22
El sonido del cerrojo todavía resuena en el sótano cuando Quinn levanta la cabeza.
—Estamos en peligro, Avery.
La voz rompe el denso silencio que acompaña a la oscuridad. Y sí, definitivamente es Quinn y no Natalie.
Hay algo en su voz que me aterra. No es solo lo que acaba de decir, sino la forma; la firmeza de sus palabras que trata de anteponerse al miedo. Una lucidez que en ella suena tan impropia como aterradora.
Me quedo inmóvil.
—Quinn, ¿eres tú?
—Sí.
—¿Qué está pasando? ¿Por qué ha hecho esto Luke?
Escucho un roce, creo que se está limpiando el rostro con el dorso de la mano.
—Porque tú aún no lo sabes, pero Luke es peligroso.
Me acerco un poco a ella, aunque sigo manteniendo cierta distancia. Después de todo lo ocurrido desde que llegué a esta casa, todavía no sé hasta qué punto puedo confiar en ninguna de las personas que viven aquí.
—Entonces explícamelo.
Quinn tarda en responder.
—La gente cree que no soy capaz de fijarme en ciertas cosas, que solo soy una consecuencia de la mente enferma de Natalie, pero no es así.
Yo nací por el dolor que ella arrastra, no soy más que una manera que tiene de defenderse de un ser perverso.
—Hace una pausa—. Sé lo que ha hecho Luke.
Y a diferencia de Natalie, yo estoy dispuesta a contarlo.
—¿De qué estás hablando?
—Luke es un asesino, Avery.
No puedo haber oído bien. Esto tiene que ser un sueño… Una pesadilla. Por el amor de Dios, me va a estallar el corazón.
Alargo la mano. Intento tocarla; quiero asegurarme de que es real. Nuestras manos se encuentran sobre el suelo. Ella me agarra en un gesto de complicidad.
Me pongo a llorar y ella no me interrumpe.
—¿Tiene algo que ver con el clan de los Scaletta? —pregunto.
—Veo que has hecho los deberes.
—Entonces… ¿Ha sido él quien ha matado a Vincent Bellacorte?
—Eres mucho más lista de lo que pensaba. Tengo que reconocerlo… Sí. Luke lo mató. Y Natalie vio cómo lo hacía. Ella es igual de culpable que él. Yo solo tomo el control cuando baja la guardia. A mí no puedes culparme.
No sé qué decir. Toda mi percepción inicial sobre ella acaba de cambiar. Durante los últimos días había pensado que Quinn era la amenaza. La persona imprevisible de aquella casa. La mujer que me encerró en mi habitación, la que aparecía y desaparecía dejando a Natalie sin recuerdos de lo sucedido.
—¿Por qué me encerraste en la habitación? —pregunto con la voz entrecortada.
—Porque quería asustarte y que te fueras. Estaba intentando protegerte.
El comentario me sorprende. Me quedo quieta, intentando encajar lo que acaba de decir con todo lo que ha ocurrido desde que llegué a esta casa.
Así que Quinn era la buena. Era ella quien intentaba ayudarme, quien trataba de mantenerme alejada de Luke mientras yo interpretaba sus cambios de humor y su hostilidad de la peor manera posible.
¿Cómo he podido ser tan ingenua?
No podría sentirme peor.
Las lágrimas siguen cayéndome por las mejillas y no hago nada por detenerlas. Tengo miedo de continuar con esta conversación. Cada vez que Quinn abre la boca descubro algo peor que lo anterior, y empiezo a pensar que quizá prefiera no saber lo que viene después.
—Si no fuera porque, en caso de matarme a mí, también moriría Natalie, yo ya estaría muerta, te lo aseguro. Tengo la suerte de que él está enamorado de esa maldita zorra.
Sus palabras me horrorizan.
—No puedo creer lo que estás diciendo. Yo...
—Avery, deja de llorar —me ordena con voz firme mientras continúa apretándome la mano—. Tenemos que centrarnos y pensar en la manera en que vamos a salir de aquí.
Sus palabras consiguen agitar algo dentro de mí.
