Capítulo 9
Capítulo Nueve
RIA
N o tengo que esperar mucho para que Shelby se meta en la cama y enciendo el ordenador.
Está agotada después de la fiesta y no ha parado de hablar durante el trayecto a casa de todas las cosas tan chulas que hace Jessie: ballet, equitación, piano, golf, polo.
Me he contenido para no decir que, con una lista tan extensa de actividades extraescolares, la pobre niña no tiene tiempo de disfrutar de su infancia.
¿Y cuándo encuentra tiempo para hacer los deberes?
Aunque, bien mirado, las mujeres Parker no tienen que estudiar porque, cuando terminan el colegio, reciben acceso ilimitado a una cuenta bancaria de siete cifras de la que vivir.
Aunque eso va a cambiar, a juzgar por el sorprendente anuncio de May esta tarde.
Casi he aplaudido cuando ha revelado unos cambios que obligarán a sus hijos a valerse por sí mismos.
A mí no me afectará, pero, al mirar alrededor de la mesa, he visto conmoción y espanto.
Y también la ira de Justin, a quien, evidentemente, la noticia ha pillado tan desprevenido como a los demás.
Desde que conozco a May, nunca se ha played con juegos.
No enfrenta a sus hijos entre sí ni se enseñorea de ellos por seguir siendo la matriarca de una poderosa familia del mundo de las finanzas.
Es afectuosa y tiene los pies en la tierra, hasta el punto de parecer estoica.
Es algo que admiro en ella. No tengo ni idea de qué la ha llevado a hacer hoy ese anuncio que ha sacudido a su familia.
Me había planteado hablarle de los correos que he recibido esta mañana, pero, después de su anuncio, la fiesta se ha disuelto enseguida y Justin no se ha separado de ella.
Además, quiero investigar más a fondo, descubrir quién está detrás de esos correos.
¿Son el primer paso para chantajear a los Parker?
De ser así, ¿por qué enviármelos a mí y no a May?
A menos que… No se me había ocurrido hasta ahora, pero puede que otros miembros de la familia también hayan recibido esos correos reveladores y les dé demasiada vergüenza decir algo.
Solo hay una persona a quien puedo preguntárselo, así que busco a Shamira en la lista de contactos del móvil. Contesta al tercer tono.
—Hola, Ria, ¿va todo bien?
Su saludo no me sorprende, teniendo en cuenta que no suelo llamarla cuando apenas han pasado unas horas desde la última vez que nos vimos.
—Sí. No hemos tenido mucha ocasión de charlar en la fiesta, así que he pensado en llamarte para ver qué tal.
—Qué detalle. —Oigo un extraño borboteo amortiguado—. Estoy en la tienda preparando una tanda del remedio para la artritis.
—Estás trabajando hasta tarde.
—Las maravillas de trabajar por cuenta propia; ya sabes cómo es.
Me uno a sus risas, sin querer señalar que Trent y Shamira tienen libre acceso a la cuenta familiar que May ha mencionado antes y que no han tenido que preocuparse por el dinero ni un solo día de su matrimonio.
Yo soy la única que retira la comedida suma de mil dólares al mes, y solo porque May me obligó, diciendo que abriría una cuenta a mi nombre e ingresaría diez veces esa cantidad cada cuatro semanas.
Como si intuyera el rumbo que han tomado mis pensamientos, dice: —¿Qué te ha parecido el tirón de orejas de May de antes?
—Es sorprendente, teniendo en cuenta que lleva tantos años dando carta blanca a la familia en cuestiones económicas. ¿Puede que la empresa tenga problemas?
—Sí, puede. —Oigo un tintineo de cristal—. Me encantaría charlar, Ria, pero tengo que verter esta mezcla en frascos esterilizados antes de que se enfríe. ¿Quedamos pronto para tomar un café?
—Me encantaría. —No hay forma sencilla de bordear el tema y no se me ocurre ninguna excusa lógica, así que suelto de golpe—: Oye, ¿has recibido algún correo raro últimamente?
