7 #2
Cojo una toalla doblada del banco, me agacho junto a Gia y se la pongo con cuidado por encima de los hombros.
Me acerco y le susurro al oído.
—¿Quieres que te lleve a casa?
Le brillan los ojos, sonríe y acepta con un gesto.
Nos vestimos. Ella con una camiseta que le he dejado y que le queda demasiado grande. Pero me encanta.
Yo me pongo unos vaqueros y una camiseta. Por fin seco.
Vamos hacia mi coche, que reluce bajo las farolas, y Gia se monta en el asiento del copiloto.
Durante el trayecto, no decimos casi nada. La música va bajita, algo suave, sin letra. Le echo un vistazo de reojo mientras conduzco por la ciudad dormida.
Y entonces rompo el silencio.
—¿Sabes que creo que ese tío que te estaba bailando se va a apuntar a clases de ajedrez después de esta noche?
Ella suelta una carcajada, ligera, musical.
—¿Sí? ¿Por qué?
—Porque lo he intimidado tanto que seguro se buscará un hobby menos peligroso. Como mover torres y alfiles en vez de bailar con bombas sexys como tú.
—¿Bombas sexys? —repite, divertida.
—Confirmo.
Nos reímos. Y a partir de ahí, todo fluye otra vez. Como siempre. Y de pronto el agua, el rechazo, la fiesta, todo… no importan.
Y llegamos al destino.
Paro el coche frente a su edificio. Gia se desabrocha el cinturón y se gira hacia mí.
—Gracias por traerme.
Y ahí la observo.
Pelo mojado. Piel brillante. Cejas rectas. Labios carnosos. Jodidamente perfecta.
Y entonces lo suelto. No lo planeo.
—Eres preciosa —murmuro, casi sin darme cuenta. Me sale solo.
Ella parpadea. Sonríe. Se sonroja. Y se acerca para besarme en la mejilla.
—Buenas noches, Xander.
Se baja del coche, y echa a andar hacia la puerta.
Pero yo no puedo dejar que se vaya así.
No puedo.
Salgo del coche como un loco. La alcanzo justo antes de que abra la puerta.
Ella se da la vuelta, sorprendida.
Y no le doy tiempo a nada.
La beso.
Mis manos en su cuello, mis dedos entre su pelo mojado… Su cuerpo se pega al mío, como si ya me estuviera esperando. Sus labios son suaves, dulces, cálidos y perfectos.
Me besa como si me necesitara. Como si también se estuviera muriendo por esto.
Su lengua se entrelaza con la mía con una mezcla perfecta de deseo e inocencia.
Unos gemidos suaves escapan de su boca, y eso me vuelve completamente loco.
Uno de mis brazos baja a su cintura, y la pego más a mí.
No puedo parar.
No quiero parar.
Su boca sabe a ginebra y a limonada, y a algo más que no sé nombrar, pero que me hace sentir vivo.
La beso con hambre, con fuego, con ganas acumuladas durante días. Y ella me responde igual.
Esto parece lo único que necesitamos para sobrevivir.
Sus labios. Su lengua. Su maldito sabor.
La tengo entre mis brazos, y todo lo demás desaparece.
Su cuerpo encaja con el mío como si nos hubieran diseñado el uno para el otro.
Y joder… Mi polla está tan dura que duele.
Se aprieta contra el vaquero con desesperación. No hay marcha atrás.
Gia huele a vainilla, a sol y a piel mojada. Y besa como un puto sueño. Con hambre . Con dulzura. Con deseo contenido.
Cada vez que gime, me enciendo más. Cada vez que tira de mi camiseta, me pierdo más.
Y entonces, me mira.
—¿Subes? —dice. jadeando.
La voz me llega como un susurro en llamas.
Asiento sin dudar.
Subimos a su apartamento. El trayecto en el ascensor parece eterno. No nos tocamos, pero el aire entre nosotros arde. Me dan ganas de detenerlo y tomarla ahí mismo.
Cuando abre la puerta, un gato naranja y loco aparece corriendo entre nuestras piernas.
—Cronos —dice con una risita, agachándose a acariciarlo—. Este es mi compañero de piso.
—Genial —respondo, sin apartar los ojos de ella—. Me cae bien.
Pero no tengo paciencia para mucho más.
Me acerco por detrás, la rodeo con mis brazos y hago que se vuelva hacia mí.
Y la beso de nuevo.
Esta vez más lento. Más profundo. Más oscuro.
Gia jadea contra mi boca, y yo ya no pienso. Solo actúo.
Nos movemos a ciegas por el pasillo; ella me guía, tirando suavemente de mi camiseta, hasta llegar a su habitación. Cierra la puerta tras nosotros.
Y ahí, sin aviso, la empotro contra ella.
Su espalda golpea la madera, y mi cuerpo se funde contra el suyo. Meto los dedos por debajo de esa camiseta ancha que le he dado. Suspiro contra su cuello al sentir su piel.
Y le agarro el culo con fuerza.
Gia gime. Se pega aún más a mí.
Mi polla, dura como una puta piedra, se clava en su vientre a través del vaquero. Ella arquea la espalda buscando más contacto, y eso me enloquece.
Suelto su boca, y le beso el cuello, paso la lengua por su piel húmeda, le doy pequeños mordiscos. Su olor me aturde. Su sabor me consume.
Le levanto un poco la camiseta con una mano, y la otra baja lentamente.
Deslizo los dedos por su muslo y los meto por el lateral del bikini.
Encuentro su piel, su calor y…
Joder. Está empapada.
Paso los dedos por sus pliegues, despacio, sintiéndola. Gia tiembla. Gime fuerte. Se agarra a mis hombros, como a punto de desmayarse.
Está tan mojada que me dan ganas de que follemos aquí mismo, contra la puerta.
Y pienso que esto es increíble.
Que no hay nada que me excite más que sentirla así. Mojada por mí. Por mis besos. Por mis caricias. Por cómo la deseo.
Me arrodillo frente a ella como si su cuerpo fuera mi religión.
Le bajo suavemente el tanguita del bikini y lo dejo caer a sus pies.
La contemplo un segundo. Joder, está perfecta. Empapada, temblando y lista para mí.
Le levanto una pierna y la apoyo en mi hombro. Tengo una vista perfecta de su sexo. Y es el más bonito que he visto nunca. Gordito, con los labios rositas y con una pequeña gota que le chorrea desde el centro.
Me agacho y paso la lengua lento, para recoger esa humedad. La saboreo como un manjar que llevo toda la vida deseando. Y sabe a gloria. Dulce. Salada. Caliente.
Ella se agarra a mi pelo y lanza un gemido ahogado. La devoro con la boca abierta, con hambre, con necesidad, y entre un lametón y otro deslizo un dedo dentro de ella.
Muy despacio.
Está caliente. Muy caliente. Y tan mojada que mi dedo se desliza con facilidad, aunque lo tiene apretadísimo.
Siento cómo sus paredes me abrazan, cómo se adapta a mí; su cuerpo sabe ya que soy suyo.
La miro desde abajo mientras empiezo a mover el dedo dentro de ella, despacio, sintiéndola bien.