Capítulo 36
Capítulo Treinta Y Seis
RIA
V einticuatro horas después, sigo conmocionada por la reaparición de Grayson y su sorprendente confesión.
Mi exmarido nos dejó hace cinco años porque, según él, corríamos peligro.
Me enfurece que entonces no confiara en mí lo bastante como para contármelo. Podríamos haberlo hablado. Podríamos haber encontrado una solución. Podríamos haber hecho muchas cosas… como el equipo que éramos.
Creía que lo había superado hacía tiempo, pero verlo anoche desmontó esa idea de un plumazo, porque Grayson Parker sigue siendo tan atractivo como siempre.
No solo en el plano físico, sino a un nivel más profundo, ese mismo que me atrajo de él desde el principio.
Y ahora que sé que no es el degenerado que suponía…
Después de que se fuera anoche, estudié aquella horrible foto suya en el trío y me sentí una completa idiota.
La habían manipulado digitalmente, tal como había dicho, pero cuando se marchó yo estaba demasiado destrozada para examinarla con atención.
Tampoco había querido hacerlo; me bastó una mirada a aquella imagen sórdida para tener más que suficiente.
No es que descubrir el montaje lo hubiera cambiado todo. Lo habría despreciado de todos modos por abandonarnos sin dar explicaciones. Y por mantenerse al margen durante cinco largos años sin decir una sola palabra.
Debería odiarlo por todo lo que nos hizo pasar a Shelby y a mí.
Pero no lo odio.
No he vuelto a saber de él, salvo por un escueto correo en el que decía que «está investigándolo».
Resulta desquiciante que aún no haya descubierto nada.
Hoy me he reunido con Lars y le he pedido que revise a fondo mi portátil y ejecute programas de alta seguridad para asegurarse de que mis medidas de protección estén al día.
Si Grayson pirateó mi ordenador, es posible que la portátil también sea vulnerable, y detesto pensar que alguien pueda acceder a ella.
Absorta en mis pensamientos, casi me paso el desvío hacia mi calle.
No suelo ir andando, pero hoy necesitaba despejarme, así que May ha recogido a Shelby del colegio y me espera en casa.
El crepúsculo tiñe el cielo de violeta mientras las luces de Melbourne proyectan su resplandor sobre el horizonte.
Me encanta este momento del día en el bohemio barrio de Brunswick.
Suena mi teléfono y lo saco del bolso. Miro la pantalla: es Shamira. Estoy a punto de contestar cuando oigo una pisada a mi espalda. No está cerca, pero sí lo bastante como para ponerme en alerta.
Miro por encima del hombro y no veo más que sombras.
En circunstancias normales no me inquietaría; he recorrido estas calles incontables veces al anochecer o bien entrada la noche, por lo general con Shelby, cuando volvemos de cenar en nuestro café vegano favorito o de tomar el mejor helado del barrio.
Pero esos correos amenazantes me tienen en tensión.
Me sacudo el temor y respondo a la llamada.
—Hola, Shamira, ¿cómo te encuentras?
—Mucho mejor, gracias. ¿Estás en casa?
—A unas dos manzanas.
—Ah, bien. —Hace una pausa antes de atropellarse en el habla—. Mira, seguramente no sea nada y no quiero asustarte, pero creo que alguien podría estar atacando a la familia y tienes que andarte con ojo.
Se me corta la respiración, pero fuerzo un tono calmado. —¿Ha pasado algo más?
Vuelve a titubear y la oigo suspirar levemente. —Esto es confidencial porque ella no quiere que nadie más se entere de sus asuntos, pero anoche Christine apareció en mi puerta hecha polvo. Había salido a comprar droga a la vuelta de la esquina y un camello la atacó.
Tengo que fingir sorpresa; de lo contrario, Shamira me preguntará cómo sé lo de la adicción de Christine y todavía no quiero revelar el contenido de esos correos.
—Qué horror. ¿Está bien?
—Sí, pero está llena de moratones, así que anoche se quedó aquí porque no quiere más sermones de May y ha pospuesto su ingreso en rehabilitación.
Lo raro es que el tipo que le dio la paliza no le robó nada y me da que iba a por ella a propósito.
Y, si es así, todas las mujeres de esta familia han sufrido algún percance excepto tú.
Mientras asimilo las implicaciones de lo que acaba de decir, vuelvo a oírlo. Una pisada. Y otra. Hay alguien detrás de mí. Lanzo una mirada rápida por encima del hombro. Vislumbro una sombra…
Se me hiela la sangre. Acelero el paso sin llegar a echar a correr, mientras un subidón de adrenalina hace que el corazón me martillee contra el pecho.
