Chapter 6
Todo se complica con un té en el patio
El sol de la mañana caía sobre el patio.
Estaba sentada bajo el emparrado, con una taza de té entre mis dedos que ya se había enfriado, observando cómo las abejas se movían perezosas entre las rosas.
Todo parecía tan tranquilo, tan absurdamente normal, que por un momento pude fingir que la noche anterior no había ocurrido.
No dormí bien. En mi cabeza seguía rondando la duda de que pasó ayer en la fiesta, y Rosso apartándome del peligro antes de que yo misma comprendiera que lo había pasado.
Deseaba que ya apareciera con noticias o eso fue lo que me dijo que iba a hacer antes de desaparecer como es su costumbre.
-Buenos días, princesa-
Mi té se derramó del movimiento involuntario al escuchar su voz, voz que le faltaba su tono de burla habitual.
Eso me hizo levantar la vista de inmediato.
Rosso tenía el cabello peinado hacia atrás, y ropa sucia de ayudante de alguacil, como si llevara esa ropa por días, y una expresión que no le había visto antes, tensa alrededor de la boca, donde normalmente descansaba esa sonrisa torcida.
-¿Qué pasó? - Dejé la taza sobre la mesa de hierro forjado con un golpe seco.
Él no respondió de inmediato.
Se acercó, apoyó ambas manos en el respaldo de la silla frente a mí, y por un instante pareció buscar las palabras correctas, algo tan impropio de él que provocó que el estómago se me encogiera y dejará un frío en su lugar.
-Sotto está muerto- dijo al fin, sin rodeos - Lo que alteró la fiesta anoche fue que él empezó a vomitar sangre en medio del salón, lo atendieron rápidamente los médicos pero no fue suficiente, falleció en la madrugada de hoy… Veneno. Alguien se lo dio anoche, en el baile.-
Las palabras me llegaron como si las hubiera dicho en otro idioma. Sotto ...
-No- Mi propia voz me sonó extraña, lejana- No, eso no puede... él estaba bien, yo lo vi, platicamos sobre mi padre…-
La vista se me nublo.
-...y el estaba asustado, de que la revuelta fuera algo interno en el reino…-
-Elise.- Su mano se cerró sobre la mía, sobre la mesa, con una firmeza que me obligó a callar.
No me había dado cuenta de que estaba temblando hasta que sentí lo quieto que estaba él en comparación.
-Mírame- ordenó, y lo hice, porque en su voz había algo que no admitía desobediencia. -Respira. Otra vez. Así.-
Sentí que el aire volvía a mis pulmones de a poco, como si hubiera olvidado cómo hacerlo.
Las manos me temblaban todavía, ahogue un grito despacio, como si el patio entero se hubiera vuelto de agua.
-Él no tenía nada que ver con esto…- susurré- …él solo quería pintar, escribir canciones y tocar su laud, a él no le importaba el dinero ni los dramas políticos -
-No es tu culpa.-
-¡Es mi culpa, Rosso! Mi responsabilidad, y no vi nada, no sospeché de nadie, estaba tan ocupada preocupándome por mis padres que no me detuve a mirar a nadie más-
Me detuve, avergonzada de mí misma, mi mandíbula se apretó tan duro que no dejó salir ni una palabra más.
Rosso no me soltó la mano.
En cambio, se sentó en la silla frente a mí, tan cerca que nuestras rodillas casi se tocaban, y bajó la voz a un tono grave y pausado.
-Escúchame bien, porque no voy a repetirlo dos veces- Sus ojos brillaron más intensos - Llorar por Sotto puedes hacerlo después, si quieres, y no te lo voy a impedir. Pero ahora mismo necesito a la Elise que piensa, no a la que se derrumba. ¿Puedes?-
Tragué saliva. Asentí, aunque no estaba del todo segura de poder cumplir esa promesa.
-Bien- continuó- Entonces piensa conmigo. ¿Quién tenía motivos para querer muerto a Sotto?-
-No... no lo sé, él era leal a la corona-
- Mencionaste que estaba indagando sobre la revuelta del sur-
Cerré los ojos, intentando reconstruir todo lo que me dijo - Si, el regreso de la frontera con la sospecha de que alguien del reino pasa informacion o dinero a los rebeldes -
-¿Y alguien los escuchó hablar?-
- No… si, el príncipe Aurelio apareció de repente para invitarme a bailar-
- Excelente memoria - Me interrumpió, aunque esta vez su tono se suavizó un poco, casi como una disculpa por la dureza anterior- No busco que resolvamos esto en un segundo.
