16 #2
El titular me hace fruncir el ceño.
«X ander C ole de vuelta en las calles , ¿ nueva conquista para el golden B oy de los T itans ?».
Click.
La imagen me golpea en el estómago como una bola de demolición.
Xander, con la misma ropa que llevaba anoche, saliendo del local con su grupito del equipo. Y una chica. Morena, alta y demasiado pegada a él. Lo agarra del brazo y se estira para besarle el cuello. Él está mirando hacia otro lado. No parece responderle. Pero la foto es jodidamente ambigua.
—Venga ya… —murmuro, dejando la taza sobre la encimera con más fuerza de la necesaria.
Cierro la tablet, la vuelvo a abrir para ver la imagen, como si pudiera cambiar algo en ella. Como si al observarla más despacio fuera capaz de descubrir lo que pasó en realidad.
Y lo peor es que una parte de mí lo sabe. Lo conozco. Xander no es así. Y mucho menos conmigo. Pero la imagen está ahí. Y la prensa no perdona.
Suspiro. Me vuelvo hacia el pasillo, desde donde aún no se oye ni un ruido. Sigo intentando convencerme de que fue un mal ángulo, un mal momento. Que fue ella la que se le lanzó sin permiso. Que él ni se enteró.
Pero también me hierve la sangre. Porque aunque haya sido algo sin importancia, ahora está por todos lados. Y eso lastima.
Cuando Xander aparece por fin en la cocina, despeinado, en pantalón corto y con cara de niño medio dormido, sonríe al verme. Yo también sonrío. Pero es ese tipo de sonrisa que duele en los bordes.
—Buenos días, dormilón. ¿Te lo pasaste bien anoche? —pregunto, dándole la taza de café que ya le tenía lista.
—Mmm…, sí. Aunque no sé cómo llegué a casa. ¿Volé? —bromea, y se rasca la cabeza, sentándose en el taburete.
—Seguro que alguien te dio alas. —Levanto una ceja, cruzándome de brazos.
—¿Eh?
—Nada. Ya vi que no estuviste solo. —Le pongo la tablet delante con la pantalla encendida. Justo en la foto.
Xander frunce el ceño y coge el dispositivo. Lo mira. Luego me mira a mí.
—Gia… Esto no es lo que parece.
—¡Vaya frase de mierda para empezar! —suelto, dando un paso atrás—. Ya sé que no lo es. Sé que no eres tan idiota como para dejarte besar por otra en mitad de una jodida calle con fotógrafos alrededor.
—Esa tía se me tiró encima. No sabía ni su nombre. Juro que fue cuestión de segundos, ni la vi venir.
—¿Y eso tengo que explicarlo yo ahora? ¿Tengo que leerlo en los comentarios? ¿Aguantar los titulares que me señalan a mí?
—Gia… —Xander se levanta, se acerca despacio, temiendo asustarme—. ¿De verdad dudas de mí por esto?
Por dentro quiero creerlo. Pero la imagen sigue ahí. Ardiendo.
—No. No dudo de ti. Pero no me gusta cómo se ve. No me gusta cómo me hace sentir. Y no me gusta que el mundo entero lo esté viendo y lo esté comentando.
Él asiente, serio. Se pasa una mano por el pelo y suspira.
—Te prometo que no fue nada. Y si quieres, ahora mismo subo un video diciendo que estoy contigo, que te amo, y que cualquiera que se acerque sin permiso se come una demanda.
—No hace falta montar un show . Solo… ten cuidado. Porque yo te conozco. Pero ahí fuera, no.
Xander me abraza, y aunque mi cuerpo está tenso al principio, termino apoyando la frente en su pecho.
Él me besa el pelo.
—Te amo, ¿vale?
—Lo sé. Solo no me hagas tener que recordármelo con una foto así, otra vez.
He estado toda la mañana en la oficina, intentando concentrarme.
Pero las imágenes siguen ahí. Cada vez que abro el móvil, me sale algún meme nuevo, alguna cuenta de cotilleo que hace zoom en el rostro de la chica, o en la cara de Xander, o incluso en mi perfil, etiquetado con un corazón roto. Patético.