Shamira confunde mi silencio con incredulidad. —Mira, podría estar equivocada, pero creía que debía avisarte…
—Creo que me están siguiendo. —Veo la luz del salón derramarse sobre el jardín. May ha olvidado bajar las persianas. Ya se lo señalaré luego, porque concentrarme en esa luz y en lo cerca que estoy me da las fuerzas que necesito.
—Ria, esto va en serio. —Se hace el silencio al otro lado.
No quiero volver a girarme. Me dirijo en línea recta a la puerta principal y me abalanzo sobre ella, aliviada cuando se abre casi de inmediato.
May me observa con franca curiosidad según entro dando tumbos.
—Cierra la puerta —digo, bajando la voz a duras penas.
—¿Estás bien…? —pregunta May justo cuando Shamira me grita al oído—: ¿Estás en casa?
May me mira desconcertada, así que me apresuro a contestar: —Gracias, Shamira, ya estoy dentro y estoy bien.
La oigo suspirar con alivio. —Por favor, tómate en serio lo que te digo.
—Lo haré. —Cuelgo, pero sigo aferrada al teléfono.
Dejo el maletín del portátil junto a la puerta principal y apago las luces del salón antes de acercarme a la ventana.
—¿Qué ocurre? —pregunta May, perpleja, mirándome como si hubiera perdido el juicio.
—Hay que bajar esto —digo mientras tiro del cordón de las persianas y escudriño la calle. Solo veo a un corredor: estatura media, sudadera oscura con capucha, pantalones de chándal… Nada sospechoso a simple vista.
—Ria, ¿qué ha pasado…?
—Creía que alguien me seguía. —Bajo la voz y me llevo un dedo a los labios—. No quiero asustar a Shelby.
—Comprendo.
Su tono es seco y me pregunto, aunque tarde, si ha sido buena idea contárselo. Nada altera a May. Es completamente imperturbable; si hasta cuando aquel ciclista la arrolló se lo tomó con una calma pasmosa.
—¿Estás segura de que te seguían?
Y, de golpe, decido dar un paso atrás. May es demasiado pragmática para concebir que alguien pueda estar atacando a la familia. Aunque esos correos solo destapaban los secretos de Ashlin, Shamira y Christine, parece evidente que todas estamos en la diana.
Además, no puedo sostener mi teoría sin revelar cómo sé lo que sé, de modo que respiro hondo varias veces esperando a que el pulso recupere su ritmo.
—Quizá hayan sido cosas mías. —Me guardo el teléfono en el bolsillo; tras el susto, necesito sentir que lo llevo encima—. Voy a asearme un momento y salgo a ver a Shelby. ¿De acuerdo?
May asiente. —Ha hecho los deberes, se ha duchado y ha cenado.
No le pregunto qué ha cenado. May habrá traído alguno de los tuppers de su chef, repleto de nutrientes y proteínas.
—Gracias, no tardo.
Sin embargo, en cuanto entro en el dormitorio y cierro la puerta, la descarga de adrenalina se disipa y llego a la cama justo a tiempo antes de venirme abajo.
Algo va mal. ¿Tendrá lo que acaba de pasarme alguna relación con la reaparición de Grayson y su vaga explicación sobre las amenazas que recibió años atrás, asegurando que el peligro se dirigía hacia mí?
No encajo las piezas. Me duele la cabeza y me siento expuesta.
Detesto admitirlo, pero necesito volver a ver a Grayson.
Necesito que me explique por qué podría estar en peligro y si es esa la verdadera razón de su regreso.
Lo necesito a él … Es una locura; durante los últimos cinco años he sido ferozmente independiente por pura supervivencia, pero tenerlo de vuelta en Melbourne, supuestamente porque se preocupa por mí, me vuelve extrañamente vulnerable.
May no lo ha mencionado cuando la he llamado antes para pedirle que recogiera a Shelby.
Tampoco me extraña. Vio lo destruida que quedé cuando Grayson se marchó y, si algo caracteriza a May, es su saber estar.
Cuando él se fue, me dejó muy claro que el comportamiento irresponsable de su hijo le parecía intolerable y estuvo a mi lado sin fisuras.
Pero ¿por qué Grayson se aloja con ella si tanto me apoya?
¿No debería haberle exigido que se fuera a otra parte?
¿Y si May no es tan de fiar como he asumido durante todos estos años?
Aunque, pensándolo bien, puede que el susto me esté haciendo sospechar de todo el mundo. May facilitó las cosas durante el divorcio y se desvivió por hacerme sentir parte de la familia Parker. Algo que, vistos los últimos acontecimientos, no resulta tan gratificante.
Me levanto, agradecida de que me haya vuelto el equilibrio, y me acerco a la puerta. La entornas un poco y descubro que May sigue en el salón, observando la oscuridad a través de la rendija.
—May, ¿Grayson se queda contigo?
Da un respingo como si la hubiera sobresaltado antes de volverse hacia mí.
