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—¿Ordena... qué? —pregunta Agar entrecerrando los ojos.
—Así es como nuestro amigo le llama a la Unidad Táctil de Proyección. —Oryonse hace un gesto de cabeza en mi dirección.
—¿Es un ordenador de muñeca o no?
Alveron me rodea los hombros y me palmea el pecho.
—Claro que lo es. En el fondo, eres el único que lo llama por lo que es en realidad, aunque deberías modernizarte.
Dada tu posición como saqueador lunar, no deberías ir por ahí poniéndole nombres de mercadillo a la tecnología.
Es como si a las pistolas lunares las llamaras «linternasbrillibrilliasesinas».
—Pongo los ojos en blanco ante las palabras de mi amigo—. A ver, repite conmigo: UTP.
—Ordenador de muñeca —digo vocalizando mucho igual que ha hecho él con las siglas.
Antes de que pueda responder me voy a la barra a por cinco vasos llenos de un líquido turquesa brillante, la bebida típica de Noche Estrellada, el local de moda en el núcleo. La camarera me dedica una de sus sensuales sonrisas y sirve lo que le he pedido contoneando las caderas.
—Hacía tiempo que no venías a verme.
Se ha acercado tanto a mí para que pueda escucharla que sus labios me rozan la oreja. Le dedico una sonrisa ladeada mientras cojo tres de los vasos.
—Ya llevo yo los demás.
Sale de detrás de la barra asegurándose de que mis ojos no se pierdan el profundo escote de su espalda. Tras dejar todo sobre la mesa, pone una mano sobre la mía. Me limito a darle las gracias y cojo uno de los vasos.
—¿Otra pobre desgraciada que ha caído ante tus dudosos encantos? —Alveron alza una ceja, mirándome.
—Lo dices como si tuviera detrás de mí a media Hespéria.
Alveron se pone a enumerar nombres que me resultan familiares, pero dejo de escucharle a la quinta —que, además, creo que se ha inventado—. Me llevo la copa a los labios sin compartir el brindis con los demás, que se quejan de mi impaciencia.
—Hacía semanas que no tomaba esta mierda.
Me relamo con gusto antes de dar otro sorbo.
—Es lunís, Nil. ¿Tanto te cuesta hablar bien? —me pregunta Tiksi.
—¿Cómo dijiste que se llamaba originalmente? —inquiero ignorándola deliberadamente.
Alveron se revuelve el pelo y se mira las uñas haciéndose el interesante.
—Anís. Aunque no se hace igual, pero según he leído el sabor es bastante parecido.
Se hace el silencio, tan solo roto por la música que suena de fondo.
En Noche Estrellada no solo recrean el firmamento con sus astros, sino también épocas pasadas: bebidas, música que se ha podido recuperar e incluso historias reescritas por aquellos que las leyeron y quisieron darles vida para las futuras generaciones —y que yo iba a llevar a mi biblioteca—.
Así, en Noche Estrellada hay libros que no se pueden ver en otro lugar.
—¿Cuándo son las próximas pruebas para saqueador lunar? —pregunta Tiksi, cambiando de tema.
—¿Por qué? ¿Es que quieres unirte a nosotros? —Oryonse levanta las cejas repetidas veces.
—Ni loca. Anoche mi hermano nos confesó que le gustaría entrar en la academia... —Suelta un suspiro—. No lo esperábamos.
Ser saqueador lunar está muy bien valorado por la sociedad, pero es muy peligroso, las familias no siempre lo aprueban. Como mi madre.
—Creo que este año no las harán hasta marzo —respondo.
—¿En serio? —La joven sonríe—. ¡Bien! Luksi cumple los dieciocho en abril.
—¿No puedes presentarte si cumples los dieciocho el mismo año de las pruebas?
Mientras Oryonse contesta con una negativa, intercambio una mirada cómplice con Alveron, pues yo me presenté a las pruebas sin haberlos cumplido, cortesía de mi pirata informático favorito, que cambió mi mes de nacimiento.
Así, aunque nací en noviembre, oficialmente lo hice en febrero.
Algo que mis padres desconocen por el momento y espero que así siga siendo.
Bebo hasta terminar el lunís y voy a por otra copa.
Nadie me pide otra ronda, todavía les queda la mitad.
Cuando regreso, aunque apenas han pasado unos pocos minutos, la conversación ha dado un giro de ciento ochenta grados, pues están hablando de los laboratorios y los experimentos de bioingeniería lunar de Lizara, la hija del alto comisionado de Iberion.
Pongo los ojos en blanco al escuchar las teorías conspiranoicas de Agar.
—¿Acaso hay pruebas de lo que hacen en esos laboratorios?
—Cada semana —Alveron recalca ambas palabras con retintín— comparten un informe detallado en el que se pueden constatar los datos. Además de vídeos donde tú mismo puedes ver lo que hacen.
