La triada oscura Capítulo seis #2
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Capítulo seis #2

Le di un sorbo a mi café, ya frío, mientras seguía mirando la ruta.

Si Tiffany viajaba hacia Denali, no tenía ningún motivo para desviarse hacia Sheep Creek Drive.

La Route 3 era la vía directa, la única lógica para ese trayecto.

Salirse de ella no acortaba el camino ni llevaba a ningún sitio que pudiera interesarle a una turista que tan solo estaba conduciendo hacia el parque.

Eso hacía que la discrepancia resultara aún más extraña.

Había una explicación sencilla: la cobertura en esa zona de Alaska era irregular.

Quizá el teléfono había perdido señal en ese punto de la carretera y Tiffany había seguido conduciendo unos minutos más antes de que el coche se detuviera.

El sistema de Verizon habría registrado la última torre disponible…

aunque ella hubiera avanzado varias millas más.

Incluso era posible que, sin cobertura ni GPS, se hubiera desviado de su camino y hubiera acabado en aquella carretera perdida de la mano de Dios.

Pero había otra explicación, una que me hizo quedarme mirando el mapa unos segundos más: que el coche no hubiera permanecido donde ella lo dejó.

Deslicé el ratón sobre la carretera, imaginando el trayecto entre ambos puntos. Si alguien hubiera movido el vehículo después de que el teléfono se apagara… la última conexión seguiría apareciendo en ese punto de la Parks Highway, aunque el coche hubiera terminado en otro lugar.

Me recosté en la silla y solté el aire lentamente. Era solo una hipótesis y, en aquel momento, no tenía ninguna forma de demostrarla .

Volví a releer los últimos párrafos del email .

Entre cuarenta y ocho y setenta y dos horas para recibir el listado de llamadas de Tiffany.

Parecía que ese camino, de momento, también estaba cerrado.

Me eché hacia atrás en mi silla y la hice girar hasta quedar encarada hacia la mesa de Delaney.

Él estaba tan concentrado en su pantalla que tardó unos segundos en darse cuenta de que lo estaba mirando.

Cuando lo hizo, frunció el ceño, molesto, como si le hubiera pillado haciendo algo inadecuado.

—¿Tengo monos en la cara? —preguntó agresivo—. ¿Necesitas algo?

—No, no, nada… Es que me ha llegado la respuesta de la compañía telefónica y van a tardar dos o tres días en mandarme el listado de llamadas. ¿Sabes si hay algo que se pueda hacer para acelerarlo?

—En Alaska las cosas no se aceleran. Van al ritmo que van —respondió mientras se encogía de hombros—. Eso me recuerda que me llegó ayer el listado de las operaciones de la tarjeta de crédito de tu chica. Te lo mando al email .

Me dieron ganas de preguntarle por qué no me las había remitido de inmediato o, mejor aún, por qué no había solicitado que me las enviaran a mí directamente, ya que, como acababa de decir, Tiffany era “mi chica”, pero preferí no protestar.

Me limité a forzar una sonrisa y mascullar un “gracias” que esperaba que no sonase demasiado sarcástico antes de girarme de nuevo hacia mi ordenador para abrir el correo.

En respuesta a su solicitud, remitimos a continuación las últimas transacciones registradas en la tarjeta de crédito asociada a Tiffany Collins.

Según nuestros registros, no se han producido más transacciones posteriores a las indicadas.

Si necesitan información adicional, pueden contactar con nuestro departamento jurídico a través de los canales habituales.

Atentamente,

Umpqua Bank – Legal Compliance

Recorrí la tabla de movimientos con la mirada, deteniéndome en cada línea como si en algún momento fuera a aparecer algo que no hubiera visto en la primera lectura.

Starbucks, Hudson News y, por último, Alamo Rent A Car.

La hora coincidía con lo que ya sabía: Tiffany había aterrizado en Anchorage, había comprado algo rápido en el aeropuerto y había pagado el coche de alquiler antes de salir hacia la autopista.

Después de eso… nada. Ni una gasolinera, ni una cafetería de carretera, ni una tienda en la que se hubiera detenido a comprar algo durante el trayecto hacia Denali.

Cerré el correo con un suspiro. Si había pasado por algún sitio después de abandonar el aeropuerto, no había usado la tarjeta para pagar en él.

Apoyé los codos en la mesa y me quedé mirando la pantalla durante unos segundos, intentando pensar cuál podía ser el siguiente paso.

El listado de llamadas tardaría todavía un par de días en llegar y los movimientos bancarios no aportaban nada nuevo.

Por un momento tuve la incómoda sensación de estar caminando en círculos.

Tamborileé con los dedos sobre la mesa, mirando de reojo el teléfono que descansaba junto al teclado.

Quizá el forense tuviera algo más. Sin pensarlo demasiado, lo cogí y empecé a marcar su número.

Apoyé el teléfono entre el hombro y la oreja mientras esperaba que alguien respondiera al otro lado.

Sonó varias veces antes de que una voz grave y claramente irritada contestara.

—Hargreaves.

—Doctor Hargreaves, soy la agente Cassandra Grey, del FBI. Llamaba para preguntarle si hay alguna novedad sobre la autopsia de Tiffany Collins.

Hubo un breve silencio, seguido de un suspiro que sonó como si acabara de interrumpir algo mucho más importante.

—Agente, si tuviera algo que decirle, ya se lo habría comunicado. —Su tono era seco, casi brusco—. Tengo tres autopsias más pendientes y una mesa llena de informes y lo último que necesito es que me llamen cada dos horas para preguntar si ya están listos.

Apreté los labios, tratando de no tomármelo como algo personal.

—Entiendo que está ocupado, doctor, pero este caso…

—Este caso, como todos los demás, lleva su tiempo —me interrumpió—. Haré todo lo posible por tener los resultados cuanto antes, pero lo más probable es que necesite entre cuarenta y ocho y setenta y dos horas. Cuando tenga algo, se lo haré saber.

Antes de que pudiera responder, escuché el clic seco de la llamada terminada.

Bajé el teléfono y lo dejé sobre la mesa.

Durante unos segundos me quedé mirando la pantalla del ordenador, tratando de ordenar las ideas.

El listado de llamadas tardaría varios días, los movimientos de la tarjeta no aportaban nada nuevo y el forense tampoco tenía todavía resultados.

Como si el destino quisiera reírse aún más de mí, escuché la voz de McKenna a mi espalda.

—Cass, mientras hablabas han llamado los de la unidad de análisis de escenas del crimen de los State Troopers , los que se están encargando de analizar el coche y la escena del crimen de tu caso. Dicen que están en ello, pero que están hasta arriba de trabajo…

—… y que los resultados tardarán entre cuarenta y ocho o setenta y dos horas —completé por ella.

McKenna se me quedó mirando con los ojos muy abiertos y una expresión de desconcierto en la cara que enseguida cambió por una sonrisa.

—¿Dotes de adivinación? Nos vas a ser muy útil.

Yo resoplé y me eché hacia atrás en el asiento para quedarme mirando al techo durante unos segundos. Tenía la incómoda sensación de que todos los caminos se cerraban al mismo tiempo. Lo único que podía hacer en aquel momento era algo que siempre se me había dado fatal: tener paciencia.