La última luna 7
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Izz

Los fragmentos contienen sustancias que transforman los cuerpos orgánicos.

Se está comprobando en los laboratorios que, además, dependiendo de la procedencia del fragmento, tienen mayor o menor interés orgánico.

El polvo lunar que contiene voltraxita y teraluc es de especial interés.

Los primeros experimentos responden bien al suero lunar creado a partir de estas sustancias, pero hay que estabilizar la mezcla para no perder su humanidad en el proceso.

El sudor me resbala por la columna. Recordándome que queda un minuto de descarga y nueve, según marca el temporizador, para averiguar qué contiene el disco de Arno, dejar el despacho como está y salir de aquí lo más deprisa posible.

Durante este tiempo he pensado mucho en llevarme el disco y arriesgarme, mas no puedo hacer eso. También guardarlo donde lo he encontrado, cerrar el cajón y salir pitando con mi UTP lleno de información que tendré que estudiar.

Sin embargo, la curiosidad es un hueso difícil de roer y el aparato me quema entre los dedos. Apenas emite un pitido mi UTP, los archivos se guardan en su memoria. Introduzco el disco holográfico en la bandeja del reproductor y espero.

No he cerrado los ojos mientras el holograma me envuelve y se traga el despacho entero, pero no me atrevo a mirar alrededor cuando el mundo se vuelve negro y tengo la amarga sensación de haber caído en un truco tan evidente que... Pero no.

Es una reproducción holográfica.

En el laboratorio.

Un peso muy diferente al de los nervios cae como una losa en mi vientre cuando veo ante mí una prueba que se atraganta en mis labios. Que estalla en mi pecho y me hace negar despacio con la cabeza.

Frente a mí está Arno, pero no es... No es la imagen a la que estoy acostumbrada. En realidad, no es la imagen a la que nadie está acostumbrado.

Se le marcan las venas oscuras al otro lado de la piel, también esta se transforma, reluce en forma de escamas.

Y el rostro, con unos ojos inyectados en sangre que no parecen los suyos o, más bien, carecen por completo de humanidad.

Dura apenas unos segundos. Luego la figura se disuelve y me vuelvo a quedar sola en el despacho.

Sé lo que es. Extraigo el disco holográfico con violencia. El temporizador marca cinco minutos. A toda prisa dejo el disco donde estaba y cierro el cajón, apago el reproductor holográfico e intento acallar la voz que grita en mi cabeza.

Arno experimenta consigo mismo.

El Alto Comisionado de Iberion...

Trago saliva.

Porque no tengo tiempo. Arno no tardará en volver.

Y ahora que sé que lo que oculta es más de lo que podría haber imaginado no puedo quedarme de brazos cruzados. Necesito moverme, respirar fuera de estas cuatro paredes.

Salgo a toda prisa, como he entrado, intentando parecer tranquila.

Las cosas parecen tranquilas fuera, en el pasillo impoluto que me recibe o en el silencio que percibo estático a mi alrededor, mas el vello de mi nuca se eriza y un estremecimiento me recorre la columna.

Trago saliva, tratando de controlar los nervios y me dirijo con total soltura hacia el ascensor.

El temporizador termina y me imagino a Arno entrando en el despacho o, con suerte, en la vivienda que se alza en lo alto del edificio.

Puedo imaginarle quitándose el traje manchado de polvo lunar y...

Acude a mí su rostro cubierto de venas oscuras.

La inyección entrando en su sistema y cambiándole por completo.

Salgo del alcance de las cámaras, adentrándome en una estancia en penumbra.

En un despacho que estará vacío varias horas por lo que he podido estudiar.

Apoyo las manos sobre el respaldo de una silla mientras trato de controlar el temblor que me recorre el cuerpo.

No puedo apenas respirar, es poco el oxígeno que logro inhalar en comparación con el que me demandan mis pulmones.

Aprieto los ojos y lo visualizo: un tablero de ajedrez con las fichas preparadas.

Comienza la partida. Primer movimiento. El contrincante responde.

Así, las jugadas se van sucediendo una tras otra en mi cabeza hasta que logro respirar con normalidad y me permito abrir los ojos.

La sala sigue sumida en las sombras que proyecta la aurora boreal. No enciendo las luces, no las necesito, aunque sí activo mi UTP. Necesito comprobar si los archivos que he robado siguen aquí. Si no ha sido una alucinación y de verdad he conseguido mi objetivo.

Las carpetas se abren, flotantes y diligentes frente a mis ojos.

Archivos del laboratorio, del Desierto Polar, también del Desierto Ígneo, pero es el primero el que atrae mi atención en el primer mapa que abro, pues hay varias ubicaciones marcadas con una estrella.

Reconozco fragmentos lunares en dos de ellas, pero... la tercera...

¿Un laboratorio?

Mis sospechas se confirman. Arno ha construido laboratorios secretos. Y tras lo que he visto antes... Si incluso ha usado el Proyecto Selene consigo mismo, ¿qué más nos está ocultando? ¿Hasta dónde es capaz de llegar?

Tengo que salir de aquí. La información que llevo conmigo puede destruirme.

Suenan las alarmas. Tan fuerte que doy un respingo y golpeo sin querer un ordenador holográfico que se activa a mi espalda.

Cuando me vuelvo veo mi propio rostro en grande, observándome.

La chica que me devuelve la mirada lleva el pelo oscuro enmarcándole el rostro y los ojos plateados reflejan una seguridad de la que ahora carezco.

Doy un paso hacia atrás cuando me fijo en las letras que acompañan la imagen.

Es una orden de búsqueda y captura.

«Viva o muerta».