La última esposa Capítulo 27
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Capítulo 27

Capítulo Veintisiete

MAY

—¿ E stás cómoda? ¿Puedo traerte algo? —Ria sigue revoloteando a mi alrededor, pese a que le he dicho varias veces durante el trayecto y a lo largo de la última media hora en la tienda de Shamira que estoy bien.

No me gusta que la gente esté encima de mí y Ria se ha mostrado más que atenta conmigo mientras ignoraba a Justin.

No tengo ni idea de qué pasa entre esos dos, pero Justin parece excepcionalmente relajado cuando está con Ria, mientras que ella se muestra distante y nerviosa.

Debería alegrarme de que Ria no sea tan desinhibida y amoral como Ashlin y de que, evidentemente, mantenga las distancias con Justin debido a su reciente separación, pero uno de estos días hablaré tranquilamente con ella y le haré saber que vería con buenos ojos una posible relación con mi hijo mayor en un futuro lejano.

—Ve a relacionarte con la gente, estoy bien.

—Hago un gesto para que se marche, satisfecha de quedarme sola en un taburete detrás del mostrador, donde puedo descansar y observar en paz.

Descansar porque la muñeca continúa palpitándome pese a los analgésicos que me he tomado y observar porque algo no va bien con Shamira.

Mi nuera suele estar en su elemento cuando lanza un producto nuevo, feliz en un entorno que adora, radiante al convertirse en el centro de atención.

Esta noche no. Desde que he entrado con Ria y Justin, he sabido que algo no va bien. Para empezar, Trent no revolotea alrededor de su mujer como de costumbre y Shamira luce una palidez que le da un aspecto enfermizo.

Es evidente que han discutido y suspiro.

No podría estar más contenta de que Justin haya dejado a Ashlin, pero Shamira me cae bien.

Ese espíritu libre le viene bien a mi hijo más sensible.

Además, con Grayson echando a perder su matrimonio con Ria, Justin a punto de divorciarse y Christine perpetuamente soltera, quiero que haya al menos una unión que funcione en esta familia.

Observo a Shamira desplazarse entre la multitud, ofreciendo diminutos vasos de chupito con algún espantoso brebaje verde que ha preparado para la salud intestinal.

Yo prefiero tomarme un whisky de malta doble solo antes de cenar todos los días para mantener sano el intestino, pero me guardaré esa perla para mí.

Shamira sonríe, aunque la sonrisa no le llega a los ojos, y su mirada recorre sin cesar la sala en busca de Trent, que parece encantado de hablar con todo el mundo menos con su mujer.

Sin duda han discutido, algo poco habitual entre ellos. Espero que lo solucionen pronto. Alzo el brazo sano para llamar la atención de Shamira, pero mi nuera no me ve. Está recorriendo la sala y acaparando la atención como toda mujer Parker que se precie.

El público es ecléctico: una combinación de miembros de la élite de Melbourne, dispuestos a pagar lo que sea por la última moda en salud, y vecinos de la zona con holgadas camisetas de estampado tie-dye sobre mallas de colores chillones.

Shamira habla con todos, pero sus conversaciones son breves y sus sonrisas forzadas; me doy cuenta.

Cuando se produce un breve momento de calma, corre hacia una mesa situada al fondo, donde ha colocado varias botellas para rellenar los vasos de chupito.

La observo verter un líquido negro en los vasos antes de agacharse hacia el lugar donde guarda sus reservas personales.

Shamira rara vez enferma y lo atribuye con orgullo a sus remedios caseros, de los que bebe tragos a distintas horas del día.

Personalmente, a juzgar por su aspecto y su olor, preferiría beber cualquier otra cosa antes que los brebajes de Shamira, pero, si mantienen sana a mi nuera, ¿quién soy yo para juzgar?

Shamira destapa una botella plateada, su favorita. Nadie la toca, ni siquiera Trent. Dice que es su elixir mágico de la juventud. Desde que me pidió que probara una muestra y me negué, pienso que apesta a hierba cortada mezclada con fertilizante.

Shamira da varios sorbos y arruga la nariz antes de vaciarse la botella entera en la garganta.

Hace una mueca y reprimo una sonrisa. Esa porquería repugnante sabe, evidentemente, tan mal como huele.

Shamira se endereza y continúa llenando los vasos restantes.

Esa chica trabaja demasiado. Vuelvo a hacerle señas para llamar su atención, pero Shamira recoge la bandeja llena de vasos y da un paso antes de tambalearse, tropezar y recuperar el equilibrio.

Algo va mal y me pongo en pie, dispuesta a ayudar. Pero observo, impotente, cómo Shamira avanza unos pasos dando tumbos, como a cámara lenta, antes de desplomarse en el suelo.

Grito, pero el estrépito de los vasos ya ha llamado la atención de todos. Ria y Justin están cerca y se arrodillan junto a Shamira para comprobarle el pulso y la respiración.

Me acerco a grandes zancadas, extendiendo el brazo sano para abrirme paso entre la multitud que se arremolina. —Dejadle espacio —bramo, agitando el brazo mientras maldigo las punzadas del otro, sujeto por ese molesto cabestrillo. Me arrodillo junto a Ria—. ¿Está bien?

La mirada angustiada de Ria se clava en Justin. —Llama a una ambulancia. Ya.

Retrocedo al ver a Trent abriéndose paso entre la multitud, con los ojos desorbitados.

—¿Dónde está mi mujer?

Intento posar una mano reconfortante en su brazo, pero él se la sacude, desolado al descubrir a Shamira tendida e inconsciente en el suelo.

—¿Qué demonios ha pasado? —Se arrodilla junto a ella con lágrimas en los ojos y le agarra la mano inerte.

Como nadie responde, me siento obligada a contar lo que he visto. —Ha bebido uno de sus brebajes y, unos segundos después, se ha desplomado.

—Siempre he dicho que esas cosas saludables acabarán matándote —dice Justin. Su pobre intento de hacer una gracia le vale una mirada fulminante de Trent y un gesto de desaprobación de Ria.

Justin hace una mueca. —Lo siento, no quería decirlo así. —Apoya una mano en el hombro de su hermano—. Se pondrá bien. Seguramente está agotada y se ha desmayado.

Me doy la vuelta antes de soltar algo que no debería.

Como que esta es la tercera vez que una desgracia se abate sobre una de las mujeres de esta familia y que, desde luego, no hay dos sin tres.