13
Las dos horas siguientes las paso en el salón viendo a Quinn caminar de un lado a otro mientras se muerde las uñas.
No hemos hablado demasiado y me tomo el silencio con optimismo; quiero pensar que hemos limado algunas asperezas.
Al menos no me ha acusado de robarle nada, lo cual es todo un logro.
Incluso tengo la sensación de que se siente protegida conmigo, de que mi presencia la tranquiliza de algún modo, y eso sí que es un paso de gigante.
Sería un buen motivo de celebración si ahora mismo no estuviera empezando a sentirme tan inquieta como ella.
Quizá su miedo se me ha contagiado. Desde que ese hombre se ha marchado, Quinn no ha querido comer ni beber.
Lo primero que ha hecho ha sido bajar todas las persianas de la casa y después se ha instalado en el salón, donde no ha parado de pasear ni un segundo.
Tampoco quiere que salga de aquí. Cada vez que hago ademán de levantarme, me mira con tal inquietud que termino volviendo a sentarme.
El problema es que llevo más de una hora queriendo ir al baño y mi vejiga se encuentra al límite de su capacidad.
Cuando por fin escuchamos la puerta principal, las dos levantamos la cabeza al mismo tiempo.
Luke entra con el maletín aferrado en una mano y el cansancio dibujado en el rostro. Deja las llaves sobre el mueble del vestíbulo y entonces se da cuenta de que la casa está prácticamente cerrada a cal y canto.
—¿Por qué estáis tan a oscuras? —pregunta.
Quinn corre hacia él antes de que pueda avanzar un solo paso, lo agarra del brazo y tira de él hacia dentro.
—¡No te quedes ahí!
Cierra la puerta con tanta rapidez que Luke se sobresalta.
—Pero ¿qué está pasando? ¿Estáis bien?
Un minuto después estamos los tres en el salón. Yo permanezco sentada a la mesa, Quinn continúa dando vueltas sin parar y Luke la sigue con la mirada, desconcertado, esperando que alguna de las dos le explique qué demonios ha sucedido durante su ausencia.
—Ha venido un hombre que se ha presentado como Vincent —digo.
Luke me mira expectante y levanta ligeramente las cejas para indicarme que continúe.
—Era un tipo un tanto extraño. Preguntaba por un tal Raymond. Ya le he explicado que aquí no vive nadie con ese nombre.
—¿Ha dicho Raymond?
La pregunta de Luke hace que Quinn se detenga en seco en mitad del salón. Clava los ojos en él.
—Sí. Quería enviarle saludos —añado.
Luke aprieta los labios durante un instante y después se encoge de hombros.
—Supongo que ese es el motivo por el que Quinn está así de asustada.
Asiento.
—No te preocupes —le dice entonces a su mujer—. Tienes que relajarte. Solo era un hombre que se ha equivocado de dirección.
No digo nada. Hay una parte de la historia que todavía no le he contado y no creo que este sea el mejor momento para hacerlo.
Busco los ojos de Luke y trato de transmitirle que hay algo más, pero que no quiero hablar delante de Quinn.
Para mi sorpresa, lo entiende de inmediato.
O yo soy tremendamente expresiva o este hombre tiene una facilidad preocupante para leerme el pensamiento.
—Quinn —dice con suavidad—, ¿qué tal si subes a la habitación y te relajas un poco? Yo iré a verte enseguida.
Ella mira hacia las ventanas cubiertas por las persianas antes de asentir.
—No tardes, por favor.
—No lo haré.
Quinn se dirige hacia las escaleras. La seguimos con la mirada mientras cruza el salón y empieza a subir. Sus pasos se escuchan hasta que alcanza la planta superior y, unos segundos después, una puerta se cierra.
Luke se vuelve hacia mí.
—¿Qué ocurre?
Me levanto de la silla.
—Hay algo que no he querido contar delante de ella porque ya estaba bastante asustada. No creo que ese hombre se haya equivocado de dirección.
El cansancio desaparece de la cara de Luke.
—¿Por qué dices eso?
—Porque ya lo había visto antes.
Frunce el ceño.
—¿Cuándo?
—El otro día. Estaba en el bosque, dentro de vuestra propiedad. Llevaba el mismo traje oscuro y el mismo sombrero. Se quedó allí, quieto, mirando directamente hacia la casa durante un rato. Yo lo vi desde una ventana. Después se dio la vuelta y desapareció entre los árboles.
Luke se lleva una mano al mentón y asiente.
—¿Estás segura de que era el mismo hombre?
—Completamente. Y aún hay algo más. Anoche también estaba aquí.
—¿De qué estás hablando?
—Cuando Connor me trajo a casa había un coche parado frente a la propiedad. Lo vimos los dos. En ese momento no sabía quién era, pero cuando ese tal Vincent se ha marchado hoy, he reconocido el coche. Era el mismo.
Luke baja la vista y se queda pensativo unos segundos.
—Gracias por contármelo, Avery.
Asiento, aunque sigo esperando alguna explicación que no llega.
—Estaremos atentos —continúa—. Si vuelves a verlo, avísame. Y si yo no estoy en casa, llámame inmediatamente, ¿de acuerdo?
—Lo haré. Y también llamaré a la policía.
Me sostiene la mirada y hace un gesto con los labios.
—No creo que sea necesario. No quiero llamar la atención de los vecinos de esa manera nada más llegar al barrio. Puedo encargarme yo mismo.
—De acuerdo.
Luke se lleva una mano al bolsillo interior de la chaqueta y, para mi sorpresa, vuelve a sacar aquel fajo de billetes de cien dólares sujeto con una goma. Ya empiezo a pensar que este hombre lleva más dinero encima que algunos cajeros automáticos. Separa tres billetes y me los ofrece.
—Toma.
Miro el dinero y después a él con incertidumbre.
—Te he hecho trabajar hoy y no me he dado cuenta hasta hace un rato de que es sábado. Tu horario no incluye los fines de semana.
—No hace falta. Ha sido un placer, de verdad. Además, creo que hoy he avanzado bastante con Quinn. Dejando a un lado las visitas inesperadas, diría que ha sido un día bastante productivo.
Su sonrisa se ensancha.
—Aun así, quiero que lo cojas.
Mantiene los billetes extendidos hacia mí. Dudo un par de segundos antes de cogerlos. No voy a fingir que trescientos dólares no me vienen bien porque sería una idiotez y, después de todo, he pasado el sábado trabajando.
—Gracias.
—Te los has ganado. Y mañana disfruta del domingo.
Voy a llevarme a Natalie a dar una vuelta a Montauk.
Antes le encantaba pasear por allí, junto al lago.
Quizá volver a uno de sus lugares favoritos pueda ayudarla a reconectar con algunos recuerdos.
Tal vez consiga que Natalie vuelva y Quinn se marche durante un tiempo.
Miro hacia la planta superior.
—Ojalá funcione.
—Yo también lo espero.
Luke recoge su maletín y comienza a subir las escaleras. Nos despedimos y me quedo sola en el salón. Pienso en el hombre inmóvil junto al bosque y en el Cadillac aparcado tan cerca de aquí.
No. Ni hablar.
Definitivamente, mañana no pienso pasar el día sola en esta casa.
Saco el teléfono del bolsillo, busco el nombre de Connor entre mis contactos y empiezo a escribir.
«¿Tienes planes para mañana?»