La última casa de Water Mill (Turno de noche 2) 3 #2
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Aparecen decenas de personas con ese nombre repartidas por todo el país.

Un dentista de Ohio, un entrenador personal de California, un profesor universitario y varios perfiles que no tienen fotografía.

Entro en LinkedIn y continúo buscando. Reviso todos los resultados que parecen encajar por edad, ubicación o profesión, pero ninguna de las fotografías corresponde al hombre que acaba de aparecer cubierto de polvo en estas escaleras.

Tampoco encuentro a ninguna Natalie Frost que se parezca a la mujer que acabo de conocer.

Curioso.

Estoy terminando de revisar los últimos resultados de LinkedIn cuando una voz a mi espalda me sobresalta.

—Siento haberte hecho esperar, Avery. Por favor, siéntate.

Me giro.

Luke está en el umbral del salón. Se ha lavado las manos, aunque conserva la camiseta sudada y los pantalones cubiertos de polvo. Señala uno de los sillones.

Bloqueo la pantalla del teléfono y me lo guardo en el bolsillo.

—Claro.

Me siento mientras él ocupa el sillón de enfrente. Luke se inclina ligeramente hacia delante y entrelaza las manos. Yo fuerzo una sonrisa, intentando recuperar la normalidad que este encuentro debería haber tenido desde el principio.

Él suspira.

—Lamento mucho que hayas conocido a Natalie de esta manera y te pido disculpas por mi aspecto. La verdad es que no recordaba que venías hoy.

—Lo siento yo también. Quizá debería haberle avisado antes para confirmar la hora de llegada.

Luke hace un gesto con la mano, restándole importancia.

—Te ofrecería algo de comer, pero creo que tendremos que pedir hasta la comida. Ni siquiera he ido a comprar todavía. Detesto las mudanzas.

—El infierno debe de ser un sitio donde te obligan a mudarte constantemente.

Mi comentario le hace reír y noto cómo se rebaja la tensión.

Agradezco que lo haga. Después del recibimiento de Natalie, empezaba a preguntarme seriamente si aceptar este trabajo había sido una de esas decisiones impulsivas que dentro de unas semanas recordaré preguntándome en qué demonios estaba pensando.

Ahora que lo tengo sentado frente a mí puedo observarlo mejor.

Luke es atractivo, de eso no hay duda. Alto, ancho de hombros, con el pelo oscuro algo revuelto por el trabajo que estuviera haciendo en el sótano y unas facciones marcadas que le dan un aspecto más joven de lo que imaginé.

Empiezo a empatizar con él. Incluso me da un poco de pena su situación.

Solo hay que levantar la cabeza y mirar esta casa para comprender que, probablemente, podría tener casi cualquier cosa que quisiera. Es guapo, rico y parece inteligente.

¿Qué más se puede pedir? Aunque supongo que la mente no distingue entre clases.

Debe de ser muy complicado convivir con algo así.

—¿Echarás de menos Nueva York? —me pregunta—. ¿Cómo se han tomado tus padres que vengas a Water Mill?

Me encojo de hombros.

Podría contarle que estoy encantada de distanciarme de mis padres.

Que detesto vivir en una casa donde me gritan por cualquier asunto, donde cada decisión que tomo se somete a juicio y donde todavía me tratan como si tuviera quince años en lugar de como una mujer adulta.

Pero sospecho que esa no es la clase de conversación que una empleada mantiene con su jefe.

—Está relativamente cerca. Mis padres están felices por mí y me ilusiona mucho este trabajo.

Miento de maravilla, la verdad.

Luke me observa mientras se lleva una mano a la barbilla.

No resulta intimidante, pero tengo la sensación de que me examina, intentando averiguar cuánto hay de cierto en lo que acabo de decir.

Es curioso que un hombre que presumiblemente tiene dinero y poder suficientes para conseguir casi todo lo que quiere, sea capaz de hacerme sentir tan cómoda.

Aunque quizá no sea mérito suyo. Quizá solo estoy aliviada porque Natalie se encuentra en otra planta de la casa.

Y tengo que controlar eso, porque he venido precisamente para cuidar de ella.

—Hay algo importante para mí —dice Luke—. Necesito que seas sincera conmigo y me digas cuánto tiempo pretendes quedarte.

Arrugo la frente, contrariada.

—¿A qué se refiere, señor Frost?

—Llámame Luke, por favor. —Se acomoda en el sillón—.

Lo que quiero decir es que eres enfermera.

Soy muy consciente de que este no es el trabajo de tus sueños y de que probablemente lo consideres una transición.

Sé que tarde o temprano querrás trabajar en un hospital, en Urgencias o en una UCI, rodeada de tensión y momentos críticos que, por algún motivo que desconozco, parece ser lo que os gusta a las enfermeras...

Sonrío, pero esta vez no contesto enseguida.

En esto no quiero mentirle.

No sería justo prometerle más de un año si sé que probablemente no estaré aquí tanto tiempo. Luke necesita organizar su vida y asegurarse de que su mujer esté atendida.

—Quiero serle sincera, señor Frost.

—Luke.

—De acuerdo, Luke. —Me acomodo en el sillón—.

Mi intención es trabajar en un hospital dentro de un año.

Quiero empezar de cero en un lugar nuevo y todavía tengo que decidir cuál será.

No quiero precipitarme y ese es uno de los motivos por los que he aceptado este trabajo.

Water Mill es un sitio maravilloso y creo que trabajar aquí me dará tiempo para tomar esa decisión. Espero que eso no sea un problema.

Luke no responde de inmediato. Baja la mirada hacia sus manos entrelazadas y mueve lentamente los pulgares.

—Un año... —balbucea.

Ahí está.

Supongo que ahora viene el momento en el que me dice que ha sido un placer conocerme, pero que esto no va a funcionar.

Que la enfermedad de su mujer no va a desaparecer dentro de doce meses y necesita a alguien dispuesto a quedarse mucho más tiempo.

Alguien que conozca a Natalie, que se gane su confianza y que pueda hacerse cargo de ella sin que Luke tenga que volver a buscar una enfermera justo cuando empiecen a acostumbrarse la una a la otra.

No podría reprochárselo.

Luke levanta la mirada.

—Supongo que, en ese caso, será mejor que te hable de Natalie.