La última apuesta 5 #2
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5 #2

—Quería decirte lo de la fiesta del finde. Será en una casa alquilada. Cerca de aquí. Estás invitada.

—Ajá…

—Vendrán todos. —Echa un vistazo por encima de mi hombro—. No tienes que quedarte mucho si no quieres, pero…

—Me lo pensaré —me corta, sin suavidad alguna—. Creo que ya tengo planes, pero si eso, me paso un rato.

—Gia…

—¿Algo más, Cole?

Me quedo en silencio.

¿Algo más? Sí, joder. Que no me mires así. Que no saques conclusiones. Que no te pongas así solo porque hablo con otra. Pero no digo nada. Porque sé que, si insisto, solo voy a empeorarlo.

—No. Solo eso —respondo, más cortante de lo que pretendía.

Ella asiente y se va por la puerta sin volver la vista atrás.

Y yo me quedo clavado, sabiendo que acabo de meterme en un puto problema…, aunque no sé muy bien por qué.

Me acerco otra vez a la mesa y me dejo caer en la silla.

—¿Todo bien, Romeo? —me dice Chase.

—Me ha visto hablando con Hannah.

Chase se echa hacia atrás como si eso lo confirmara todo.

—Bum. Celosa.

—¿Tú crees? —pregunto.

¿Celosa? Celosa por qué. ¿Por verme hablar con una chica?

—Tío…, ¿has visto cómo te miraba? Se le habría caído fuego por los ojos si no hubiera sido porque llevaba una carpeta.

—Pero es que es mi asistente, joder. Mi asistente. ¿Por qué coño le molesta eso?

—¿Por qué te ha molestado a ti cuando has oído a otros hablar de su culo?

—Me callo. Chase sonríe, satisfecho. Le encanta tener razón, y más cuando me descoloca—.

Xand, te ha oído invitando a otra chica a la fiesta, a la cual, justo después, la has invitado a ella.

—Sigo sin responder—. ¿Ves? Celos por los dos lados. Esto se está poniendo divertido.

—No es divertido, Chase. No quiero follármela y complicarme la vida. Pero es que… no puedo evitar lo que siento. Me hace gracia. Me calienta. Y cuando se pica, me dan ganas de besarla solo para hacerla callar.

—Y tú diciéndome que no te metes en líos… —se burla, bebiendo un trago de agua—. Tienes un problema, Cole.

—Lo sé —afirmo sin dudar.

—Y te gusta.

Hago un gesto con la cabeza, pero no lo niego del todo. Porque en el fondo tiene razón.

Me gusta. Mucho. Y ese es justo el puto problema.

—Entonces, ¿qué vas a hacer con la fiesta? ¿Vas a insistir?

—No. Ha dicho que se lo pensaría. Yo ya he cumplido.

Chase me estudia un instante, suspicaz.

—Mientes. Vas a estar pendiente toda la noche esperando que aparezca por la puerta.

Algo estoy haciendo mal.

—¿Tanto se me nota?

—Como que soy la persona que más te conoce, capullo.

— Nos quedamos en silencio unos segundos.

Luego Chase me da un leve golpe en el brazo—.

Sea lo que sea lo que te pasa con ella, mejor que lo tengas claro antes de que empiece la temporada.

Porque si te pilla con la cabeza en otro lado, ya sabes cómo acaba eso.

—Ya lo sé…

Y sí. Lo sé muy bien. Por eso no pienso permitir que esto con Gia me haga perder el control.

Al menos… eso me repito una y otra vez aunque noto que, por mucho que quiera evitarlo, ya estoy jodidamente enganchado a ella.

El resto de la tarde pasa volando.

La fiesta está totalmente organizada. La casa que hemos alquilado para la ocasión tiene piscina, jardín, música asegurada y suficiente alcohol para emborrachar a todo Seattle. Chase está feliz. El resto del equipo, también. Todo debería ser perfecto.

Pero yo llego a casa con una sensación en el pecho que no me deja en paz.

