ciudad, principalmente laboratorios que no conozco de primera mano.
Las avenidas son amplias, por lo que pocos lugares hay donde pueda esconderme.
Quienes me buscan me reconocerán al momento, Arno ya les ha mostrado una imagen mía.
He tenido que dar un rodeo para separarme de mis reflejos, y así atraer a los saqueadores lejos de la estación de unidades rápidas de transporte que conecta Hespéria con la zona norte del cinturón y con el Desierto Polar como destino.
Cuando estoy a punto de alcanzar la estación del norte, lo siento: los reflejos ya no están.
Maldigo para mis adentros. Eso quiere decir que cuento con menos tiempo del que había pensado al crearlos.
Creía que los saqueadores perderían unos preciosos minutos persiguiendo a al menos uno de ellos y luego se centrarían en el otro, pero seguramente los han visto al mismo tiempo —algo que, por otro lado, no me beneficia—, por lo que, si los han tocado o les han disparado, que es lo más probable, habrán desaparecido.
El transporte está a tan solo unos metros, tan cerca que si acelero el paso lo suficiente... Pero me contengo. Soy una ciudadana normal, no una sospechosa huyendo de la ciudad.
El problema es que sí lo soy, me recuerdo. El pulso se me acelera y, con él, también lo hacen los pasos que doy, cada vez más largos, camino del vehículo que me llevará fuera del alcance de Arno y de toda civilización.
Aprieto los dientes cuando subo al transporte, la entrada se activa con un código.
Hago memoria y repaso mis conversaciones con Nyelith.
Solo los empleados del Gobierno y los saqueadores lunares tienen un código que pueden emplear para activar las unidades rápidas.
Recuerdo bien el de mi amiga porque era la fecha de... ¿qué?
—Por todas las auroras, ¿cómo era?
¡Su cumpleaños y su nombre!
Fallo la primera vez por los nervios y mascullo una maldición mientras escucho algo a mi espalda.
—¡Alto ahí!
Una voz grave con un tono imperativo se me clava y el miedo me araña la espalda.
No me vuelvo, sino que marco el código otra vez.
El sonido del seguro de un arma lunar suena atronador en este silencio y se une al zumbido de mis oídos.
La puerta se abre, entro sin mirar atrás y sé que el guardia está corriendo, pero no llega a disparar.
No tengo tiempo, así que me dirijo al panel de control. Solo hay un destino, así que es sencillo que el aparato se ponga en marcha. La puerta activa el seguro y la voz robótica me indica que el destino es el Desierto Polar.
Solo entonces me atrevo a mirar al otro lado de la ventanilla, donde un saqueador lunar me observa estupefacto.
El cabello oscuro está revuelto cayéndole sobre la frente, quizá demasiado largo para formar parte del grupo de saqueadores. No tendrá más de veinticinco o veintiséis años. Nuestros ojos se cruzan y veo algo en su mirada, de un azul tan oscuro que resulta hipnótico, que me hace ponerme en alerta.
Reconocimiento.
Sabe que ha dado con su objetivo.
Se queda frente a mí, con la pistola lunar medio en alto sin llegar a apuntarme.
Si no nos separara un cristal reforzado, con tan solo alargar la mano podría atraparme.
Me sorprende que sea un saqueador lunar y no un centinela.
Ahora entiendo por qué la distracción de los reflejos no ha surtido el efecto que esperaba.
Ningún centinela hubiera roto jamás la formación para perseguir a un segundo objetivo. Así están entrenados.
Sigo perdida en esa mirada que me tiene atrapada. Sin apartar sus ojos de mí, da un paso más y extiende la mano libre. Contengo la respiración. Va a abrir la unidad de transporte.
—No quiero hacerte daño.
Estas palabras no hacen sino confundirme.
«Viva o muerta». Esta fue la orden de Arno. Mas este saqueador ni siquiera ha llegado a disparar, pudiendo haberlo hecho.
Me alejo un paso endureciendo la mirada. Me está engañando para que baje las defensas, a pesar de que todo en él me indica que es sincero.
«No. Es un saqueador lunar al servicio del Alto Comisionado. Entrenados para acabar con las mutaciones. Y, ahora, también conmigo».
La puerta emite un breve aviso de que va a abrirse. Empieza a hacerlo y yo reacciono lo más rápido que me permiten mis piernas; me dirijo al panel de control y examino los mandos hasta dar con el que creo —y espero— que es el que necesito ahora.
—¡No!
Un nuevo sonido me indica que la puerta vuelve a cerrarse con rapidez. En este momento el transporte sale disparado, deslizándose en el aire y provocando una ola que le lanza hacia atrás.
Sigo mirando su silueta, minúscula en la distancia, cuando otros saqueadores se le unen.
No basta con huir. No basta con resistir. Para acabar con Arno, tengo que mostrar quién es. Y para eso necesito llegar al laboratorio polar.