5
X ander
La camilla está fría.
El fisio me dice que me relaje, pero no hay forma.
Tengo los músculos cargados y la cabeza también.
Apretar los dientes es lo único que no me cuesta esta mañana.
—Relaja el cuádriceps, Xander —insiste, con sus dedos clavados en el lateral del muslo.
Respiro hondo, pero no por el dolor. Por ella.
Gia y su vestido amarillo. Su voz firme. Su manera de mirarme como si pudiera desmontarme en una frase y no le costara esfuerzo.
Ayer me gustó. Mucho más de lo que debería.
Y eso es un puto problema.
No me gusta meterme donde no debo. Y ella es exactamente eso. Un lugar donde no debería estar.
Pero, joder…, la forma en la que se reía. La manera en que me respondió sin temblarle la voz. El descaro, los silencios incómodos que no evitó, ese cruce de miradas que me dejó medio jodido.
Estuve a punto de besarla.
Ahí, en el parking, cuando nos despedimos.
Por un segundo me olvidé de todo lo que no puedo hacer. Solo veía su boca. Y sus ojos. Y cómo se le aceleró la respiración.
Mi polla reaccionó antes que mi cerebro. Y por eso me fui.
Porque eso nunca es buena señal.
—Te he dicho que te relajes —gruñe el fisio, empujando el talón hacia mi glúteo mientras masajea la inserción.
—Lo intento —miento.
Lo que intento de verdad es no pensar en lo duro que me puse con solo olerla.
En la maldita erección que tuve que esconder. En la paja que me hice anoche, solo, en silencio, pensando otra vez en ella. Pensando en cómo sería sentir su lengua tragándose mis gemidos.
Pero no. No puedo. Es mi asistente. Viene todos los días. Organiza mi vida.
No es alguien con quien pueda follar y ya está. Con Gia, una vez no bastaría. Y ese es justo el tipo de problema que no necesito ahora.
Tengo una temporada que preparar. Una reputación que proteger. Y un equipo que liderar.
No me puedo permitir perder el control por unas piernas bonitas y una lengua afilada.
Por mucho que me ponga duro solo con pensar en ella.
Pero la tentación… La tentación es otra historia.
—¿Vas a dejarme trabajar o te vas a quedar todo el día con el muslo tenso como un palo? —suelta el fisio, molesto.
—Haz tu trabajo y cállate —respondo con una media sonrisa.
Cierro los ojos, intentando pensar en otra cosa. En el siguiente entrenamiento. En el calendario.
Pero da igual lo que haga. Gia se ha metido bajo mi piel. Y no tengo ni puta idea de cómo sacarla.
Llega la hora de comer y me voy con Chase al comedor del centro de entrenamiento.
—¿Listo para organizar el último fiestón antes de que empiece la dictadura Clarke? —me dice con una sonrisa torcida mientras deja el almuerzo sobre la mesa.
—Ni que me fueran a meter en la cárcel. —Suelto mi bandeja con desgana y nos sentamos.
La comida de hoy no es de mis favoritas. Crema de verduras y un revuelto con un color cuestionable.
—¿No es más o menos lo mismo? —pregunta con una ceja alzada—. Gia no va a dejarte ni respirar.
Gia. Otra vez.
—Solo hace su trabajo. No me molesta.
—Ya. Y por eso no has parado de comprobar el móvil desde que has entrado —contesta, masticando, sin quitarme la vista de encima.
Lo ignoro.
—Entonces, la fiesta. —Cambio de tema, directo—. ¿Qué has pensado?
—Lo de siempre. En casa de Max o en la tuya. Música, alcohol, poca ropa. Poca ropa opcional, claro.
—Me da igual el sitio. Pero hay que hacerlo este fin de semana. Luego se acabó.
—Exacto. Por eso tiene que ser épico. El último suspiro de libertad antes de que entren las normas, los horarios, los periodistas y… tu asistente sexy.
Pongo los ojos en blanco. Sexy es poco.
—¿De verdad vas a seguir con eso? —le pregunto, terminándome la crema.
—Colega, no soy ciego. Es guapísima. Y tiene esa cara de que parece seria, pero seguro que se sube encima y…
—Corta —le gruño, levantando una mano.
Cambio el plato vacío por el del revuelto alienígena, y empiezo a comer. Porque, sinceramente, no sé dónde meterme.
Chase frunce el ceño y luego sonríe, lento.
—Hostia —dice, soltando el cubierto de golpe.
—Qué —le respondo, sin alzar la cabeza siquiera.
Sé por dónde va a tirar. Y cuanto menos contacto visual haga, mucho mejor.
—¿Te gusta? —Noto sus putos ojos clavados en mí.
—No seas idiota —respondo, seco.
Levanto un poco la vista y ahí sigue, mirándome el muy capullo.
¿Qué pretende descifrar?
—Sí te gusta. Estás celoso —dice, tranquilo.
Mientras él retoma su comida, como si no hubiese dicho nada, suelto los cubiertos y ahora soy yo el que lo mira.
—No estoy celoso. —¿Qué estupidez es esa? ¿Celoso de qué?—. Es solo que no quiero que hables así de ella.
—Ajá. —Me da una patada por debajo de la mesa y se ríe—. Como si tú no pensaras lo mismo.
Le lanzo una mirada que deja claro que no tiene que seguir por ahí, pero Chase no se calla tan fácil.
—¿La vas a invitar? —pregunta rápido.
Ahí está el quid de la cuestión.
Me quedo callado.
No lo sé.
Obvio que lo he pensado.
¿Debería? ¿Sería raro? ¿Sería un error?
—Ella es trabajo. No hay nada más —respondo, como si eso cerrara el tema.
