La última casa de Water Mill (Turno de noche 2) 23
63%

23

Unos segundos después, vuelvo a escuchar el sonido del cerrojo.

No ha tardado en venir. Luke ha debido de escuchar los golpes contra las cañerías.

—¿Qué estás haciendo, Quinn? ¡Para!

Ella no contesta. Continúa golpeando la tubería con algo metálico que no puedo ver, manteniendo esa cadencia pausada que ahora comprendo que no tiene nada de desesperada.

Me hago una idea de lo que está sucediendo, pero no quiero admitirlo. Soy tan idiota que durante unos segundos pienso que, si actúo con normalidad, aquello que empiezo a sospechar no llegará a suceder.

Pero es absurdo… Ya no hay nada que pueda hacer.

La luz se enciende.

Parpadeo varias veces hasta acostumbrarme a la claridad y entonces veo el rostro de Quinn.

Mis sospechas se disipan al ver que se está riendo.

No es una sonrisa nerviosa ni una mueca provocada por el miedo. Se está riendo de mí. De verdad. Tiene los labios curvados y una expresión divertida que no había visto hasta ahora, y de pronto todas sus palabras de los últimos minutos adquieren un significado diferente.

Cada pregunta tenía un propósito muy distinto al de ayudarme.

Mis padres. Connor. La gente del barrio. Si alguien tendría motivos para preocuparse por mí.

Solo quería asegurarse de que no estaban dejando cabos sueltos.

Quinn se pone en pie justo cuando unos pasos comienzan a descender por las escaleras. Yo no consigo moverme. Me quedo sentada en el suelo, contemplándola, mientras Luke aparece de nuevo en el sótano.

Lleva la pistola en la mano, pero esta vez no apunta a Quinn.

Me apunta a mí.

—¿Y bien? —pregunta.

Ella da un par de pasos hacia él.

—Nada. Salvo Connor, nadie la buscará.

Luke asiente.

—Entonces está todo controlado.

Las lágrimas vuelven a escapar de mis ojos. Me cubro la cara con ambas manos porque no quiero mirarlos, porque necesito esconderme debido al miedo y a la impotencia.

He cometido un grave error.

He respondido a todas sus preguntas. Le he explicado exactamente hasta qué punto estoy sola.

Le he confirmado que mis padres tardarán días en echarme de menos, que nadie sabe lo que ocurre en esta casa y que la única persona que podría preocuparse por mi desaparición acaba de recibir un mensaje mío diciéndole que me marcho a Queens.

Les he allanado el terreno.

—De acuerdo —dice Luke—. Entonces preparémoslo todo. Pronto habrá un cadáver más en este sótano.

Ella se acerca a Luke, se inclina hacia él y lo besa.

Él acepta el beso sin apartar los ojos de mí. Ni siquiera baja la pistola.

Los observo y ya no sé si la mujer que tengo delante es Quinn o Natalie. Si Quinn ha vuelto a engañarme, si Natalie nunca se marchó o si llevo todo este tiempo intentando encontrar una lógica donde no la hay.

Da igual.

Ya no tiene mucha importancia.

Porque dentro de unas horas estaré muerta.