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Luke insiste en acompañarme hasta mi habitación, así que subo tras él por la escalera de madera que parte del recibidor.
La planta de arriba conserva el mismo aspecto extraño que el resto de la casa: demasiado bonita para estar todavía tan vacía.
El suelo es de roble claro, las paredes están pintadas de blanco y un pasillo largo comunica las habitaciones.
Hay cajas apiladas junto a la barandilla y varias lámparas todavía envueltas en plástico.
La luz entra por dos ventanales al fondo y consigue que todo resulte menos frío.
Luke me señala un baño, otra habitación que utiliza como despacho y, casi al final del pasillo, tres amplias habitaciones, una de las cuales será la mía.
Solo hay una puerta cerrada.
No necesito preguntarle qué hay detrás. Supongo que Natalie está ahí dentro.
O Quinn. Todavía no sé muy bien cómo debo referirme a ella cuando esa otra personalidad toma el control.
También deduzco que Luke y su mujer duermen en habitaciones separadas.
Tiene sentido. Si Natalie es Quinn la mayor parte del tiempo, imagino que Quinn tampoco entiende que Luke es su marido, mucho menos que se supone que debe compartir la cama con él.
La idea me produce una sensación extraña que prefiero no analizar mientras Luke me enseña mi habitación.
—Espero que estés cómoda aquí.
—Seguro que sí.
Y no miento. La habitación es mucho mejor de lo que esperaba.
Amplia, luminosa, con una cama que podría acomodar a tres personas y un armario empotrado que ocupa casi toda una pared.
Hay una cómoda, una butaca junto a la ventana y una pequeña mesa que puedo utilizar como escritorio.
Me acerco al cristal mientras Luke deja mi maleta junto a la cama.
Desde aquí se ve el bosque que rodea parte de la propiedad y, más allá de los árboles, otra casa enorme que debe de pertenecer a los Carcetti.
También distingo tejados y fachadas blancas a lo lejos, mansiones que emergen entre el verde y que desde esta altura parecen mucho más próximas de lo que probablemente están.
Desde este lado, no alcanzo a ver el mar, pero tampoco importa.
Podría acostumbrarme a despertarme con estas vistas.
Luke me dice que estará abajo si necesito algo y sale de la habitación. Escucho sus pasos alejándose por el pasillo y miro hacia la puerta cerrada de Natalie antes de cerrar la mía.
Pierdo de nuevo la vista en el paisaje que se ve a través de la ventana cuando algo llama mi atención en el límite del bosque.
Hay un hombre entre los árboles, justo donde termina el césped y comienza la zona boscosa. No va vestido como un jardinero. Ni siquiera como alguien que haya salido a dar un paseo.
Lleva un traje oscuro.
Desde aquí no puedo distinguir bien su rostro, aunque sí el sombrero negro que le cubre la cabeza, un fedora que le da un aspecto extrañamente elegante para estar plantado en mitad de ninguna parte. Permanece inmóvil, con los brazos a ambos lados del cuerpo.
Y está mirando directamente hacia la casa, lo que consigue que un escalofrío me recorra la espalda.
Me acerco un poco más al cristal, intentando averiguar quién es.
Quizá un vecino o alguien que conoce a Luke.
La realidad es que podría ser cualquiera, aunque ninguna de esas explicaciones justifica que esté allí, en el borde del bosque, sin hacer nada más que observar la casa de los Frost. Es un poco extraño.
Durante unos segundos no se mueve.
Yo tampoco.
No sé si puede verme desde esa distancia. La luz se refleja en los cristales y probablemente solo distinga las ventanas, pero tengo la incómoda sensación de que no está mirando la casa.
Está mirando esta ventana.
Entonces el hombre gira la cabeza hacia el bosque. Después se da la vuelta con una tranquilidad desconcertante y comienza a caminar entre los árboles.
No se apresura. No mira atrás.
Su figura oscura se interna poco a poco entre los troncos hasta que desaparece por completo.