—Tú mismo, colega. Pero si yo fuera tú, y de verdad no quisiera nada con ella, me la quitaba de la cabeza rápido.
O me la quitaba de encima, directamente.
—Le lanzo el tapón del agua. Ríe—. Tranquilo, que, si tú no lo haces, alguno del equipo lo va a intentar.
Más te vale decidir pronto qué vas a hacer con ella, antes de que alguien se le tire encima en tu propia fiesta.
Aprieto la mandíbula.
La idea de otro acercándose a ella me revuelve el estómago de una forma que no quiero analizar.
Y ahí lo tengo claro. Estoy jodido. Y no lo voy a admitir. Al menos aún no.
Seguimos hablando un rato más sobre la fiesta, hasta que empiezan a llegar algunos del equipo con sus bandejas.
Y la conversación que llevan no es la que esperaba.
—¿Quién ha sido el afortunado que ha fichado a la nueva? —suelta Logan, y se deja caer en una silla frente a nosotros.
—¿Qué nueva? —dice Marcus con la boca ya llena de comida.
—La asistente esa. Morena, bajita, con un culazo de infarto. Me la he cruzado esta mañana en recepción y casi me como una columna.
—Ah, ¿esa es la famosa Gia Clarke? —pregunta Cody—. Pues mis respetos. Está tremenda.
—Tiene pinta de que, si te subes, no te quieres bajar —añade Logan con una sonrisa sucia.
Trago saliva.
Siento cómo me hierve la sangre en las venas.
Pero no digo nada. No voy a caer.
Chase me echa una ojeada, con la sonrisita esa de «te lo dije» pintada en la cara.
—¿No es la asistente de Xander? —dice entonces Brody, con la voz cargada de falsa inocencia.
—Lo es —responde Chase, reprimiendo la risa—. Y por eso deberíais hablar de otra cosa si no queréis que os saque los dientes.
—¿Es tu nueva conquista, Cole? —inquiere Logan.
No respondo.
—¿Qué pasa, Cole? ¿La estás vigilando o qué? —se burla Cody.
—Estoy comiendo —respondo seco, sin levantar la cabeza—. ¿Por qué no hacéis lo mismo?
Se hace un pequeño silencio.
Logan alza las manos como si se rindiera, y cambian de tema entre risas contenidas.
Chase, en cambio, sigue con sus ojos plantados en mí, con esa expresión de «estás más pillado de lo que crees, cabrón».
—¿Entonces? —me dice, volviendo al tema—. ¿La invitas o no?
Me quedo unos segundos en silencio.
No es buena idea. No lo es. Pero…
Pensar en verla esa noche, fuera del entorno del trabajo, con otra ropa. Más relajada. Sonriendo. Bailando. Puta mierda.
—Sí —respondo al final—. Díselo tú. O no, ya se lo diré yo.
Chase sonríe, satisfecho.
—Va a estar interesante. —Me sacude por los hombros con emoción.
No tengo ninguna duda.
Seguimos comiendo entre risas y bromas malas.
Malik, que acaba de llegar, se sienta a mi lado. Y ya sé que quiere pedirme algo.
—Eh, Cole… —dice, rascándose la nuca—. ¿Tienes un segundo?
Le dedico una expresión que dice claramente: «Más te vale que esto merezca la pena».
—Habla.
Me giro hacia él.
—Verás, necesito un favor… —Acerca su silla a la mía— pequeñito.
Alzo una ceja.
—¿Tú sabes quién es Hannah? —pregunta, señalándome con la cabeza a la chica que está sentada en la barra—. La contable buenorra del míster.
—Ajá. ¿Y?
No sé por dónde va. Hace meses que tuve algo con ella. Pero nada del otro mundo. Follamos un par de veces. Se terminó y hasta ahora.
—Pues… no me ha respondido a un mensaje que le puse para invitarla a la fiesta.
Pero estoy seguro de que, si tú le dices algo, acepta sin dudar.
No sé, dile que yo voy también o… invítala tú directamente, y luego ya me encargo yo de conquistarla con mi humor.
Y mi rabo —se ríe, aunque sé que habla totalmente en serio.
Lo miro con cara de pocos amigos. Me hierve la sangre con la facilidad con la que este crío quiere usar mi nombre como pase vip.
—¿Y por qué cojones iba a hacer eso?
—Porque tú eres tú, tío. Nadie te dice que no. Si tú vas y le dices algo, viene seguro.
Suspiro con fuerza, intentando no soltarle una bordería más grande de la cuenta. Me acerco a la barra donde está Hannah, acompañada de dos chicas que no conozco, y me pego a ella lo justo para que escuche mi voz.
—Hannah —digo sin preámbulos.
Ella se vuelve hacia mí, sorprendida, con una ceja alzada.
—¡Hola, Xander! —grita, y me da un abrazo.
Genial. Me aparto lo más rápido que puedo sin parecer un cabrón.
—Tengo que decirte algo.
Le explico lo de la fiesta del finde, que todos van a ir, que puede estar bien si se pasa. Nada especial, todo bastante neutral. Le suelto con disimulo que Malik va a estar allí. Ella sonríe con educación, agradece la invitación y me dice que allí estará.
Me da un apretón fuerte en el brazo, y ahí, cuando me doy la vuelta… la veo.
Gia.
Está apoyada contra una columna, con una carpeta en la mano. No sé cuánto lleva ahí. Está lo bastante cerca como para haber oído algo de la conversación. Y su expresión lo dice todo.
Ceño fruncido. Mandíbula apretada. Escudriñándome como si acabara de pillarme follando con media universidad sobre la barra.
Me acerco despacio, intentando medir mis pasos, mis palabras, todo.
—Hola —le digo con voz baja—. Justo iba a buscarte.
—Ya, qué casualidad —responde, seca como la arena del desierto.