20
¿Qué acaba de ocurrir aquí? Ayer llegaba a esta casa y me encontraba con una mujer recta, seria, distante; una mujer que intentaba guardar las apariencias, esconder sus inseguridades para mostrarse lo más creíble posible.
Alguien que no quería saber nada de confianzas: Tú pregunta que yo respondo.
Tú me pides, yo te doy. Ese es el trato, así de simple .
Por otro lado, yo entro aquí a ciegas, con la incertidumbre como compañera, sin saber con qué me iba a encontrar.
Por descontado desconfiada y algo distante como ella.
Yo también ando ocultando mis miedos, mis inseguridades — que no note que soy una primeriza, una novata a la que quizá esto le venga grande —.
Siento la responsabilidad sobre mis hombros.
La imagen de Ricardo diciendo: «No me falles.
Tráeme algo grande», me oprime el pecho.
Y no han pasado ni veinticuatro horas, y de pronto ambas nos sentimos más próximas.
Sentimos que nos podemos ayudar mutuamente y eso nos acerca.
Creo que ella se siente cómoda con mi juventud y mi espontaneidad, algo que quizá no tendría un periodista experimentado con muchos años de carrera a sus espaldas.
Además, el hecho de que las dos somos mujeres, sin duda suma.
Yo, para colmo, me encuentro en esa montaña rusa que es Emily, un lugar donde aprender.
A las primeras de cambio, la coraza se le cae y me muestra a una mujer débil, emocionalmente destrozada, vulnerable.
Sus idas y venidas hacen brotar en mí un sentimiento…
¿maternal? Siento que puedo ayudarla y que quiero cuidarla.
Pero al mismo tiempo aprendo a controlar mis sentimientos: he venido aquí a trabajar. Eso no debo olvidarlo nunca.
Aunque todavía no me lo ha contado, sé por qué se siente así, sé a dónde va a llegar («Con la primera bomba», me dijo) y creo que puedo ayudarla.
Para colmo, ella me está dando la oportunidad de mi vida, y no pienso desaprovecharla.
Siento que somos un poquito amigas y sé que eso también debo controlarlo.
Pero he aprendido que cuando está relajada se expresa mejor y estoy convencida de que volverá a caer y entonces, ahí debo estar yo para reconducirla.
¡Vamos, Emily, suéltalo todo!