Chapter 5 #2
Pero no podía permitirme distracciones - Lord Magno, ¿sabe si Sotto... quiero decir, el señor Bossofondo, está ya en la sala? Necesito hablar con él urgentemente.-
Magno parpadeó, sorprendido por mi franqueza.
-Creo que está en el jardín interior - Señalando una puerta abierta al fondo de la sala - Dijo que necesitaba... aire fresco. Pero no estoy seguro. Tal vez debería esperar aquí, señorita. La orquesta va a comenzar pronto.-
-Gracias, Lord Magno. Usted es muy amable - Y antes de que él pudiera ofrecerme el brazo, ya me estaba alejando sin ninguna elegancia.
Sentí una mezcla de alivio y culpa al dejarlo atrás, pero la urgencia era más fuerte que cualquier consideración.
Me abrí paso entre los invitados, esquivando a un grupo de señoras que cuchicheaban detrás de sus abanicos y a un caballero que intentaba captar mi atención con una copa de vino.
Mi corazón latía con fuerza. La ansiedad me oprimía el pecho, y mis manos sudorosas se aferraban a los pliegues de mi vestido como si fuera a sostenerme si mis rodillas temblorosas fallaban.
Fue entonces cuando, al pasar junto a una mesa cubierta de bandejas de plata, sentí que alguien me tomaba del brazo con firmeza. Mi primer instinto fue soltarme, pero la voz que escuché al oído me detuvo en seco.
-No te gires, princesa. Soy yo.-
Mi corazón dio un vuelco tan violento que casi me desmayo. Reconocí aquella voz, aquel tono burlón que me exasperaba y me gusta a partes iguales.
Un escalofrío recorrió mi espalda, y sentí que las mejillas se me encendían.
-Rosso - susurré, sin volverme - ¿Qué haces aquí? Dijiste que no vendrías.-
-Dije que no te acompañaría en el carruaje - corrigió, y su aliento rozó mi oído, enviando un temblor a todo mi cuerpo - No dije que no estaría cerca. ¿Crees que iba a dejar que vinieras sola a esta trampa?-
Me giré lentamente, y lo que vi me dejó sin aliento.
Rosso llevaba el uniforme de los sirvientes de los Bossofondo: una chaqueta negra sencilla, pantalones grises y un delantal blanco que le cubría la cintura.
Su cabello, normalmente despeinado con descuido, estaba recogido en una coleta baja, y las pequeñas perlas de sudor en su frente, lo hacían totalmente creíble.
Solo sus ojos, aquellos ojos rojos que ardían como brasas, eran inconfundibles.
-¿Estás... estás de mesero? - Pregunté, apenas capaz de contener una risa nerviosa.
La tensión en mis hombros se alivió un poco al verlo, y sentí una oleada de gratitud que no supe cómo expresar.
- Me adapto - Guiñó un ojo, y en sus ojos rojos brilló ese destello de picardía que me volvía loca, para bien y para mal - Además, es la mejor forma de moverme sin que nadie sospeche. Los sirvientes son invisibles para la nobleza.-
-Eso es increíblemente astuto.-
-Ya lo sé. - Se inclinó hacia mí, y su voz se volvió grave, seria.
De repente, la burla desapareció de su rostro, y vi preocupación genuina - Escúchame, no tengo mucho tiempo.
He estado husmeando entre los empleados de la mansión, y algo no me gusta.
He oído rumores de que hay gente extraña que ha sido contratada para esta noche.
Gente que no trabaja aquí normalmente. No sé si sean asesinos, o espías, o simplemente ladrones, pero no me fío. -
Sentí que el miedo se apoderaba de mí. Mis manos empezaron a temblar de nuevo, y el nudo en mi estómago se apretó con fuerza.
-¿Qué quieres que haga?-
-Encuentra a Sotto, saca la información que necesitas, y luego sal de aquí. No te quedes ni un minuto más de lo necesario. Yo estaré vigilando, pero si las cosas se ponen feas, desaparecemos sin pretextos -
-Entendido - Apreté los puños para ocultar el temblor de mis manos—. Encontraré a Sotto y me iré.-
-Bien. - Rosso dio un paso atrás, y su sonrisa burlona volvió a aparecer. Pero yo ya había visto la preocupación en sus ojos, y eso me inquietaba más que cualquier amenaza - Y, Elise... no hagas nada que yo no haría. O mejor, hazlo. Así tendré una excusa para sacarte de aquí entre gritos.-
Antes de que pudiera responder, él ya se había desvanecido entre los invitados, llevando una bandeja vacía como si toda su vida hubiera sido mesero.
Sentí que una parte de mí quería seguirle, agarrarle del brazo y pedirle que me llevara lejos de allí. Pero no podía.
Tenía que ver a Sotto.
El jardín interior de los Bossofondo era un remanso de paz en medio del bullicio del baile.
Un pequeño estanque con peces de colores ocupaba el centro, rodeado de bancos de piedra y enredaderas de jazmín.
Y allí, sentado en uno de los bancos, con la mirada perdida en el agua, estaba Sotto Bossofondo.
Sentí que un nudo se deshacía en mi pecho al verlo. Era exactamente como lo recordaba: rellenito, con esa complexión suave que desmentía la dureza de su linaje.
Su cabello, de un rubio castaño claro, caía en una trenza suelta sobre su hombro, y sus ojos, de un azul pálido y humilde, se alzaron para encontrarse con los míos cuando me acerqué.
