Chapter 29 #2
—¿Y qué justicia exiges? —preguntó Jesús—.
¿En qué consiste tu sacrificio? No te apuntes entre los mártires: has recibido lo que mereces.
La ley sempiterna te ha preparado tu último refugio: tu camino terminará en la gehena de fuego.
Cerraré esa caja de Pandora para siempre, y no habrá llaves para ella, como tampoco habrá tablas de la vida y de la muerte.
—Si tienes ese poder, ¿por qué no lo has hecho antes?
—preguntó Satanás con sorna—. ¿Por qué dejas morir a los inocentes?
¿O te gusta observar cómo me burlo de la vida, de la ley santa, de los hombres?
¿Por qué te demoras? ¿Eeeh? ¿Cómo funciona esa ley sempiterna tuya?
¿Entiende de tablas de la vida y de la muerte, entiende de mí?
¿O actúa por conjeturas? ¿Y si no es la primera vez que ocurre todo esto?
¿Y si la verdad consiste precisamente en que todo palo tiene dos extremos, en que hay un alfa y un omega, un yin y un yang, la dualidad de lo existente?
¿Y si el contrario de Dios debe existir en el Universo?
En eso está la esencia del ser, la amarga verdad, y por mucho que os esforcéis en luchar contra ello, tropezaréis conmigo y con los que son como yo por los siglos de los siglos.
—Devoras tus propias ilusiones, Satanás —dijo Jesús—.
Estás ciego, y ciego te devorará la gehena de fuego.
¿Cómo puedes saber lo que existía miles de millones de años antes que tú?
Tus conjeturas son vacías y carecen de fundamento.
Si no dudaras de la sabiduría sempiterna que existía antes incluso que los dioses, comprenderías algunas cosas, pero tu espíritu rebelde no te lo permite.
Por eso estás privado de la verdad. Reinas sobre los hombres y crees que la fuerza es el poder, pero hay lugares en el Universo donde no hay poder alguno, y allí viven quienes jamás lo necesitaron.
Tú no puedes colarte allí. Te enorgulleces de tu victoria, pero eso es todo lo que tienes, y más no te está dado.
Lo comprendes, y por eso hay en ti tanto rencor. Pero pronto vendré y lo arreglaré todo.
—Mientras yo viva, tu reino de la verdad no existirá —recalcó Satanás—. Aquí no hay a quién salvar, aquí están todos condenados. De eso puedo asegurarte.
—Te has desengañado de los hombres demasiado pronto —dijo Jesús—.
Comprendes que no vencerás jamás. Un solo santo puede tener tanto poder que sea capaz de borrarte de la faz de la tierra junto con toda tu hueste.
Mientras en los que son como él haya Espíritu de Dios, yo los protejo.
Hay cosas ante las que eres impotente. Mientras viva la conciencia humana, eres incapaz.
Podías quitarles la vida a los justos, pero regresaban con una fuerza tal que destrozaban todo tu poder aparente.
Cómo no lo entiendes: ellos no se aferran a la vida, son conductores del Espíritu Santo y tú no eres obstáculo para ellos.
No importa de qué religión seas; puedes ser una persona corriente, pero, teniendo tal fe, tal conciencia en el templo de tu propio Corazón, romperás cualquier grillete.
La conciencia es el reflejo del amor. El amor que está en el corazón es invencible.
En él no hay falla, nada influye en él; es libertad, ¡y esa libertad es santa!
Está en el espíritu, habita en el corazón de la vida misma; tú, Satanás, no puedes entenderlo.
A ti, Satanás, te aguardan todavía el despertar de la conciencia y el resplandor del templo renacido del Corazón Humano, ante los cuales caerás.
La fuerza de la fe barrerá tu inmundicia de la tierra. Y ese día vendré en toda mi gloria.
—Respóndeme, Cristo: has venido por él, ¿verdad? —entornó los ojos Satanás—. Sé de él, de ese justo tuyo. Y lo encontraré, y entonces todo eso de lo que hablas no se cumplirá.
—No puedes estorbar a la providencia —respondió Jesús—.
Lo que está escrito en el Libro de la Vida sucederá sin falta.
¿Y por qué te has asustado tanto? Sabes que, mientras haya quienes son como él, tú y todo lo que has creado estáis condenados.
Y eso es un solo hombre terrenal; ya no hablo de toda la hueste celeste.
Los hombres sencillos tienen siete llaves para sellar para siempre las tablas de la vida y de la muerte.
Los hombres sencillos son capaces de cerrar la caja de Pandora, y nosotros los ayudaremos.
Con eso terminó la conversación. Un destello intenso cegó a Satanás; se cubrió los ojos y, cuando volvió a abrirlos, Jesucristo ya no estaba. Fue su última conversación. Ahora, ante el Diablo, solo quedaban el día del Juicio y el Apocalipsis, y lo sentía con todas sus entrañas.
Eusei y Venera, por su parte, seguían llevando una vida tranquila en la montaña, morando en una honda armonía interior.
Su unión con la naturaleza adquiría un vínculo cada vez más firme.
El Alma del Todo se revelaba cada vez más, y su comunicación consistía en la unión de sus almas con lo grande e indescriptible.
Y era imposible encontrarlos, porque el Alma del Todo se había ocupado de que la naturaleza misma los cubriera con una cúpula invisible.
Ahora todo lo que les quedaba era vivir, esperar y amar.
Eusei y Venera eran felices y aguardaban con impaciencia a su hijo, que estaba a punto de nacer y al que le tocaría poner del revés todos los fundamentos de la vida.