La última casa de Water Mill (Turno de noche 2) 26
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Anthony y yo subimos las escaleras dejando a Avery en el salón. Esa chica ha aparecido en el peor momento posible, cuando todavía tenemos un cadáver en el sótano y ni siquiera hemos terminado de cubrir el agujero.

En cuanto entramos en el dormitorio, cierro la puerta.

—¿Has cerrado el sótano con llave?

—Sí, no soy tan imbécil.

Lo miro durante unos segundos. Necesito ordenar las ideas.

—Luke debió contratar a una enfermera pensando que yo ya no estaría aquí para cuidar de su mujer. Es la única explicación posible —digo.

Cuando miro a Anthony, descubro una mueca extraña en su rostro.

Lo conozco demasiado bien.

—No me jodas… Tú ya lo sabías.

Él se lleva una mano detrás de la nuca.

—Sí.

—¿Sí?

—Se me olvidó decírtelo. Luke me comentó que había puesto un anuncio para contratar a una enfermera. Mierda...

—¿Me lo dices en serio? —Tengo que bajar la voz para que Avery no pueda oírnos desde abajo—. ¿No creíste que fuera importante contarme que había contratado a alguien para venir a esta casa?

—Cálmate, Quinn. Podemos solucionarlo.

—Ah, ¿sí? ¿Cómo?

—No sé. Invéntate algo. Dile que está despedida, que hemos cambiado de opinión, que no nos gusta...

—Tenemos que saber qué le dijo Luke a esa chica y si llegaron a verse alguna vez, Anthony.

No podemos actuar de manera sospechosa nada más llegar.

Si conoce a alguien, si ha contado dónde iba a trabajar o si después nos señala, habrá preguntas.

Y lo que queremos por encima de todo es que nadie haga preguntas.

Anthony se queda pensativo.

—También podemos hacerle un hueco en el sótano junto a los Frost.

Lo fulmino con la mirada.

—Claro. Muy inteligente por tu parte. Piensa, por el amor de Dios.

—Eso intento...

Me llevo las manos a las sienes. Necesito tranquilizarme. No sirve de nada perder los nervios ahora. Hemos llegado demasiado lejos para echarlo todo a perder por una enfermera que ha tenido la mala suerte de llamar a nuestra puerta.

—Necesitamos saber qué le dijo exactamente. ¿Tienes su teléfono? —pregunto.

—Sí. He cambiado las claves, como me dijiste.

—Comprueba los correos.

Anthony saca el móvil de Luke y empieza a buscar mientras yo camino de un lado a otro del dormitorio. Tiene que haber una salida. Siempre la hay.

—Aquí está —dice Anthony.

Me acerco.

—¿Qué pone?

—Que busca una enfermera para cuidar de su mujer a tiempo completo debido a su delicado estado de salud.

Le quito el teléfono.

—Déjame ver.

Leo el correo dos veces. No hay demasiados detalles. Ningún diagnóstico, ninguna explicación concreta sobre la enfermedad de Natalie. Solo habla de cuidados, supervisión y disponibilidad completa.

Eso nos da margen.

Me siento en el borde de la cama con el teléfono entre las manos.

—¿Qué piensas? —pregunta Anthony.

Levanto una mano para que se calle.

Necesito unos minutos.

Avery cree que soy Natalie y a juzgar por su anterior reacción, cree que Anthony es Luke. Ha venido hasta aquí para cuidar de una mujer enferma y, por lo que acaba de ver, esa mujer es joven, está físicamente bien y se ha comportado de una forma bastante extraña al recibirla.

Quizá no tengamos un problema.

Quizá Luke acabe de darnos la solución.

Levanto la cabeza.

—Tenemos que hacer que dimita.

Anthony frunce el ceño.

—¿Y cómo piensas hacerlo?

—Luke escribió que su mujer tiene un estado de salud delicado, pero no especificó qué le ocurre.

Podemos inventarnos cualquier cosa. Ella cree que yo soy Natalie y que tú eres Luke.

Se supone que ha venido para cuidarme y ya me ha visto.

Sabe que soy joven y también ha visto que estaba nerviosa cuando ha llegado.

—Venía con un chico —dice Anthony—. Y ha dicho que es nuestro vecino.

—Lo sé. Tenemos que averiguar quién es antes de hacer nada.

Anthony me observa unos segundos y poco a poco empieza a sonreír.

—Creo que te voy siguiendo. Le haremos la vida imposible.

Dejo el teléfono sobre la cama.

—Sí, pero tenemos que hacerlo con cuidado. Hemos llegado hasta aquí, Anthony. Solo necesitamos un poco más de tiempo sin cagarla y todo será nuestro.

Respiro hondo.

—Para empezar, jamás volveré a llamarte así —añado.

Su sonrisa desaparece.

—¿Así cómo?

—Anthony. Ese nombre ya no existe dentro de esta casa. A partir de ahora eres Luke. ¿Entendido?

Asiente.

—Entendido.

—Bien, Luke. —Pronunciarlo resulta extraño, pero tendré que acostumbrarme yo también—.

Le diremos que estoy enferma. Que tengo una enfermedad mental.

Algo que explique cualquier comportamiento extraño y que, al mismo tiempo, nos permita asustarla.

Dile que tengo un trastorno de identidad disociativo.

—¿Un qué?

Cierro los ojos un instante.

—Apréndetelo, Luke. Es importante.

Mira hacia la puerta.

—Estamos haciéndola esperar demasiado. Va a empezar a pensar que sucede algo raro.

—De eso se trata.

—¿De que sospeche?

—No. De que acabe harta de nosotros. —Me levanto de la cama y me acerco a él—.

Apréndete el nombre del diagnóstico que acabo de darte.

Dile que tengo dos personalidades. Una es Natalie y la otra es Quinn.

Dile que voy alternándolas, que nunca sabes cuál de las dos va a aparecer y que puedo ser impredecible.

Muy impredecible. Tienes que intentar asustarla.

Anthony me observa con cierta inquietud.

—¿Y después?

Sonrío.

—Yo me encargaré del resto.

—¿Tú crees que esto va a funcionar?

Miro hacia la puerta del dormitorio. La pobre Avery no tiene ni idea de dónde se ha metido.

—Solo necesito unas horas —respondo—. Antes de que termine el día, esa chica saldrá corriendo de esta casa.