La última casa de Water Mill (Turno de noche 2) 10
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Abro los ojos y durante unos segundos no sé qué me ha despertado.

La habitación ya no está a oscuras. Los primeros rayos de sol entran por la ventana y se extienden sobre el suelo.

Desde la cama puedo ver el paisaje verde que rodea la casa, los árboles inmóviles y una franja de cielo despejado que anuncia un día precioso.

Alargo la mano hacia el teléfono y compruebo la hora.

Mi despertador no sonará hasta dentro de diez minutos.

Lo programé anoche pensando que entonces me levantaría, terminaría de hacer la maleta y regresaría a casa de mis padres.

He dormido fatal. Poco y mal. Durante gran parte de la noche he estado llorando, intentando hacerlo en silencio, con la cara hundida en la almohada y una sensación de fracaso tan dolorosa que por momentos me costaba respirar.

Lo peor es que ya me había hecho a la idea de quedarme aquí.

No unos días, sino una larga temporada. Había empezado a imaginarme trabajando para los Frost, ahorrando dinero, disfrutando de Water Mill y pasando los fines de semana con Connor.

Ahora ni siquiera sé si volveremos a vernos.

Dentro de unas horas estaré camino de Queens y él regresará pronto a Filadelfia.

Todo ha sucedido demasiado deprisa. Conocerlo, juzgarlo, descubrir que estaba equivocada, besarle y tener que marcharme justo después.

Es cruel.

Ridículamente cruel.

Escucho voces que proceden de la planta baja.

Me incorporo en la cama. Alguien debe de haber llamado a la puerta mientras dormía porque una de las voces es la de Luke y parece estar hablando con otro hombre.

No distingo lo que dicen, solo un murmullo amortiguado.

Supongo que será algún trabajador. Otro fontanero, un electricista o cualquiera de las personas que todavía tienen que pasar por aquí para dejar la casa a punto después de la mudanza y del desastre del sótano.

Me obligo a levantarme. Me pongo unos pantalones cortos y una camiseta, entro en el baño y me lavo la cara con agua fría.

Tengo los ojos hinchados y unas ojeras que no dejan demasiado margen para fingir que he pasado una noche estupenda, pero tampoco importa.

Mi plan es muy sencillo: vestirme, meter mis cosas en la maleta, despedirme y desaparecer de esta casa cuanto antes.

Cuanto más rápido lo haga, más llevadero se hará.

Al salir del baño, las voces llegan con mayor claridad.

Me acerco a la puerta de mi habitación mientras me recojo el pelo. Reconozco perfectamente a Luke. La otra voz pertenece a un hombre y estoy segura de que no la he escuchado antes. No presto demasiada atención hasta que una palabra consigue que me quede inmóvil.

Avery.

El hombre que está hablando con Luke acaba de decir mi nombre.

Me acerco un poco más a la puerta. Intento escuchar el resto de la conversación, pero vuelven a bajar la voz y solo consigo distinguir frases sueltas.

¿Quién demonios es? Durante un instante se me ocurre una posibilidad que hace que se me revuelva el estómago.

¿Habrá llamado Luke a la policía? ¿Habrá descubierto que no tengo licencia para ejercer como enfermera registrada?

No sé cómo podría haberlo averiguado, pero tampoco debería subestimarlo.

Si Natalie tiene razón cuando habla de sus virtudes financieras, Luke Frost es un hombre muy inteligente.

Quizá hizo una comprobación más exhaustiva de mis antecedentes tras lo del collar.

Quizá ha descubierto lo ocurrido en Queens.

Y quizá el hombre de abajo ha venido por mí.

No soy idiota. Sé que para este trabajo no necesito una licencia de enfermera, con lo que no creo que el asunto vaya a mayores. Aun así, preferiría no tener que enfrentarme a ello.

Salgo al pasillo y comienzo a bajar las escaleras procurando no hacer ruido.