Me quito las zapatillas y suelto las llaves en la encimera.

Me sirvo un plato de ensalada y ceno mientras reviso el móvil, aunque no tengo ninguna notificación que me interese.

Luego enciendo la PS5, me meto en una partida rápida…

, pero no estoy centrado. Muero dos veces seguidas y ni me molesto en seguir.

Suelto el mando, me echo hacia atrás en el sofá y cierro los ojos.

Gia.

Su expresión cuando me vio con Hannah. Su voz cuando me soltó ese «Me lo pensaré» como si le diera exactamente igual. Pero no le da igual. Sé que no.

Y por mucho que quiera hacerme el duro, yo tampoco quiero que no venga.

Pillo el móvil. Dudo unos segundos. Pienso si debería, pero al final escribo:

Yo: Sábado, 9 p. m. Calle Greenlake, 82. Fiesta del equipo. Me encantaría que vinieras.

Lo envío.

Respiro hondo. Miro la pantalla como un idiota durante un minuto, esperando una respuesta que sé que no va a llegar tan rápido.

Pero al menos, ya está dicho.

Y sí…, joder.

Me encantaría que viniera.

Cuando estoy a punto de quedarme dormido, me vibra el móvil en la mesita.

Mensaje de Gia. Me incorporo de golpe.

Gia: Vaya, parece que alguien quiere verme de verdad en esa fiesta… No te preocupes, quarterback, haré un hueco. Pero solo si me prometes no quitarme los ojos de encima.

No pensaba hacerlo, cariño.

Xander: Si voy a tenerte en la fiesta, Gia, ten por seguro que no voy a apartar la vista de ti. Ni un segundo. Ni siquiera cuando parpadee.

Gia: Qué intensidad… ¿Siempre eres así con las chicas o es que te estoy afectando demasiado?

Xander: Tú no me estás afectando. Tú eres directamente una tentación con piernas sexys.

Gia: Culpa tuya por mirarme tanto. Vas a chocar contra una farola un día de estos.

Xander: Vale la pena si el último recuerdo antes del golpe eres tú caminando hacia mí (con tacones, claro.)

Gia: Tienes un problema, Xander. Pero al menos eres guapo. Compensa.

Xander: Y tú eres una insolente con muy mala leche. Pero al menos tienes hoyuelos. Compensa.

Gia: Uy, no me hables así justo antes de dormir o voy a soñar contigo.

Xander: Ojalá lo hagas. Yo ya sé en quién voy a estar pensando. Buenas noches, Gia.

Gia: Buenas noches, Xander. Dulces sueños… o sucios, si lo prefieres.

Esta chica cada vez me gusta más.

Tranquila, Gia, que si no lo sueño, ya me lo imagino. No sería la primera vez.

Pero ojalá soñara contigo.

Dejo el móvil cargando en la mesilla y cierro los ojos poco a poco.

El viernes ha pasado volando.

Entre las entrevistas para los medios, las pruebas físicas rutinarias con el equipo médico y una visita relámpago a patrocinadores, apenas he tenido tiempo de detenerme a pensar. Y lo que más me fastidiaba… es que apenas me he cruzado con Gia.

La he visto de lejos una vez, hablando con uno de los coordinadores de logística.

Otra, por el pasillo con una carpeta en la mano, el ceño fruncido y las gafas de lectura puestas.

Casi me detengo solo para contemplarla un poco más.

Casi. Pero ni un cruce de palabras, ni una pullita ni una sonrisa. Solo trabajo, a contrarreloj.

Por suerte, la fiesta ya está a la vuelta de la esquina.

Me he tumbado por la noche en la cama, con el móvil en la mano, repasando la lista por si faltaba algo para la fiesta.

Todo estaba listo. El lugar, la música, la bebida, la lista de invitados.

Solo faltaba ella.

Y si Gia iba…, la noche iba a ser épica. Y, con un poco de suerte, incendiaria.