La triada oscura Capítulo cinco #3
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Capítulo cinco #3

—No, sinceramente no lo creo. —Soltó una risa ante mi mirada de decepción—.

Lo siento… Supongo que todos los analistas de conducta soñáis con atrapar a vuestro Hannibal Lecter, pero los individuos así son muy escasos.

Tienes que tener en cuenta que los rasgos de personalidad no son algo binario sino un continuo.

—No entiendo qué quieres decir.

—Que no existen dos categorías simples: ángeles y monstruos —respondió con tranquilidad—.

La personalidad funciona más bien como una escala.

Todos nosotros tenemos algo de narcisismo, algo de manipulación y, en determinadas circunstancias, incluso cierta frialdad emocional.

Son rasgos humanos normales. La diferencia está en cuánto de cada uno tiene una persona.

Se inclinó sobre la encimera, apoyando la punta del dedo sobre una de las fotografías como si aquella imagen le sirviera de ancla para ordenar el pensamiento.

—Imagina una línea —continuó—. En un extremo estaría alguien incapaz de manipular a nadie, que siente culpa por cualquier cosa y que necesita la aprobación de los demás de forma continua.

En el otro extremo encontrarías a individuos con niveles extremos de narcisismo, maquiavelismo y psicopatía: personas que se creen superiores, que disfrutan manipulando y que no sienten el menor remordimiento.

Eso es lo que llamamos un perfil de triada oscura.

Levantó la vista hacia mí y sonrió con un matiz casi divertido.

—La mayoría de la gente está en algún punto intermedio de esa línea.

Incluido nuestro asesino, muy probablemente.

Puede tener ciertos rasgos psicopáticos o narcisistas…

pero eso no significa que sea el superdepredador perfecto que aparece en las novelas.

Los monstruos absolutos son fascinantes, Cassandra —añadió encogiéndose de hombros—, pero, por desgracia para los perfiladores, también son bastante raros.

—Bueno, tampoco necesito enfrentarme a mi némesis ahora mismo —bromeé—. Después de todo, estoy empezando. Ya tendré tiempo más adelante .

—Brindo por eso.

Ray volvió a llenar las copas con lo que quedaba de la botella.

Al verla vacía, entendí la ligera sensación de mareo que inundaba mi cabeza.

Aunque habría preferido no beber nada más, di un ligero sorbo a mi copa para no contrariar a mi anfitrión.

Después, ordené las fotos y mis papeles y lancé un largo suspiro.

—Supongo que con esto que te he traído no puedes hacer un perfil. Comprendo que es muy poca información…

—Bueno, no puedo hacer un perfil completo, pero creo que puedo darte algunas pistas.

—Ray tomó la primera fotografía del montón y la observó durante unos segundos, como si estuviera ordenando las ideas antes de empezar a hablar—.

Lo primero que diría es que no estamos ante un ataque impulsivo.

La escena tiene demasiada intención. La colocación del cuerpo, la limpieza posterior, la forma en que las heridas parecen responder a algún tipo de lógica…

Todo eso sugiere que el agresor necesitaba controlar la situación, no solo descargar su ira.

Deslizó la imagen hacia un lado y tomó otra para señalar la postura del cadáver.

—Segundo: el mensaje. Esto no es solo violencia.

Es escenificación. Alguien se tomó el tiempo de colocar el cuerpo de esta manera porque para él significaba algo.

Quizá un símbolo, quizá una fantasía, quizá un conflicto interno que intenta expresar.

Pero no es un gesto casual. —Alzó la mirada hacia mí—.

Eso suele indicar a alguien que pasa mucho tiempo dentro de su propia cabeza.

Alguien introspectivo… posiblemente solitario.

Dejó la fotografía sobre la encimera y entrelazó los dedos.

—Tercero: el nivel de organización. Si lo que me cuentas es correcto, la víctima fue trasladada y el cuerpo limpiado antes de ser abandonado.

Eso requiere planificación, tiempo y cierta sangre fría.

No es el comportamiento de alguien descontrolado o en un episodio psicótico.

—Guardó silencio un momento antes de continuar—.

Y, por último, las probabilidades. Apostaría por un hombre.

No es una conclusión brillante, tan solo es estadística: la inmensa mayoría de asesinos en serie lo son.

También diría que probablemente es blanco.

Los agresores tienden a elegir víctimas de su misma raza, sobre todo cuando hay un componente sexual o simbólico en el crimen.

Ray volvió a mirar las fotografías antes de añadir lo último.

—Y en cuanto a la edad… yo diría que es joven, entre veinticinco y treinta y cinco años.

—Alzó una ceja—. Si no hay ataques anteriores conocidos, es poco probable que haya pasado décadas reprimiendo sus impulsos sin hacer nada.

Lo habitual es que estos comportamientos empiecen a manifestarse en la segunda mitad de la veintena.

Antes de eso suelen existir fantasías, pequeños ensayos, conductas menores…

pero el salto al asesinato rara vez llega mucho más tarde.

Se recostó hacia atrás en la silla.

—Como ves, no es gran cosa —concluyó con una media sonrisa—. Pero a veces basta con unas pocas líneas para empezar a dibujar el contorno del monstruo.