—Sí. Dice que será cuestión de pocos días.
—Un rubor incómodo le sube a las mejillas—.
Sigo sin pasar por alto cómo os trató a Shelby y a ti.
No se lo perdonaré nunca, pero es mi hijo y, cuando me pidió quedarse unos días, no pude negarme.
—No te preocupes…
—También me contó que fue a verte.
Es su madre y es lógico que sienta curiosidad, pero no tengo la menor intención de entrar en detalles con ella.
Asiento. —Fue una conversación cordial, pero, al igual que tú, no puedo perdonarlo. Aunque sí necesito aclarar un par de cosas con él. ¿Te importa quedarte unas horas más?
Abre la boca como si fuera a añadir algo y la vuelve a cerrar. Lo prefiero; no tengo cuerpo para justificar por qué me urge tanto ver a su hijo esta noche. —Sí, me quedo.
—Gracias, lo llamo y me voy ensevida.
Asiente y se da la vuelta, no sin que antes note el rictus de desagrado que le tuerce la boca.
No lo entiendo. ¿Le molesta que me digne a hablar con el hombre que me abandonó, como si eso me hiciese quedar de ingenua?
¿O es decepción con su hijo, una rabia contenida que aflora cada vez que alguien lo nombra, algo que apenas ocurre ya?
Cierro la puerta y saco el teléfono del bolsillo.
Marco la velocidad rápida número uno, el fijo de casa de May, y espero.
Siempre me indignó no tener forma de contactar con Grayson tras su huida en caso de que ocurriera una emergencia con Shelby.
Hasta que entendí que, si le importásemos lo más mínimo, nos habría dejado su nuevo número, y comprender eso fue el golpe de realidad definitivo.
¿Estoy siendo una cándida al creerme la milonga de que se metió donde no debía y se marchó para protegernos?
Grayson trabajaba en Parker Partnership. ¿Qué demonios pudo haber descubierto? Odio esta sensación de descontrol. Los nervios hacen que me suden las manos, exactamente igual que cuando nos conocíamos y lo llamaba por teléfono.
Por aquel entonces, la opulencia de su familia me intimidaba y me faltaba aplomo. Hoy soy una mujer muy distinta, pero hace un abismo que no llamo a Grayson. El contestador salta al séptimo tono.
Contrariada, le dejo un recado breve pidiéndole que me devuelva la llamada y cuelgo. Diez segundos después, el teléfono suena con el mismo número en pantalla.
—¿Grayson?
—Sí. —Su voz grave provoca un chispazo en mis neuronas, como siempre—. Siento no haberlo cogido. Estoy manteniendo un perfil bajo hasta descubrir quién anda detrás de esto, así que he preferido escuchar primero el mensaje.
—¿Un poco paranoico, no te parece? —murmuro, odiando que su risa contenida me haga apretar el auricular contra la oreja, como si buscase acortar la distancia.
—¿Va todo bien? —El tono se le suaviza como antaño, como si reservara un matiz exclusivo para mí, y maldigo para mis adentros la reacción traicionera de mi cuerpo, la pulsión eléctrica que me recorre la piel.
—Sí, pero tenemos que hablar. —Me sale tajante porque estoy más enfadada conmigo misma que con él.
—Claro, ¿cuándo?
No lo quiero en mi casa, no con la posibilidad de que Shelby lo vea. Mi hija tardó años en dejar de preguntar por su padre y no voy a trastocar su mundo si él solo va a estar de paso un par de días.
Moralmente está mal privarlo de verla, pero seré yo quien recoja los pedazos cuando vuelva a romperle el corazón, y no pienso permitirlo.
—Paso por tu casa dentro de una hora, ¿te va bien?
Podría haberle dicho media hora, pero quiero dedicarle un rato a mi hija; y darme una ducha, más por sacudirme la tensión que por coquetería.
—Nos vemos luego.
Cuelgo antes de caer en la tentación de alargar la llamada como hacía antes. Su voz profunda siempre ha tenido un efecto magnético, y me doy un pellizco mental para no ponerme a rememorar. Abro la puerta y esta vez encuentro a May en el sofá, hojeando una revista.
—Voy a ducharme, a estar un rato con Shel y luego me acerco a ver a Grayson.
Lo suelto con cierta distancia, casi desafiándola a poner pegas. Ella se limita a asentir. —Muy bien, cielo.
Pero no está nada bien. Porque mientras me desvisto a toda prisa y me meto bajo el agua hirviendo, no puedo sacarme de la cabeza la idea de que estoy cometiendo un error monumental.
Necesito la ayuda de Grayson. Pero si lo que dijo sobre los motivos de su marcha es verdad, ¿hasta qué punto está conectado él con lo que le está pasando a nuestra familia?