La última apuesta 7 #3
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7 #3

Ella tiene la boca entreabierta, y se muerde el labio de vez en cuando. Se arquea hacia mí y su respiración cada vez es más agitada.

Saco el dedo, brillante por sus flujos, y le meto un segundo dedo.

Más profundo. Más intenso. Comienzo despacio, y mi lengua juega con su clítoris hinchado.

Ella gime mi nombre. Y eso me vuelve loco.

Mis labios suben hasta su vientre, su ombligo, luego su cuello. La voy besando y ella no deja de gemir.

—Joder, nena… —le susurro al oído—. Sabes tan bien… Tenía tantas ganas de sentirte así… Toda para mí.

Ella me besa con ansia, baja una mano y me agarra la polla por encima del vaquero.

La embisto con los dedos más fuerte y ella se estremece.

—Estás tan mojada… —Le muerdo la oreja—. Y tan apretada. Tu coño es una puta maravilla, Gia.

La acaricio con la lengua, con los labios, con cada parte de mí. Y la deseo como no he deseado a nadie nunca.

—¿Lo notas? —murmuro—. ¿Notas lo dura que me la pones?

Ella jadea más fuerte, me aprieta la polla con fuerza y gime como si le faltara el aire.

Y eso hace que pierda la cabeza.

Empiezo a ir más rápido y profundo con los dedos, intensificando cada movimiento.

Mi otra mano le agarra el cuello, apretando ligeramente. Mi boca está rozando sus labios. Tragándose cada gemido que le provoco.

Ella no para de temblar, de apretarme más y más fuerte con cada embestida de mis dedos.

—Córrete para mí, preciosa —le digo contra el oído—. Quiero sentir cómo lo haces. Dame eso. Regálamelo.

Tiene la respiración acelerada, arquea su cuerpo, se aferra a mi cuello, y me muerde el labio contoneando las caderas.

Y entonces lo siento.

Sus paredes se contraen en torno a mis dedos. Fuerte. Intensa. Incontrolable.

—Joder… Xander —gime Gia mientras se corre.

Joder… Lo hace tan bonito que casi me corro yo también con solo mirarla y escucharla.

Le saco los dedos despacio, sin apartar la vista de ella.

Está preciosa. Con las mejillas encendidas, los labios hinchados y el pecho subiendo y bajando a toda velocidad.

Parece que intenta leerme el alma.

Y no puedo evitar hacerlo.

Me llevo sus dedos a la boca y los chupo. Despacio. Con ganas.

—Uf… —susurro—. Es oficial: acabo de encontrar mi nuevo sabor favorito.

Ella se ríe, nerviosa. Esa risa suave que hace que me den ganas de volver a besarla.

Así que lo hago.

La beso de nuevo, con ternura esta vez. Con calma. Con cariño. Porque me encanta besarla. Porque la necesito.

Pero algo cambia.

Lo noto enseguida. Su cuerpo se tensa. Su boca ya no se mueve igual.

Se separa de mí, lentamente, intentando hacerlo sin que me dé cuenta.

Frunzo el ceño.

—¿Qué pasa?

Ella baja la cabeza y se cruza los brazos como intentando protegerse de mí… o de ella misma.

—No tendría que haberme dejado llevar… —murmura—. Trabajo para ti. Esto… esto no está bien. No quiero mezclar las cosas. Me asusta lo que me haces sentir, Xander.

No me jodas.

Eso es lo primero que pienso.

¿En serio? ¿Ahora?

Acaba de correrse en mis dedos, de gemirme en la boca… ¿y me dice que no quiere sentir nada?

Cierro los ojos un segundo. Inspiro hondo. Porque estoy tan caliente que me hace daño.

Mi polla sigue palpitando, durísima. Y ella me frena.

Ella.

La única que me ha hecho sentir así.

Pienso en lo bien que estábamos. En lo increíble que ha sido todo esto. En cómo parecía verme de verdad.

Y me da una rabia interna de la hostia.

Pero no lo muestro. Me muerdo la lengua. Me trago mi orgullo.

Y ahí, como una puñetera sombra, me acuerdo de la apuesta. Cien dólares. Hasta el lunes.

Y me lo planteo. No sé si de verdad quiero ganarla o si solo la uso de excusa para poder seguir acercándome a ella.

Quizá es lo único que me queda ahora.

Así que sonrío. Forzadamente, pero le sonrío. Me acerco y le doy un beso suave en la mejilla.

—Gracias por esta noche —le digo con voz calmada—. Descansa.

Ella asiente, sin saber muy bien qué decir.

Y yo me marcho.

Me subo al coche, con la música baja, el cuerpo tenso y la cabeza ardiendo.

Durante el camino a casa no pienso en otra cosa que no sea en Gia.

La chica que no me aguanta, pero que me besa como si me necesitara para respirar. La que dice que no quiere sentir pero se corre gritando mi nombre.

La que me jodió la cabeza desde el primer día.

Me encanta cómo huele. Cómo se ríe.

La forma en que me contempla cuando cree que no me doy cuenta.

Y joder…

Me ha encantado besarla. Probarla. Sentirla estremecerse bajo mis dedos.

Deseo más. Mucho más.

Pero no sé si es por la apuesta o por mí. Y eso me cabrea.

Porque no quiero hacerle daño. No quiero usarla. Pero tampoco puedo alejarme.

Me gusta de verdad.

Y eso no entra en mis planes.

Cuando llego a casa, me tumbo en la cama, con el móvil entre las manos.

Miro la pantalla durante un rato. Entro en el chat de Gia.

Dudo. Pero termino escribiéndole.

Yo: No sé qué te ha pasado esta noche. Pero para mí ha sido jodidamente perfecto. Duerme bien, Gia.

Pulso enviar.

Me quedo con los ojos clavados en el techo, con su olor aún en mi cuerpo, con una sonrisa idiota en la cara y el corazón latiéndome más fuerte de lo que me gustaría admitir.