—Aparte del habitual correo basura sobre alargamientos de pene y ligues con rusas despampanantes por internet, no.
Me río y ella continúa: —¿Por qué?
—Estoy escribiendo un artículo sobre estafas de phishing, así que estoy preguntando primero a la familia para saber si recibís ese tipo de cosas con frecuencia.
La mentira se desliza entre mis labios, perfectamente plausible.
—No, aquí nada. —Oigo una maldición apagada y más tintineos de cristal—. De verdad que tengo que dejarte, Ria. ¿Nos vemos pronto?
—Por supuesto. Cuídate.
Cuelga y yo suspiro mientras dejo el móvil junto al portátil.
Shamira no ha recibido los correos reveladores y no quiero preguntarles a May, Justin ni Christine. Lo que significa que tendré que investigar más a fondo. Lars es mi hombre de confianza para indagar en el mundo cibernético y me ha ayudado con tantos artículos que he perdido la cuenta.
Está conectado, lo cual no me sorprende. A menudo bromeo con que nunca duerme y que, cuando lo hace, su cerebro sigue conectado por cable al ordenador.
Le mando un mensaje.
Necesito ayuda para rastrear una dirección IP.
Le reenvío los datos del remitente. Sin embargo, en la respuesta que me manda unos minutos después dice que rastrear la dirección IP resulta tan frustrante como les pareció a mis contactos que lo intentaron hace cinco años.
Lars es uno de los mejores resolviendo misterios cibernéticos, pero quienquiera que haya enviado esos correos es mejor.
Le encantan los retos y, si no ha encontrado nada, sé que estará dispuesto a meterse donde no debe, como en la base de datos de la policía.
Le envío otro mensaje.
No pensarás rendirte, ¿verdad?
¿Es que los periodistas no sabéis cuándo rendiros?
Sonrío y respondo, halagando su ego.
Ya me conoces, nunca me rindo. Además, necesito a un experto astuto y curtido, ¿y acaso no eres tú?
Déjate de halagos. ¿De verdad necesitas esa dirección IP?
Sí. Por favor. Es importante.
Espero mientras los puntos aparecen en la pantalla, hasta que surge su respuesta.
Dame unos minutos para piratear la base de datos de la policía.
Espero con un suspiro de alivio. Lars es licenciado en Informática y sabe cómo hacer el trabajo, de forma legal o no.
Me ha ayudado a conseguir exclusivas muchas veces desde que trabajo por libre y confío plenamente en él.
Nos conocimos durante mi último año de universidad por mediación de otro estudiante de Periodismo y mantuvimos el contacto porque me impresionó cuando me enseñó cómo podía redirigir una dirección IP muchas veces por todo el mundo para volverla imposible de identificar y después entrar en la red oscura, donde se compra y se vende de todo.
No suelo hacer preguntas sobre dónde encuentra la información, pero esta suele ser fiable y, cuando sigo la pista de una historia, eso es lo único que importa.
Los puntos vuelven a aparecer en la pantalla y contengo el aliento, esperando que haya vuelto a lograrlo.
Lo siento, sigo sin encontrar nada. Quienquiera que esté detrás es un fantasma virtual. Ya me conoces. Puedo encontrar cualquier cosa y a cualquiera en internet. Pero esta vez no. Aunque me encantan los retos, así que déjamelo a mí. Seguiré investigando y, si descubro algo, te avisaré.
Decepcionada, respondo:
Gracias.
Es una locura. Lars es bueno en su trabajo y esto lo ha dejado desconcertado.
Hay otra opción que no quiero ni plantearme. Conozco a otro genio de la informática que es más listo que Lars.
Pero no puedo ponerme en contacto con él.
El corazón me late con fuerza y me sudan las palmas mientras sopeso la posibilidad de contactar con el último hombre de la faz de la tierra al que acudiría en busca de ayuda.
Y eso suponiendo que pueda ponerme en contacto con mi exmarido.