La última esposa Capítulo 25
53%

Capítulo 25

Capítulo Veinticinco

SHAMIRA

E ntro en el apartamento arrastrando los pies. Una potente mezcla de cansancio, culpa y ansiedad me recorre por dentro, y el agotamiento se me filtra hasta los huesos. Ya no puedo seguir así, viviendo una mentira. Además, Ashlin me ha arrebatado cualquier posibilidad de elegir.

Tengo que contarle la verdad a Trent. Ahora.

Lo he llamado de camino a casa desde el hospital para pedirle que se reuniera conmigo aquí.

Me preocupaba que Ashlin pudiera haberse adelantado, pero él parecía tan optimista y animado como siempre.

Además, dar una noticia devastadora por teléfono no es propio de ella.

Querría hacerlo en persona para poder contemplar de primera mano los estragos que causa.

Su clase de guitarra de primera hora de la mañana había terminado y he conseguido localizarlo cuando iba hacia su tienda de segunda mano favorita, que visita todas las semanas con la esperanza de encontrar vinilos antiguos, instrumentos o cualquier cosa que pueda resultar mínimamente interesante para un guitarrista.

Admiro su pasión por la música. La traslada a todos los ámbitos de su vida, incluida yo: yo, que no lo merezco, que no soy de fiar ni tengo nada especial. Le oculto mis inseguridades, pero pronto lo sabrá y puede que mi vida tal como la conozco llegue a su fin.

El lanzamiento de mi nuevo elixir digestivo es esta noche y no sé si cancelarlo o hacer de tripas corazón.

May insiste en que la publicidad es buena para el negocio, pero yo me siento fatal.

Algunos miembros de la familia han confirmado su asistencia: May, Justin y Ria.

Christine cuidará de las niñas. La tienda estará abarrotada de clientes interesados y entusiasmados y, por lo general, yo estaría en mi salsa, ensalzando mis brebajes y sus beneficios para la salud.

Después de contarle a Trent la verdad sobre mi pasado, puede que esta noche ni siquiera llegue a celebrarse. Nuestro matrimonio podría acabarse. Él es tranquilo y me quiere, pero ¿podrá perdonarme que le haya ocultado la verdad todos estos años?

Me estremezco y me froto los brazos con las manos.

Apenas sirve para ahuyentar el frío que me invade el cuerpo y me hace castañetear los dientes.

Voy a la cocina, cojo una botella de brandy que uso para cocinar y le doy un trago directamente de la botella.

El licor me quema la garganta y toso antes de tomar otro, con la esperanza de que me haga entrar en calor.

No funciona y, cuando vuelvo a taparla y la meto de nuevo en el armario, oigo abrirse la puerta de entrada.

—¿Todo bien? —pregunta Trent desde el recibidor mientras me preparo, consciente de que nada volverá a estar bien.

—Gracias por venir a casa.

Vislumbro su expresión sobresaltada mientras corro hacia él y me lanzo a sus brazos, rodeándole el cuello y hundiendo la cara en su pecho.

Aspiro hondo y dejo que los aromas familiares de su loción de afeitar y su leve olor corporal me calmen.

Hoy no funcionan y el corazón me martillea mientras me aparto despacio.

—Me estás asustando. —Me pasa un brazo por los hombros y me conduce hasta nuestro desgastado sofá de ante, uno de nuestros lugares favoritos para hacer el amor.

Estar sentada aquí debería reconfortarme, debería proporcionarme cierta sensación de pertenencia. Sin embargo, el pulso se me acelera con un temor que mina mi confianza.

—Tengo que contarte algo. —Me vuelvo hacia él hasta que nuestras rodillas se rozan y alargo las manos para aferrar las suyas—. Ahora no tiene ninguna importancia para nuestro matrimonio ni cambia nada, pero creo que ha llegado el momento de que sepas la verdad.

Aprieta los labios y sus ojos se vuelven de un azul plano e inquietante. —¿Me has sido infiel?

—Joder, no, nada de eso. —Aprieto con más fuerza sus manos y, por suerte, no las aparta—. Tiene que ver con mi pasado.

Alza ligeramente las cejas. —¿Esto tiene que ver con aquel tipo del mercado?

—En parte. —Respiro hondo, hinchando el vientre con una respiración de yoga perfecta, y suelto el aire despacio. Apenas sirve para calmar los nervios que me devoran—. Ese asqueroso no era un ex. Era un cliente.

—¿Un cliente? —repite, con el ceño fruncido por la confusión.

Espero, incapaz de expresar que antes ejercía la prostitución, y veo el instante exacto en que comprende lo que estoy diciendo, cuando en sus ojos prende una cautela teñida de repulsión.

—Sabes que yo no crecí como tú. Mi madre enfermó, contrajo un virus que la clínica pública de la zona no podía tratar, y yo detestaba ver cómo empeoraba.

Si no acudíamos a la sanidad privada, habríamos tenido que esperar seis meses para que la viera un especialista, así que... tenía que conseguir el dinero.

El calor me abrasa las mejillas mientras el resto del cuerpo sigue helado hasta los huesos.

—En los pisos de protección oficial siempre vivían tipos asquerosos dispuestos a pagar por ciertos favores.

Pero el dinero nunca bastaba para el tratamiento de mamá, así que acabé haciendo más cosas...

