Capítulo 26
Capítulo Veintiséis
RIA
A Shelby le entusiasma la idea de pasar un rato con sus primas esta tarde, y yo me siento aliviada.
Por mucho que quiera a mi hija, hasta en el mejor de los casos se muestra demasiado efusiva en la tienda de Shamira, y no quiero que nada arruine el lanzamiento de mi cuñada esta noche.
Shamira está muy vulnerable. Nunca la había visto tan derrotada como el otro día en su tienda.
También supongo que aún no le ha contado a Trent la verdad sobre su pasado porque, si lo hubiera hecho, dudo que el evento siguiera adelante.
Aunque no me contó qué había hecho para sobrevivir en el pasado, puedo imaginármelo.
Crecí en el sistema de acogida, pasando de un hogar a otro, y vi de sobra lo que algunas personas hacen para llegar a fin de mes.
Yo fui una de las afortunadas: durante mi adolescencia acabé con una pareja mayor y me quedé con ellos hasta que conocí a Grayson.
Pero otros menores de acogida no tuvieron tanta suerte, atrapados en un sistema que no favorecía a nadie. Algunos acabaron en la calle, haciendo lo que fuera necesario para salir adelante.
Es curioso que su pasado no apareciera en aquel correo y, sin embargo, sí lo hiciera su indiscreción más reciente. Claro que los historiales médicos son irrefutables, mientras que no habría pruebas sólidas de su vida anterior: transacciones en efectivo y hombres que no querían ser identificados.
Lo que quiero saber es cómo se enteró Ashlin. Contratar a un detective privado para sacar trapos sucios de su propia familia sería la clase de jugarreta que haría ella. Pero quienquiera que me enviase aquellos correos también tenía información comprometedora sobre Ashlin.
Todo este embrollo tan enrevesado me da dolor de cabeza y, mientras esperamos a que se abra la puerta de casa de May, confío en poder olvidarme de todo este desastre durante unas horas esta noche. Para mi sorpresa, Justin abre la puerta, y mi estúpido corazón da un brinco traicionero.
—¿Cómo están dos de mis mujeres favoritas del mundo? —Hace una ridícula reverencia y Shelby se ríe.
—Tío Justin, Jessie y Ellen son tus dos chicas favoritas.
Me fijo en que no incluye a Ashlin. Mi hija es lista y seguramente haya captado la actitud que desprende su tía, por mucho que yo haya intentado protegerla de ella.
—Claro que sí, pero puedo tener un montón de favoritas. —Se agacha para abrazar a Shelby y se me forma un nudo inesperado en la garganta.
Justin es un buen hombre.
Y está totalmente fuera de mi alcance.
Nuestras miradas se encuentran por encima de la cabeza de Shelby y veo algo en sus ojos serenos que me impulsa a dar media vuelta y echar a correr antes de adentrarnos aún más en esta relación prohibida.
—Las niñas te esperan dentro. —Suelta a Shelby y ella sale corriendo sin mirar atrás, dejándome allí, torpe e incómoda, antes de preguntarme—: ¿Cómo estás?
—Bien. —Mi voz suena demasiado animada y procuro no poner mala cara.
—Le he dicho a Ashlin que se ha acabado.
Parece aliviado, no como un hombre que acaba de poner fin a un matrimonio de trece años y que podría albergar algún arrepentimiento.
Quiero hacerle infinidad de preguntas. ¿Cómo se lo tomó? ¿Cómo te sientes? ¿Qué va a pasar ahora? Pero no quiero parecer demasiado interesada, así que me limito a preguntar: —¿Cómo lo llevas?
—Bien. —Señala por encima del hombro con el pulgar—. Mejor que mamá, después de la mañana que ha tenido.
—¿Qué ha pasado?
Un ramalazo de inquietud atraviesa mi falsa alegría. La posibilidad de que alguien sacara a Ashlin de la carretera a propósito justo después de aquellos correos amenazantes me tiene abatida y en guardia.
—Un idiota en bicicleta casi la arrolla. —Me hace un gesto para que entre y aprieto los dientes cuando una ráfaga de su loción de afeitado me hace cosquillas en la nariz.
—¿Está bien?
Asiente. —Un esguince bastante grave en la muñeca, según el médico.
—Menos mal que no se ha roto nada.
—Sí, sobre todo teniendo en cuenta que la mujer que lo presenció cree que fue intencionado.
Doy un traspié y, en un segundo, su mano me sostiene por el codo. —¿Qué quieres decir?
—Mamá dijo que fue un accidente, pero la mujer que usó su teléfono para llamar a Christine dijo que parecía que el ciclista había intentado llevársela por delante.
Aunque el contacto de Justin me desconcierta, nunca he agradecido tanto que su mano me sostenga.
Esto no tiene ningún sentido. Sé que alguien se la tiene jurada a mis cuñadas, si esos correos sirven de indicio, y puede que alguien haya tomado a Ashlin como objetivo, pero ¿ahora también a May?
En aquellos correos no vi nada que indicase que mi suegra corría peligro, así que ¿qué demonios está pasando?
—Es horrible —digo por fin, al descubrir a Justin mirándome fijamente—. ¿De verdad quiere venir esta noche?
—Dice que nada hará que se lo pierda. —Pone los ojos en blanco—. Ya conoces a mamá. Admitir que está débil no va con ella.
Estoy a punto de sincerarme con él. Necesito que alguien me diga que no estoy loca por pensar que alguien tiene a esta familia en el punto de mira. Pero en el fondo sé por qué no puedo hacerlo.
Es evidente: la única persona cuya vida sería más fácil si Ashlin desapareciera de escena es Justin.
Es una verdad que no quiero reconocer, una suposición que seguramente nace de haber leído demasiados thrillers.
Pero, si le ocurre algo a Ashlin, Justin sería el principal sospechoso y, si quisiera hacerle daño, ¿por qué separarse ahora y despertar aún más sospechas sobre sí mismo?
Además, mi fantasiosa teoría tiene un fallo: nunca haría daño a su madre de forma deliberada.
No, estoy muy desencaminada, pero no puedo ignorar esa punzada de duda… ¿Hasta qué punto conozco a este hombre? ¿De verdad puedo confiar en él?
—¿Estás bien? —Su mano se desliza desde mi codo hasta la parte superior del brazo, donde aprieta y se demora, haciendo que se me erice la piel de inquietud.
—Estoy bien. —Aparto el brazo con suavidad—. ¿Está May en el jardín de invierno?
—Sí. Christine ha preparado unos juegos de mesa para las niñas.
—Voy a entrar un momento a saludar antes de que nos vayamos…
—¿Seguro que estás bien?
Me muerdo el labio inferior para no soltar lo mal que estoy en realidad y hago un gesto despreocupado con la mano antes de dirigirme al jardín de invierno.
Primero Ashlin y ahora May. Ojalá Grayson se diera prisa en responder a mi correo, porque en esta familia hay algo que no encaja y necesito descubrir qué demonios está pasando antes de ser yo la siguiente en la línea de fuego.