Sé que escuchar conversaciones ajenas no es precisamente una de mis mejores virtudes, pero teniendo en cuenta que acabo de oír mi nombre, creo que tengo derecho a saber qué está pasando.

A medida que desciendo, las voces se vuelven más nítidas.

Cuando llego a la planta baja descubro que la puerta principal está abierta y que Luke conversa con un hombre en la entrada.

Me detengo antes de que puedan verme y asomo la cabeza desde detrás de una de las columnas del salón.

El desconocido debe de tener sesenta y tantos años. Tiene poco pelo, complexión robusta y va perfectamente vestido con un elegante traje azul marino que aparenta ser caro.

—Seguro que este barrio le va a encantar —dice.

—Gracias, senador. Es usted muy amable viniendo a visitarme. Debería haberlo hecho yo antes, pero créame, he tenido un problema en el sótano y han sido unos días de auténtica locura.

—No se preocupe, lo comprendo. Soy muy consciente del problema que tienen estas casas en las tuberías por culpa de la presión. Para mí es genial que podamos ayudarnos entre vecinos. Si necesita lo que sea, no dude en pedírmelo.

Lo ha llamado senador. De pronto todas las piezas encajan.

El hombre del traje es el padre de Connor.

El famoso senador Carcetti del que su hijo me ha hablado y al que, por alguna razón, imaginaba bastante distinto.

Me quedo detrás de la columna, observándolos y tratando de reconstruir lo poco que he escuchado desde arriba.

Porque sigo sin entender una cosa.

¿Por qué ha salido mi nombre en esta conversación?

Estoy tan concentrada intentando captar lo que dicen que casi se me escapa un chillido cuando una voz a mi espalda me sobresalta.

—Además de ladrona, eres una sucia arpía.

Me giro de golpe y encuentro a Quinn sentada en el sofá, con los brazos cruzados sobre el pecho. Sigue siendo Quinn. No hay ni rastro de Natalie en esa mirada asesina que me atraviesa desde el otro lado del salón.

—Hola... Yo solo... he escuchado voces.

Ella ni se inmuta.

—Le has dicho a ese hombre que Luke iba a despedirte para que venga a ayudarte. Parece que es un hombre poderoso. ¿Por eso te has acercado a su hijo, buscona?

—Quinn, te estás equivocando. Yo no sé de qué va todo esto.

—¡No soy idiota, Avery! Robaste el collar de mi madre y resulta que tu amigo, ese lelo que se pasea por el barrio con cara de ser el dueño del mundo, tiene un padre senador al que has pedido que venga a defenderte.

—Yo no he hecho nada de eso.

Quinn se levanta. Lo hace con tanta rapidez que doy un paso atrás por puro instinto. Cruza el salón hacia mí y se planta frente a mi cara. Está tan cerca que termino desviando la mirada.

—Puede que consigas engañar a Luke, pero no lo conseguirás conmigo.

Me muerdo el labio para no responder. Podría decirle que fue ella misma quien me entregó ese collar.

Que Natalie me lo puso en las manos y me pidió que me lo quedara.

Pero no serviría de nada explicárselo y, después de la noche que he pasado, no tengo fuerzas para enfrentarme otra vez a ella.

Noto que los ojos empiezan a escocerme y hago un esfuerzo por contener las lágrimas.

En la entrada, Luke se despide del senador Carcetti con una sonrisa y un apretón de manos. Cuando vuelvo la cabeza, descubro que Quinn ya no está. Escucho sus pasos subiendo las escaleras con rapidez hasta desaparecer en la planta superior.

Luke cierra la puerta y se topa conmigo en el vestíbulo.

—Buenos días, Avery.

—Hola, señor Frost. He bajado para despedirme. Voy a hacer la maleta.

Lo digo deprisa y me giro antes de que pueda ver mis ojos. No me atrevo a mirarlo. Doy un paso hacia las escaleras, pero Luke me agarra de la mano con firmeza. Me detengo y enseguida me suelta.

—Espera.

Me vuelvo.

—El hombre que ha venido era el senador Carcetti. Es el padre de tu novio Connor —dice Luke.