Tenemos que preguntarnos ¿Porque el príncipe estaría a favor de la revuelta?
¿Y la ganancia para el es tan buena como para matar a un heredero de un señor de estado?
Y más importante ¿Esta relacionado con tu asesino? -
Algo en mi pecho se apretó -¿Crees que todo esté relacionado?- pregunté finalmente, en voz más baja, como si el patio entero pudiera escucharnos.
-No lo sé- admitió Rosso, y esa honestidad, viniendo de un hombre que normalmente ocultaba más de lo que mostraba, me asustó más que cualquier otra cosa que hubiera dicho hoy - Pero si es la misma mano, entonces no busca solo asustarte a ti.
Busca algo más grande. Sotto era demasiado importante, demasiado bien protegido, para que lo mataran solo para mandarte un mensaje a ti, princesa.
Esto es sobre otra cosa. Sobre Aurelio, sobre la revuelta, sobre algo que no alcanzamos a ver todavía. -
-¿Y mis padres?- La pregunta salió antes de que pudiera detenerla, cruda, temblorosa. -¿Están en peligro?-
-Tus padres tienen un ejército entero cuidándolos- Noté que evitó decir que no corrían peligro- Tú tienes solo paredes y sirvientes que ni siquiera conoces bien.
Por eso necesito que pienses, Elise. Cada detalle.
Cada mirada rara, cada conversación que no debiste escuchar, cada quien se acercó demasiado a esa mesa. Todo eso importa ahora.-
Asentí de nuevo, y esta vez sentí que algo distinto se encendía dentro de mí, algo más parecido a la determinación que al miedo. Tal vez era, simplemente, que no soportaba la idea de quedarme sentada esperando a que alguien más resolviera lo que estaba ocurriendo.
-Está bien- Con mi voz más firme - Voy a pensar. Voy a recordar y me voy a fijar en cada maldito detalle si es necesario. Pero tú también vas a contarme lo que tú sabes, Rosso, sin dejarte cosas en el tintero como sueles hacer.-
Y su sonrisa habitual volvió a asomarse, aunque no llegó del todo a sus ojos.
-Trato hecho, princesa.-
Nos quedamos así un momento, sus dedos todavía entrelazados con los míos sobre la mesa fría, el patio en silencio salvo por el murmullo distante de los sirvientes que empezaban su día sin saber todavía la noticia que pronto correría por toda la mansión.
Fue entonces cuando lo miré, y noté el cansancio bajo sus ojos rojos, las líneas tensas de su mandíbula, el peso de no haber parado en días, de algo que llevaba cargando desde antes, solo para venir a decírmelo él mismo y tranquilizarme.
-Rosso- Susurré suavemente- ¿Tú estás bien?-
Algo cambió en su expresión. Por un segundo, el guardaespaldas seguro y burlón desapareció, y quedó solo un hombre cansado, mirándome como si yo fuera lo único que lo mantiene despiertao en un mundo que se ha vuelto más oscuro con cada día que pasa.
-No especialmente- Se asomó una honestidad que no era propia de él.
El se movió, fue lento y suave, y aún así no me dio tiempo de reaccionar.
Solo entendí en un momento estaba sentada, preocupada, tomándole la mano, y al siguiente sus dedos habían dejado los míos para sujetarme suavemente por la nuca, y su boca estaba sobre la mía antes de que pudiera siquiera procesar lo que estaba ocurriendo.
Fue un beso corto, urgente, casi desesperado, como si necesitara comprobar que yo seguía ahí, entera, respirando, viva.
Sus labios sabían a sal, y en ese segundo entendi, intente apartarme, no porque no lo quisiera besar, era porque estábamos en plena vista, en el jardín, cualquier criada podría vernos.
Intente apartarme y el undio más el beso y su mano sujeto más intensamente mi nuca.
Mordió mi labio, casi tocando la línea de volverlo doloroso.
Y se apartó, no se disculpó. Simplemente se quedó ahí, tan cerca que sentí su aliento contra mi mejilla, con los ojos rojos fijos en los míos, lo empuje con brusquedad y me levanté, para darle la espalda dirigiéndome a la mansión.
No volteé a verlo, ni le dije palabra alguna, aún cuando todo mi cuerpo quería hacerlo.