La última esposa Capítulo 35 #2
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Capítulo 35 #2

Emite un sonido desdeñoso y un pequeño ceño le surca la frente.

—Justin es un narcisista egoísta y egocéntrico. Lo único que le importa es la Parker Partnership. Creo que haría cualquier cosa por conservar la fortuna familiar. Puede que Ashlin sea una bruja, pero no sé cómo consigue vivir con él.

—Ya no. —Las palabras se me escapan y me arrepiento al instante. Lo último que quiero es hablar de nada relacionado con Ashlin.

Christine alza las cejas, sorprendida. —¿Sabes que se han separado?

Asiento, con la esperanza de que no me pregunte cómo. No quiero revelar que visité a Ashlin en el hospital ni el motivo. — Hace mucho que no parecían felices, así que creo que esto es lo mejor para los dos.

—¿Con qué frecuencia los ves? —Inclina ligeramente la cabeza hacia un lado mientras me estudia con abierta curiosidad. Mierda.

—Cada tres o cuatro semanas, dependiendo de la frecuencia con que May nos convoque para mantener la apariencia de una gran familia feliz. —Odio las reuniones de los Parker, pero pongo buena cara por Trent, a quien le encanta ver a su familia—. Puede ser muy persuasiva.

Christine hace una mueca, y esta vez no es de dolor. —¿Por qué crees que me mudé a Sídney en cuanto pude después de cumplir los dieciocho? Estaba deseando alejarme de ella.

Me resulta incómodo hablar de su madre, desleal en cierto modo, aunque no tengo la menor confianza con May. Tengo la impresión de que nunca acabará de aceptarme, a pesar de que llevo años casada con su hijo.

—Siempre me ha aceptado —me siento obligada a decir—. A pesar del lugar en el que crecí, nunca me ha hecho sentir inferior.

—Eso es porque sabe que es superior a todo el mundo.

—Christine suspira e intenta estirarse con cuidado antes de desplomarse de nuevo sobre los cojines—.

Sé que lo que digo suena horrible, pero así es mamá.

Quiere a los demás de cara a la galería e intenta ayudarlos si eso afecta a la empresa.

Solo le importa preservar el prestigio del apellido familiar.

Le hago la pregunta evidente. —¿Por qué te quedaste después de su fiesta de cumpleaños si piensas así?

Se encoge de hombros y vuelve a hacer una mueca de dolor; hace rodar los hombros con suavidad unas cuantas veces hasta que la expresión se le relaja.

—No lo sé. Nunca me pide que me quede, así que, cuando me lo pidió esta vez, lo hice.

—Niega con la cabeza—. Pensé que quizá las cosas serían diferentes, pero quiere internarme en rehabilitación para poder controlar un problema que no ha sido capaz de resolver.

—Es tu madre —digo como si eso lo explicara todo, aunque no puedo imaginarme viviendo bajo el mismo techo que May.

Christine tiene razón. May es dominante y autoritaria, y siempre necesita tener la última palabra. Supongo que crecer siendo rica le hace eso a una persona.

Cuando al principio elegí a Trent como objetivo e investigué a la familia Parker, descubrí que May había sido una heredera y ya era rica por derecho propio antes de casarse con Percival Parker, y se nota. May posee un aire de superioridad que no se puede comprar por mucho dinero que se tenga.

—Esto no le va a gustar. —Christine señala su rostro amoratado—. Me echará una bronca de proporciones épicas.

Quiero señalar que tiene cuarenta y cuatro años y no tiene que rendir cuentas a nadie, pero no lo hago.

—¿Quieres pasar aquí la noche? Trent se marchará temprano mañana y estará fuera una noche, así que no tendrás que verlo.

Puedes ducharte ahora, tomarme prestado algo de ropa y, por la mañana, haré un trabajo de maquillaje espectacular para que May no te bombardee a preguntas.

Tengo una mezcla excelente de aceites esenciales que reduce los hematomas como ninguna otra.

Se anima visiblemente y desaparece la tensión que le arrugaba la frente. —Gracias, sería estupendo. Le enviaré un mensaje diciendo que decidí pasarme para ver cómo estabas y que al final me quedé, ¿te parece?

Una mentira descarada, pero ¿quién soy yo para hablar?

—Claro, adelante. Dejaré una toalla en el baño y ropa en la habitación de invitados.

Me levanto y me tambaleo un poco, todavía bajo los efectos de lo que fuera que ingerí anoche. Algo me ronda por los límites de la conciencia, algo que quería preguntarle a Christine... La observo mientras se esfuerza por incorporarse y recuerdo qué es.

—¿No te robaron?

—No, lo cual es raro, porque ¿por qué iba a darme una paliza si no?

—¿Cómo elegiste a ese camello?

—En realidad, el camello me eligió a mí. En cuanto entré en el callejón buscando al antiguo grupo, me estampó contra una pared y me dio una paliza.

Mi sospecha, hasta entonces apenas esbozada, empieza a tomar una forma desagradable. —¿Cómo escapaste?

El miedo le deforma el rostro antes de que se pase una mano por él. —Se limitó a marcharse. —Christine se arrastra hasta el extremo del sofá y se pone en pie con dificultad—. Ahora me vendría de maravilla esa ducha.

Está avergonzada, así que dejo el tema, a pesar de la vaga sensación de que hay algo que no encaja en lo ocurrido con su agresión.

—¿Necesitas ayuda?

—Estaré bien. —Su sonrisa es vacilante—.

Te agradezco muchísimo todo esto. Me has apoyado de una forma increíble y no sé cómo darte las gracias.

—La sonrisa le llega a los ojos—. Quizá, cuando consiga poner mis ideas en orden, podríamos quedar.

¿Conocernos más allá de las visitas obligatorias a los Parker que mamá nos hace soportar?

Contenta de que por fin hayamos congeniado —¿después de cuántos años?—, asiento. —Me gustaría.

Aunque su gratitud me da esperanzas, me pregunto si me apoyará de la misma manera cuando se lo revele todo. Lo dudo.

Si le cuento a Trent toda la verdad, dudo que ninguno de ellos vuelva a hablarme.