—Dejo la frase en el aire, horrorizada al ver cómo se descompone el atractivo rostro de mi marido: las mejillas hundidas, los ojos vacíos, las comisuras caídas.

Parece envejecer ante mis ojos y el asco me revuelve el estómago: yo le he hecho esto.

—¿Vendías tu cuerpo? —Arranca sus manos de las mías y yo se lo permito; el dolor del pecho es tan atroz que no puedo respirar—. ¿Por qué no me lo contaste?

—Porque lo habría cambiado todo —susurro, deseando poder retroceder unas semanas, antes de ver a Ashlin engañando a Justin, antes de enfrentarme a ella, antes de todo esto—.

Me enamoré de ti tan deprisa y con tanta intensidad que no podía creer que sintieras lo mismo.

Y luego estuvo todo el drama de que tu familia me aceptara pese a mis orígenes humildes; no podía imaginar que supieran lo que había hecho ni las consecuencias que tendría para ti.

Niega con la cabeza y el pelo, algo largo, que tanto me gusta le roza el cuello de la camisa con un suave susurro. —Pero podrías habérmelo contado a mí . Podrías haber confiado en mí .

Se golpea el pecho con tanta fuerza que doy un respingo. —Te adoré desde el primer minuto en que nos conocimos y he confiado en ti desde entonces. ¿Por qué no podías confiar tú en mí?

—Sí confío en ti, cariño. —Intento tocarlo, pero se pone en pie de un salto y empieza a retroceder, mirándome como si fuera un monstruo.

—¿Por qué ahora? —Se cruza de brazos y me fulmina con una aversión mal disimulada—. ¿Por qué contármelo ahora?

—Porque nosotros no nos mentimos y detesté tener que hacerlo en el mercado.

Es una verdad a medias, porque, si descubre que Ashlin se enteró de esto antes que él, se pondrá hecho una furia.

—¿Que nosotros no nos mentimos? —Suelta una carcajada sin rastro de humor—. Y, sin embargo, eso es lo que llevas años haciéndome...

Está furioso; la rabia emana de él mientras me mira con asco. —La cuestión es que, si me lo hubieras contado, también lo habría detestado, pero lo habría entendido. Lo que hiciste por tu madre... tener que pasar por todo aquello... es horrible.

Veo un destello de compasión antes de que sacuda la cabeza y la ira sustituya la comprensión en sus ojos. —Pero ahora solo puedo pensar en cuánto tiempo estuviste con otros tíos por dinero.

Me encojo ante su exabrupto. Trent rara vez se altera así; su dulzura es una de las muchas cualidades que adoro de él.

—Dieciocho meses —respondo, con la voz temblorosa de vergüenza—. Pero mamá recibió la ayuda que necesitaba y se recuperó, así que, aunque odio lo que tuve que hacer, en aquel momento no me arrepentí.

Su postura defensiva no se suaviza. —Me dijiste que murió antes de que nos conociéramos.

—Así fue. De un infarto, un mes después de que el especialista le diera el alta.

Me quedé catatónica durante semanas, rebelándome contra un dios en el que no creía por haberme obligado a soportar una interminable sucesión de hombres repugnantes para, a pesar de todo, arrebatarme a mamá.

Trent nunca sabrá que él es la razón por la que me levanté y quise una vida mejor, que fui a por él en aquel pub.

Que me convertí en la mujer que él deseaba para poder dejar atrás el pasado.

Que incluso ahora haré cuanto sea necesario para no alterar las cosas; que haré cualquier cosa con tal de no perturbar nuestro apacible matrimonio.

Ya le he contado bastantes verdades por hoy.

—Te quiero y esto no cambia nada. —Me levanto y doy un paso hacia él, como una cuidadora que se aproxima a un potro asustadizo—. Ahora que ya lo sabes, espero que podamos seguir adelante...

—Necesito tiempo para asimilarlo. —Se da la vuelta y avanza casi tambaleándose hacia el estudio, donde se refugiará en su música.

Anhelo alargar la mano hacia él, tocarlo, consolarlo. En lugar de eso, lo dejo marchar.

Da un portazo y, unos instantes después, oigo los extraños sonidos sintetizados de su música en internet.

Últimamente ha estado trasteando mucho en la red.

De hecho, toca mucho menos y está centrado en ese extraño mundo virtual.

No entiendo qué le atrae. Me encanta escucharlo rasguear la guitarra mientras tararea, componiendo canciones sobre la marcha o tocando viejos clásicos.

Resulta relajante. Pero los sonidos metálicos de internet son estridentes.

Sube el volumen y los fuertes tañidos de una guitarra eléctrica falsa hacen que me duelan los oídos.

No puedo quedarme aquí esperándolo. No es de los que hablan.

Después de nuestras escasísimas discusiones, siempre se cierra en banda y más tarde finge que no ha pasado nada.

Dudo que esta vez ocurra lo mismo, pero, por el lado bueno, no me ha echado de casa.

Salvo por la conmoción inicial, se ha tomado la noticia mejor de lo que esperaba. El volumen aumenta hasta convertirse en un chillido y me tapo los oídos. Bajaré a la tienda y me abstraeré comprobando que todo esté listo para esta noche. Sumergirme en lo conocido me tranquilizará.

También necesito distraerme del otro secreto, mucho más dañino, que guardo, el que jamás podré contarle porque acabaría con nosotros.