Llevaba una saco azul marino, algo desgastada en los codos, y su mano derecha descansaba en un cabestrillo de tela blanca que le sujetaba el brazo. Verlo herido me hizo sentir un nudo en la garganta.
-¿Elise?- Su voz era tan suave y tranquila como siempre. - Sabía que vendrías.-
-Sotto - No pude evitar que mi voz temblara ligeramente. Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas, y tuve que hacer un esfuerzo consciente para contenerlas - Estás... estás herido.-
Él miró su brazo con una sonrisa apenada.
-No es nada grave. Una flecha, en la frontera. Se infectó un poco, pero ya está sanando. El médico dijo que en dos semanas podré tocar el laúd de nuevo.-
Me senté a su lado, y por un momento, el ruido del baile se desvaneció.
Solo existía el murmullo del agua, el canto de los grillos, y la presencia de mi amigo de la infancia.
Tomé su mano sana entre las mías, y sentí que la calidez de su piel me transmitía.
-Por favor, Sotto… Dime cómo están mis padres. ¿Están bien? Dime la verdad, no me mientas para protegerme.- Lo dije sin contenerme, la situación lo ameritaba.
Sotto suspiró, y sus ojos azules se llenaron de una tristeza profunda. Ver ese dolor en su rostro me hizo temer lo peor.
- Tu padre estaba... cansado. Muy cansado. Pero vivo. Tu madre, también. La guerra se está alargando más de lo que nadie esperaba.-
-¿Y las bajas? - Con la voz entrecortada. Sentía que el corazón se me salía del pecho - ¿Hay muchas?-
-Demasiadas - Su apretón en mi mano fue un gesto de consuelo. Sus dedos eran suaves, pero firmes - Pero tus padres están a salvo, y todos queremos que este conflicto ya termine.-
Sentí que las lágrimas me quemaban los ojos, pero me las contuve.
No podía llorar, no allí. Respiré hondo, sintiendo que el aire entraba en mis pulmones como un bálsamo.
-¿Y la situación? - Insistí, apretando su mano con más fuerza - ¿Cómo está realmente?-
Sotto bajó la mirada.
-Complicada. La revuelta cuenta con el apoyo de mercenarios, como ya sabes. Pero hay algo más, Elise. Algo que no me atreví a decirle a nadie hasta estar seguro.-
-¿Qué es? - Mi voz era apenas logró salir de mi boca.
-He oído rumores de que hay alguien dentro del reino que está financiando a los rebeldes. Alguien con poder. Alguien que quiere debilitar a los señores de estado para que el reino dependa solo de la corona.-
Sentí que el corazón se me paraba. Mi mano empezó a temblar sobre la de él.
-¿Quién?-
-No lo sé. Pero mi padre, junto con el tuyo, aprovecharon mi herida para enviarme aquí y encontrar cualquier cosa que nos dé alguna pista, por eso es este baile, tan apresurado… y no me siento capas de hacer algo asi- Se detuvo de golpe y sus mirada se tenso.
Antes de que pudiera preguntarle que lo asusto, una voz serena y melodiosa cortó el aire a nuestras espaldas.
-Señorita DeMonety. Qué placer encontrarla en el jardín. No sabía que usted y Sotto eran tan cercanos.-
Me giré, y mi corazón dio un vuelco al ver al príncipe Aurelio Deloro, con su cabello dorado y su sonrisa encantadora perfectamente colocada.
Vestía un traje de satén blanco con bordados plateados, y sus ojos ámbar me miraron con esa intensidad serena que estoy segura que desarmaba a cualquier señorita del reino.
-Su Alteza - Me puse de pie y haciendo una reverencia. Mi voz sonó más firme de lo que me sentía—. No esperaba verle aquí.-
-He venido para honrar a los Bossofondo - Su voz parece de seda - Pero también para verla a usted, Elise. Cada vez que la veo, me parece más hermosa que la vez anterior. ¿Me concedería el honor de un baile?-
Miré a Sotto, que asintió con una sonrisa de complicidad.
-Ve, Elise. Yo me quedaré aquí un rato más.-
No podía negarme a un príncipe. Con un suspiro interior, tomé la mano que Aurelio me ofrecía y me dejé conducir de vuelta al salón.
La música comenzó a sonar, una danza lenta y elegante que permitía a las parejas conversar mientras giraban.
El príncipe y yo nos movimos al compás con una fluidez que parecía ensayada, y yo me esforcé por recordar los pasos porque mi mente seguía en las palabras de Sotto.
El rumor de un conspirador financiando a los rebeldes se repetía en mi cabeza como un eco obsesivo.
-Parece preocupada, Elise - Inclinándose hacia mí. Su aliento olía a menta y vino especiado, y su voz era tan suave que casi lograba calmarme - ¿Es por sus padres?-
Levanté la mirada, sorprendida por su perspicacia.
-Sí, Alteza. Sotto me ha dado noticias, pero... la situación es complicada.-
-Lo sé. Mi padre también está preocupado.
La revuelta en el sur le quita el sueño, y no solo por las bajas, sino por lo que significa para la estabilidad del reino.
- Sus dedos apretaron ligeramente mi mano, y sentí que su contacto era cálido, reconfortante - Por eso frecuenta la frontera llevando nuevas tropas, para terminar todo este embrollo rápido -
No dije nada por miedo de que se me quebrara la voz, fueron mis ojos los que me traicionaron al llenarse de lágrimas de nuevo, y tuve que desviar la mirada para no llorar.
El príncipe lo noto.