No hacen desaparecer el miedo, pero lo empujan a un lado durante unos segundos, el tiempo suficiente para comprender que tiene razón.
Puedo quedarme sentada en este sótano llorando y esperando a que Luke decida qué hacer conmigo, o juntas podemos intentar salir de aquí con vida.
No quiero morir aquí.
Me limpio las lágrimas y respiro hondo. Necesito pensar. Necesito dejar de comportarme como una víctima.
—Somos dos —digo—. ¿Crees que podemos con él?
Quinn niega de inmediato.
—De ninguna manera. Es mucho más fuerte que nosotras y, además, tiene una pistola.
—Podemos coger alguna herramienta. Tiene que haber algo aquí abajo que podamos usar.
—Te repito que tiene una pistola, Avery. Estarás muerta antes siquiera de llegar a tocarle.
La seguridad con la que lo dice me hace abandonar la idea. Tiene razón. Enfrentarnos directamente a Luke sería una estupidez. Necesitamos otra alternativa.
De repente, me surge una duda.
—Si fuera a matarnos, ¿por qué no lo ha hecho ya? ¿Por qué nos mantiene con vida?
Quinn tarda un instante en contestar.
—A mí no me matará. Si me mata a mí, mata a Natalie. A ti, en cambio... —Hace una pausa—. Está preparándolo todo, necesita algunos materiales.
Siento que algo me revuelve las tripas.
—No entiendo. ¿Qué clase de materiales?
—No es su primera vez. Luke es muy meticuloso. Siempre compra plásticos para cubrirlo todo. No quiere dejar sangre ni ninguna prueba que pueda incriminarlo después. Lo aprendió en la mafia.
Durante unos segundos no soy capaz de reaccionar.
Después me falta el aire.
Intento respirar más despacio, pero mi pecho ya ha empezado a subir y bajar demasiado rápido. Noto un hormigueo en los dedos. Quinn no está hablando de una posibilidad. No está intentando asustarme. Me está explicando cómo trabaja Luke.
Y acaba de decirme, con toda la frialdad del mundo, que sigo viva únicamente porque todavía no tiene lo que necesita.
Al pensar en los plásticos, me viene a la cabeza la imagen de Dexter Morgan con alguna de sus víctimas.
—¿Cuánto tiempo tenemos? —pregunto.
—Poco. En unas horas se las arreglará para dejar tu móvil en algún vagón del tren que va a Queens. Así evitará, al menos durante un tiempo, que te busquen por aquí.
Joder…
Lo tiene todo pensado.
El mensaje a Connor. Mi supuesto regreso a Queens. El teléfono alejándose de Water Mill mientras yo sigo encerrada bajo esta casa. Luke no está improvisando. Es una persona acostumbrada a hacer esto, alguien que no comete errores.
¿Cómo demonios vamos a ganar esta partida?
No tengo nada que hacer contra un hombre así.
Quinn me observa durante unos segundos.
—Además de Connor, ¿hay alguien que podría buscarte si desaparecieras?
La pregunta me desconcierta.
—Mis padres, supongo...
—¿Se alarmarán si no los llamas en unos días?
Pienso en ello.
—No lo creo.
—¿Y les has contado algo sobre Luke y Natalie? ¿Tendrían algún motivo para estar preocupados por ti o para sospechar que en esta casa no estabas a salvo?
Empiezo a entender por dónde va.
—Si lo preguntas porque crees que mis padres van a venir a buscarme... no. No lo creo.
Quinn aprieta los labios.
—¿Alguna persona del barrio? ¿Has hecho amigos?
—Solo Connor. Y Luke me ha obligado a mandarle ese mensaje.
—¿Estás completamente segura?
Hay algo distinto en su tono.
—Sí. Estoy segura.
Una pausa.
—De acuerdo.
Entonces suelta mi mano.
Antes de que pueda preguntarle qué está haciendo, escucho cómo se arrastra por el suelo.
El primer golpe contra la tubería me sobresalta. El segundo viene justo después.
—¿Qué haces? —susurro.
Quinn no contesta.
Sigue golpeando.