Me quedo frente a la ventana unos segundos más, buscando algún movimiento entre las ramas que no aparece.
Me invade la inquietud. De repente me siento vulnerable.
Entonces pienso en el cerrojo de la puerta.
Me acerco y compruebo el pomo. Tiene cerradura, sí, pero no hay ninguna llave.
Busco alguna manera de bloquearla, algún pestillo sencillo, pero no encuentro nada.
No estoy del todo cómoda sabiendo que una mujer desequilibrada duerme en la habitación de al lado y que hay una especie de gángster suelto por el bosque.
Luke ha dicho que su mujer nunca ha sido agresiva, aunque también ha dicho que es impredecible, y esas dos afirmaciones constituyen una paradoja difícil de afrontar.
Podría pedirle una llave, claro. Solo que llevo aquí menos de una hora y no parece la mejor manera de comenzar.
Supongo que solo me queda confiar.
Saco los auriculares del bolso, me los pongo y busco algo de música en el teléfono.
Quizá esté exagerando y lo que necesito es dejar de darle vueltas a todo.
A Natalie, a Quinn, a mi nuevo trabajo y al hecho de que voy a pasar los próximos meses viviendo en una casa con dos completos desconocidos.
Subo un poco el volumen y abro la maleta.
No he traído demasiado. Cuando cuelgo mis cuatro pantalones en aquel armario enorme, el resultado es bastante cómico.
Ocupan una esquina diminuta y todavía sobra espacio suficiente para guardar la ropa de una familia entera.
Me entretengo colocando el resto de mis cosas.
Doblo camisetas, dejo la ropa interior en uno de los cajones y pongo el neceser sobre la cómoda.
La habitación necesita algo de limpieza.
Hay polvo en los estantes y pequeñas marcas en el suelo donde debieron de estar colocados otros muebles en su día.
Estoy pasando un pañuelo por el interior de uno de los cajones cuando creo escuchar algo.
Me detengo.
La música continúa sonando en mis oídos. Me quito uno de los auriculares.
Silencio.
Estoy a punto de volver a ponérmelo cuando un golpe brutal retumba en alguna parte de la casa.
Me estremezco y doy un paso atrás.
Otro golpe.
Este es todavía más fuerte.
Me quito el segundo auricular y me quedo inmóvil junto a la cómoda.
De pronto llegan varios seguidos. Golpes secos, violentos, separados por intervalos irregulares.
Retrocedo por instinto hasta quedar arrinconada entre la cama y la pared, con el teléfono apretado en una mano mientras intento averiguar de dónde vienen.
Entonces recuerdo lo que me ha dicho Luke.
Está en el sótano. Tiene que arreglar un problema con las cañerías.
Sí, claro. Es eso.
Suelto el aire y me obligo a relajar los hombros.
Una casa como esta tendrá tuberías por todas partes y Luke debe de estar golpeando alguna pieza o intentando desmontar algo.
No sé absolutamente nada de fontanería, así que cualquier explicación me sirve.
Los golpes continúan durante los siguientes diez minutos, unas veces más fuertes y otras más espaciados, hasta que consigo acostumbrarme a ellos.
Incluso vuelvo a colocar algunas cosas en el armario.
Cuando termino, miro la maleta vacía sobre la cama y me siento un poco inútil.
Luke está abajo peleándose con las cañerías, la casa sigue llena de cajas y ni siquiera tienen comida.
Quizá debería echarle una mano. Puedo ayudarlo a desempaquetar o acercarme a alguna tienda y comprar algo para cenar.
Lo que sea será mejor que quedarme aquí encerrada escuchando martillazos y pensando en Natalie.
Guardo el teléfono en el bolsillo, dejo los auriculares sobre la cómoda y voy hacia la puerta.
Giro el pomo.
Pero no se abre.
Arqueo las cejas y vuelvo a intentarlo, esta vez con más fuerza.
Nada.
Miro la cerradura. Después el pomo.
Tiro de él una vez más.
Estoy encerrada.