La última casa de Water Mill (Turno de noche 2) 25
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Alzo la vista.

Anthony ya está mirándome.

Ninguno de los dos reacciona. Es imposible que haya alguien llamando a la puerta. Llegamos ayer, nadie sabe que estamos aquí y no esperamos visitas.

Pasan unos segundos y vuelven a llamar.

—Mierda —dice Anthony.

Reacciono antes que él.

—Tapa esto un poco —ordeno, señalando el agujero abierto en el suelo del sótano—. Voy a ver quién es. Quédate aquí.

No espero su respuesta. Subo las escaleras y cierro la puerta del sótano tras de mí. Mientras atravieso el vestíbulo intento ordenar mis pensamientos. Tengo las manos sucias, el corazón disparado y dos cadáveres bajo mis pies.

Reconozco que estoy asustada.

No puede ser la policía.

¿Cómo demonios va a ser la policía? Es imposible.

Me acerco a una de las ventanas antes de abrir. Hay una mujer joven esperando en el porche. Más allá, un chico se aleja por el camino en dirección al bosque.

¿Quién coño son? ¿Y por qué él se va?

Abro la puerta.

—¿Quién eres? —pregunto.

Mi voz sale más acelerada de lo que pretendía, pero enseguida comprendo que eso puede jugar a mi favor.

—Buenos días. Me llamo Avery Parker. He quedado con su marido, el señor Frost.

Me quedo mirándola.

¿Ha quedado con Luke?

Durante unos segundos no entiendo nada. Después miro por encima de su hombro. El chico continúa alejándose y algo dentro de mí se pone en alerta. Si ha venido con ella, significa que sabe que está aquí.

Salgo al porche y estiro el cuello.

—¿Quién era ese chico que ha venido contigo?

—Era Connor Carcetti. Su vecino. Vive en la casa que está al otro lado del bosque.

Joder, es un vecino. Ni siquiera sabía que teníamos vecinos.

En realidad, no sé absolutamente nada de este lugar. No he tenido tiempo de recorrer la casa entera. Pero Natalie sí debería saberlo. O quizá no. Yo qué sé.

—Yo no tengo vecinos.

La expresión de la chica cambia.

Perfecto. Acabo de conseguir que piense que hay algo raro en mí.

—¿Usted es Natalie Frost?

La pregunta me produce una sensación que no esperaba.

Natalie Frost.

Es la primera vez que alguien me llama así.

Y me gusta.

No respondo. La agarro de la mano.

—Ven conmigo.

Necesito sacarla del porche. No quiero que nadie más la vea aquí. Tiro de ella y cierro la puerta en cuanto atraviesa el umbral.

Ahora tengo que decidir qué voy a hacer.

Me muevo por el vestíbulo mientras intento pensar. Anthony sigue abajo con dos cadáveres frescos. Solo necesito darle unos minutos para que cubra el agujero, se limpie y recuerde que, desde este momento, ya no es Anthony.

Es Luke Frost y debe interpretar ese papel.

Me acerco al salón y vuelvo sobre mis pasos. Avery observa la casa, pero también me observa a mí. Tengo que darle algo que explique mi comportamiento.

Entonces recuerdo a Natalie.

Sus últimos meses. Sus pastillas. Sus ataques de ansiedad. La manera en que Luke hablaba con ella cuando empezaba a alterarse.

Eso es.

Me acerco a Avery hasta dejar mi cara muy cerca de la suya. He bebido antes. No mucho, una copa con Anthony. Bueno, en realidad han sido dos, pero se debe de notar en mi aliento por la cara que ha puesto.

Ella se tensa.

Voy hasta la chimenea y dejo que mi mirada se detenga en el atizador durante un instante. No porque piense utilizarlo. Quiero que se sienta incómoda. Una persona incómoda está demasiado pendiente de ti para fijarse en lo que ocurre a su alrededor.

—¿Alguien más te ha visto entrar aquí?

Avery me mira desconcertada.

—Yo...

Escucho pasos.

Por fin.

Anthony sube por la escalera del sótano. El muy idiota lleva los pantalones cubiertos de polvo. Cuando aparece en el vestíbulo y nos ve, se detiene.

Durante una fracción de segundo nuestras miradas se encuentran y trato de suplicarle con mis ojos que no meta la pata.

—¿Qué está pasando aquí? —pregunta.

Me aparto de Avery y la señalo.

—No sé quién es ella. Ha venido hasta aquí con un chico. Los he visto acercarse por la ventana. Ha llamado a la puerta y el chico se ha ido. Dice que es nuestro vecino... Connor Carletti.

—Carcetti —me corrige.

La miro.

Anthony también.

Tengo que contenerme para no sonreír.

—Me llamo Avery Parker —continúa ella—. Usted debe de ser Luke Frost. Hablamos por teléfono hace unos días por la vacante de enfermera.

Enfermera.

Empiezo a entender lo que está pasando aquí.

—¿Cómo? —exclamo—. ¿Una enfermera? ¿De qué está hablando?

Anthony no tarda ni un segundo en seguirme el juego. Se quita los guantes y viene hacia mí. Cuando coloca las manos sobre mis hombros comprendo que él también lo ha entendido.

Conocíamos a Luke y ambos tenemos claro que Natalie no sabía nada de aquella mujer.

Así que yo tampoco.

—Natalie, cálmate. Te lo explicaré todo. Ahora quiero hablar a solas con esta mujer. Voy a acompañarte a tu habitación.

Asiento varias veces y acelero la respiración. Me resulta sorprendentemente fácil. Después de tantos meses observándola, podría interpretar a Natalie Frost con los ojos cerrados.

Anthony se vuelve hacia Avery y le ofrece la mano.

—Soy Luke Frost. Puedes esperarme aquí. Te ruego que disculpes el desastre. Llegamos ayer y no hemos tenido tiempo de nada. Lo siento de verdad.

Lo miro.

Tengo que reconocer que es bueno.

Muy bueno.

Me rodea con un brazo y empieza a conducirme hacia las escaleras. Mantengo la vista baja hasta que dejamos atrás a Avery.

Solo entonces me permito sonreír.