—Todo menos a Lizara Raven —apunta Agar.
—Es que la hija del Alto Comisionado no tiene contacto con el exterior por seguridad. Solo unos pocos la han visto en persona —dice Tiksi.
—¿Y si no existe? Arno nos oculta información, ¿no os habéis parado a pensarlo?
Todos ríen salvo Tiksi, que le reprende por no tratar al Alto Comisionado con respeto.
Yo me limito a beber, pues mi opinión no se aleja tanto de la de mi amigo.
Y esto me lleva a preguntarme, ¿quién es Lizara Raven además de una científica reputada y la hija del Alto Comisionado de Iberion? ¿Existirá acaso...? Sacudo la cabeza.
—La mantiene oculta por Nevrast. —Miramos a Alveron—. Es obvio, ¿no? Ya ha pasado antes con Eubea Landina, la antecesora de Arno Raven. Nevrast se aprovechó de la información pública sobre su familia para amenazarla y acabar con ella.
—¿Y por qué no sale en ninguna grabación de eventos públicos? —pregunto.
—Los vídeos se pueden manipular. Así la protege y nos oculta lo que no quiere que sepamos —insiste Agar, alentado por mi intervención.
—Eres un paranoico. ¿Qué podría querer ocultarnos el Alto Comisionado? Te recuerdo que fue Arno Raven quien trajo la energía al núcleo.
Cuando fue nombrado Alto Comisionado, una de las primeras medidas de Arno Raven fue, como dice Tiksi, traer aquí algo de la energía de la que gozaban el resto de anillos —pues en el núcleo no había entonces—, junto con unos horarios para que todos tuvieran acceso diario a ella.
—Los vídeos se pueden manipular —repito, todavía sumido en mis pensamientos.
Agar se inclina hacia mí, como si esperara que confirmara sus sospechas.
Yo solo pienso en el vídeo de antes, el que vimos en el seminario. En ese corte. En ese grito. En la reacción del teniente Stravic. Y en lo que podría significar.
—Oh, no. ¿Tú también? —Tiksi resopla con desesperación.
—¿Eh? No, no. Es que... ¿Cómo se podría ver que un vídeo ha sido manipulado? —Me dirijo exclusivamente a Alveron.
—No siempre se aprecia a simple vista, pero a veces hay pistas como cortes repentinos, sonidos que no forman parte de las imágenes, algún efecto visual que no debería estar ahí... Sin embargo, no es tan fácil de detectar, ya te lo digo.
—¿Por qué lo preguntas? —inquiere Agar con ojos sedientos de alimentar sus ideas.
—En los vídeos de misiones que nos han puesto hoy... —Miro a Oryonse—. ¿No te has fijado en el último? Ha terminado de una forma rara, no sé. No me ha parecido normal. Ha habido un corte repentino y un sonido que «no formaba parte de las imágenes» —repito las palabras del informático.
Se hace el silencio entre ellos, todos miramos a Oryonse con expectación.
—Sí, yo también me he fijado. No lo he pensado en ese momento, pero... si lo que dice Alveron es cierto... Sí parecía un vídeo manipulado —sentencia mi compañero.
—Y no es la primera vez —me animo—. Todos hemos visto en más de una ocasión cortes donde no debería haberlos. Sonidos extraños y...
—Para el carro —Oryonse me pone una mano en el antebrazo—, hay muchas razones para manipular un vídeo, no tiene por qué ser fruto de una conspiración. El Gobierno quiere protegernos.
—¿De la verdad? —insisto.
—La vida no es en blanco y negro, tío. Puede haber una muerte sangrienta, un...
Suelto una carcajada irónica.
—Claro. Ahora quieren proteger a los saqueadores de un poco de sangre. Abre los ojos, Oryonse.
—No, Nil, tú eres el que tiene que abrirlos. Tienes que dejar de hacer... eso.
Agar se ha adelantado hacia mí, expectante, y el resto de mis amigos nos evalúan con interés.
—Tú también lo has visto —me encaro con mi compañero.
Este sopesa su respuesta. Casi puedo ver la lucha dentro de su cabeza y solo esa duda me da la respuesta: claro que lo ha visto.
—Recuerda la primera norma del reglamento, Nil —me susurra.
—Mi hermano...
—Murió. Como tantos otros saqueadores. No sobrevivirás si sigues obsesionado con eso.
Quiero responder, pero me he quedado sin habla. Si mi propio compañero no va a aceptar lo que se oculta en el reglamento, en las expediciones o en lo que sea que haya en las zonas extremas, tendré que seguir solo con esto.
Alveron no pierde detalle de lo que decimos. Y, si alguien puede ayudarme a averiguar la verdad de las misiones, es el pirata informático más hábil de Hespéria: mi mejor amigo.