Me gustaría aclararle por enésima vez que Connor no es mi novio, pero no tengo ánimo para discutir también sobre eso, así que me limito a asentir.

—Se ha presentado y me ha dicho que tú y su hijo tenéis una buena relación y que sería una verdadera lástima que tuvieras que abandonar Water Mill.

Alzo la vista de inmediato.

—Yo no he tenido nada que ver, señor Frost. Se lo prometo.

Luke me observa durante unos segundos.

—Lo sé.

No respondo.

—Siento lo de ayer —continúa Luke—. He estado pensando durante toda la noche y no tiene ningún sentido que robases ese collar. Natalie lo guarda en la caja fuerte y dudo mucho que una enfermera de Queens sepa descifrar códigos.

El alivio es inmediato. Tan intenso que durante unos segundos solo puedo mirarlo. Toda la presión que llevo acumulando desde ayer empieza a aflojarse dentro de mí.

—No hace falta que te vayas —sentencia—. Quiero que sigas trabajando con Natalie. Necesitamos tu ayuda.

Suelto el aire que estaba conteniendo y noto cómo se me caen los hombros.

Es maravilloso lo que acabo de escuchar.

Hace unos minutos estaba convencida de que volvería a Queens con la maleta y otro fracaso que añadir a mi colección.

Ahora Luke Frost acaba de decirme que puedo quedarme.

Que no tengo que marcharme de Water Mill.

—Gracias —consigo decir—. De verdad.

Luke sonríe, pero yo miro hacia las escaleras. La alegría dura poco al recordar quién está ahí arriba.

—Natalie sigue siendo Quinn y está muy enfadada conmigo. Cree que yo...

—Da igual lo que ella crea, Avery. Está enferma y tenemos que ser pacientes y ayudarla.

Lo miro y asiento. Se me escapa una sonrisa que él me devuelve con cierta timidez.

—Hoy voy a estar todo el día fuera. Necesito que cuides de ella. No estés muy encima, déjala hacer lo que quiera. Solo evita que se ponga en peligro.

—Por supuesto, señor Frost.

Luke asiente y se dirige hacia la puerta. Ya está a punto de salir cuando se detiene y se gira hacia mí.

—Luke —dice, y me guiña un ojo antes de marcharse.

Me quedo sola en el vestíbulo, viendo cómo la puerta se cierra tras él, con la sensación de que el día no podía haber empezado mejor.

Hace diez minutos estaba preparándome para regresar a Queens y ahora resulta que conservo el trabajo, puedo quedarme en Water Mill y, de repente, todos esos planes que anoche daba por perdidos vuelven a estar sobre la mesa. Incluido Connor.

Meto la mano en el bolsillo y saco el teléfono.

Estoy segura de que él ha tenido mucho que ver con lo que acaba de ocurrir.

No puede ser casualidad que, después de contarle anoche que Luke me había despedido, su padre haya aparecido esta mañana en la casa para convencerlo de que me deje quedarme. Quiero darle las gracias.

Y se me ocurren unas cuantas maneras de hacerlo que no necesitan palabras.

Busco su nombre entre mis contactos, pero justo antes de pulsarlo me detengo.

Hay algo que no encaja.

Vuelvo mentalmente a lo que Luke acaba de decirme. Eso de que Natalie guarda el collar en la caja fuerte y que por eso está convencido de que yo no lo pude robar porque, para ello, tendría que haber descubierto el código.

Efectivamente, yo no abrí ninguna caja fuerte. La realidad es que fue Natalie quien me entregó el collar.

Bajo lentamente el teléfono, dándole vueltas a este asunto.

Quinn aseguró que ese collar era un regalo de su madre y estaba completamente convencida de que yo se lo había robado.

Miro hacia las escaleras.

Pero si Natalie guardaba el collar de diamantes dentro de una caja fuerte...

¿Cómo podía Quinn saber siquiera que existía si ambas son, en teoría, personas distintas?