La vibración del móvil me saca de mis pensamientos.
Savannah: Tía…, ¿lo has visto? ¿Estás bien? ¿Qué coño pasó anoche?
Gia: Luego te llamo, ¿vale? Tiene explicación. Solo necesito que me des un rato.
Suspiro. La quiero. Pero ahora mismo no tengo ni ganas ni claridad mental para dar explicaciones.
Bloqueo la pantalla y dejo el móvil boca abajo, sintiéndome expuesta. Como si de pronto todo el mundo me estuviera observando, esperando que haga o diga algo.
Pero pienso en Xander. Con él me siento genial. Nunca me había sentido así con nadie. Pero a veces, cuando algo va demasiado bien… empiezas a temer que se rompa. Y sobre todo cuando tu relación la conoce todo un país.
No debería pensar así. Pero la verdad es que el amor también da vértigo. Y amar a Xander es como estar al borde de un acantilado con los pies descalzos, con el viento en contra y el corazón latiéndome en la garganta.
No hay red. No hay garantías. Solo fe. Y ganas.
Vuelvo a suspirar, me ajusto la coleta y le echo un vistazo al reloj. Es tarde. Otra vez.
En la oficina todo está como siempre. Pantallas encendidas, gente entrando y saliendo, el zumbido de fondo de las impresoras y esa energía medio caótica que flota cuando hay fechas límite cerca.
Me pierdo en mi trabajo durante horas, editando fotos, respondiendo correos, organizando las próximas ruedas de prensa del equipo.
Hasta que aparece Marcus.
—Buenas, Clarke. —La voz de mi jefe hace que me gire hacia la puerta de su despacho—. ¿Puedes venir un momento?
Me levanto con el iPad en mano y entro. Marcus me observa con esa sonrisa suya que siempre me ha parecido… incómoda. Demasiado blanqueada. Demasiado calculada.
—¿Va todo bien? —pregunta, con tono distendido, aunque su mirada baja brevemente a mis piernas antes de volver a mis ojos.
—Sí. Perfectamente —contesto, un poco tensa.
—Hoy estás especialmente guapa.
Lo dice como quien comenta el clima, con una normalidad que no me gusta.
Fuerzo una sonrisa educada.
—Gracias.
—¿Tienes planes para comer? —pregunta después, con esa falsa naturalidad que ya empiezo a anticipar.
—Sí —miento—. He quedado con alguien.
No es cierto, pero no me apetece jugar con ambigüedades. Marcus no es estúpido. Y si algo he aprendido de este tipo de hombres es que la única forma de pararles los pies es no darles espacio ni margen.
Él asiente; finge que le da igual, pero noto su mandíbula tensarse un poco.
—Esta mañana he visto lo de tu chico. El quarterback, ¿no? — dice, revisando unos papeles para simular que no le importa, pero claramente está disfrutando del tema—. Vaya fiestecita se montó. Aunque si te soy sincero…, no sé qué hace un tipo como ese con alguien como tú.
Levanto una ceja.
—¿Alguien como yo?
—No te ofendas. Eres lista, profesional, seria… Él es más de otra clase de ambiente. Fiesta, fama, chicas… Ya sabes. Tal vez deberías considerar otras opciones. —Se apoya sobre el escritorio, demasiado cerca—. Alguien que te valore por algo más que tus curvas.
Se me revuelve el estómago. No por lo que insinúa de Xander, sino por lo que está haciendo él.
—Señor, ¿necesita algo o solo quiere soltarme indirectas baratas?
Él sonríe, pero se tensa un poco.
—Tranquila. Solo hablaba. Pero si alguna vez quieres tomarte algo después del trabajo y despejarte…, ya sabes dónde encontrarme.
Le sostengo la mirada con frialdad, sin decir nada. Y salgo del despacho.
Intento no darle más vueltas y me sumerjo de nuevo en mis tareas. Pero cuando levanto la vista, me encuentro con Xander apoyado en la entrada de la oficina, observándolo todo desde el pasillo.
Concentrado directamente en Marcus.
Y en cuanto nuestros ojos se encuentran, lo sé.
Lo ha visto.