La última casa de Water Mill (Turno de noche 2) 35
88%

35

No puedo dormir.

Ha sido un día demasiado ajetreado y todavía tengo el cuerpo rebosante de adrenalina. Llevo no sé cuánto tiempo dando vueltas en la cama, cerrando los ojos, abriéndolos de nuevo, intentando encontrar una postura en la que mi cabeza decida apagarse de una vez.

Pero no hay manera.

Cada vez que estoy a punto de dormirme, pienso en algo nuevo que puede haber salido mal.

Las cámaras de tráfico, la matrícula del Mercedes. ¿Había cámaras en el aparcamiento del hostal?

Ni siquiera nos hemos molestado en comprobarlo.

Anthony estaba tan convencido de que todo había salido bien que nos largamos de allí sin perder un segundo en mirar alrededor.

También puede que alguien nos haya visto entrar.

O salir. Algún huésped mirando por una ventana, el recepcionista, una limpiadora, cualquier desgraciado que estuviera fumándose un cigarrillo donde no debía.

Hay tantas posibilidades que podría pasarme la noche entera enumerándolas.

Intento tranquilizarme pensando que, si hubiéramos cometido un error tan evidente, probablemente ya lo sabríamos. La policía habría aparecido por aquí. Habríamos visto un coche patrulla acercándose por el camino o alguien habría llamado a la puerta haciendo las preguntas pertinentes.

Pero no ha ocurrido nada.

Al contrario, hemos pasado una tarde de lo más agradable en el salón de casa, escuchando la lluvia caer mientras yo me esforzaba en interpretar a Natalie Frost.

No es difícil hacerse pasar por una mujer rica.

Solo tengo que sonreír, mantener la espalda recta y fingir que me resulta fascinante lo que sea que diga la persona que tengo delante.

Eso es lo que imagino que hacen las mujeres adineradas de los Hamptons.

Preguntar mucho, asentir y poner cara de estar interesadas incluso cuando no les importa la respuesta.

Así que eso he hecho.

Le he preguntado a Connor por todo: por su familia, por lo que hace, por su padre.

Luego a Avery, por su infancia, por Queens, por cómo se conocieron ella y Connor, por cualquier estupidez que pudiera mantener la conversación en marcha.

Incluso he hecho preguntas sobre cosas que he olvidado cinco minutos después.

La verdad es que no me importa una mierda la vida de ninguno de los dos.

Pero estoy tan agobiada porque todo salga bien que ahora mismo sería capaz de interesarme por las competiciones de atletismo de Connor si con eso consigo que siga creyendo que soy Natalie Frost.

Anthony también está nervioso.

No lo dice, por supuesto. Anthony nunca reconoce que está nervioso.

Prefiere comportarse como si tuviera todo bajo control, solo que a mí no puede engañarme.

Esta tarde he perdido la cuenta de los whiskys que se ha servido.

La botella bajaba, mientras fumaba un cigarrillo tras otro y fingía escuchar la conversación.

Esa es su forma de preocuparse.

La mía consiste en no dormir.

Giro otra vez en la cama y miro hacia su lado. Anthony está boca arriba, con un brazo fuera de las sábanas y la boca entreabierta. Ronca con fuerza como si su vida estuviera exenta de problemas.

Qué hijo de puta.

Todo esto es culpa suya, no tendría que haberle hecho caso. Asesinar a los Frost supuso semanas de preparación. Lo teníamos todo controlado. En cambio, con Vincent Bellacorte hemos actuado precipitadamente.

Al final aparto las sábanas y me incorporo.

Necesito hacer algo.

Quizá un vaso de leche caliente consiga relajarme. Mi madre decía que funcionaba cuando yo era pequeña. Nunca supe si era cierto o simplemente otra de esas tonterías que dicen las madres para conseguir que sus hijos vuelvan a la cama. Decido intentarlo.

Pongo los pies en el suelo y salgo de la habitación procurando no despertar a Anthony.

El pasillo está a oscuras. Camino hacia las escaleras y, cuando paso frente a la habitación de Avery, algo hace que me detenga.

La puerta está abierta.

Me quedo mirándola.

Estoy casi segura de que antes estaba cerrada.

Doy un par de pasos hacia ella y asomo la cabeza al interior.

La tenue luz exterior me permite ver que la cama está vacía.

Avery no está.

Me adentro en su habitación.

Veo que el ordenador portátil está cerrado sobre la cama.

Miro hacia el baño y después hacia el pasillo, pero no hay rastro de Avery.

Habrá bajado a la cocina a beber agua o estará fuera, en el porche, hablando con su novio perfecto, ese al que ha visto hace solo unas horas, pero del que parece incapaz de separarse durante unos minutos. Supongo que la juventud funciona así.

Debería marcharme. Pero en lugar de eso, me acerco a la cama y abro el ordenador.

La curiosidad puede conmigo.

La pantalla se ilumina. Hay varias ventanas minimizadas en la barra inferior. Apoyo un dedo sobre el panel táctil y lo deslizo con cuidado hasta una de ellas. Hago clic.

Lo que aparece ante mí consigue que me olvide de la leche caliente, de Anthony roncando y de todos los errores que llevo horas repasando en mi cabeza.

Esto no es bueno.

Nada bueno.

Paso de una ventana a otra. Leo búsquedas, páginas que ha visitado, información que no debería estar buscando. Avery ha estado investigando y, por lo que descubro a medida que avanzo, ha llegado mucho más lejos de lo que imaginaba.

Demasiado lejos.

Siento que el corazón me golpea con fuerza mientras sigo leyendo. Ya no es una pequeña sospecha que podamos desviar con una explicación convincente. Hay cosas aquí que nos comprometen. Cabos que Avery ha empezado a unir por su cuenta y que la están acercando peligrosamente a la verdad.

Mis ojos se abren de par en par.

Joder.

Tengo que encontrarla.

Me incorporo de golpe y salgo de la habitación. Bajo las escaleras casi corriendo, sujetándome a la barandilla para no resbalar. Al llegar a la planta baja miro hacia la cocina, pero está vacía. Tampoco veo a Avery en el salón.

Entonces me fijo en una franja de luz al fondo del pasillo.

Viene del sótano.

La puerta está abierta y la luz de la escalera, encendida.

Me acerco despacio.

Cuando estoy a pocos pasos, escucho movimiento abajo.

Me detengo.

Durante un instante me quedo mirando la puerta y no puedo evitar sonreír.

—Muchas gracias por ponérmelo tan fácil, Avery —susurro.

Agarro el pomo, cierro la puerta con cuidado y giro la llave.