Capítulo 28 #2
—Ramiro te citó aquella tarde —dijo Mara—.
Teníais un conflicto concreto relacionado con tu proyecto y con dinero que ya habías invertido.
Hoy has reconocido que seguiste con él más abajo de lo que declaraste al principio.
Roi os sitúa juntos después de la hora a la que decías haberos separado, y el terreno permite que pudiera veros desde donde afirma.
Conoces un paso que hace compatible una salida desde la zona del homicidio con tu presencia posterior a las 19:11.
Y Criminalística ha encontrado sangre de Ramiro en una herramienta tuya de un tipo compatible con la lesión.
Sabela esperó a que terminara.
—Eso no prueba que yo lo golpeara.
—Cada elemento tiene sus límites —respondió Mara—. La valoración se hace sobre el conjunto.
La letrada tocó suavemente el brazo de su cliente y ambas volvieron a hablar en voz baja. Raquel esperó.
Cuando terminaron, Sabela miró a Mara.
—¿Queréis que os diga que bajé con él hasta donde apareció?
—Si decides seguir declarando, queremos que respondas sobre lo que ocurrió —dijo Raquel.
—¿Y si digo que sí?
Su abogada intervino de inmediato.
—Sabela, no contestes en forma de hipótesis.
Ella cerró los ojos un instante y después asintió.
—Estuvimos más abajo.
Raquel no se apresuró.
—¿Hasta C?
—Estuvimos cerca.
—¿Ramiro estaba vivo cuando te marchaste?
Sabela tardó tanto que Mara pensó que no respondería.
—Sí.
—¿Lo golpeaste con la maceta?
—No.
La negación llegó sin ninguna explicación añadida.
—¿Cómo explicas entonces su sangre en la herramienta?
—No lo sé.
—¿Utilizaste el paso directo para bajar al coche?
La letrada volvió a inclinarse hacia ella. Después de la conversación privada, Sabela habló mirando a Raquel.
—No voy a responder más preguntas sobre el recorrido ni sobre la herramienta.
—De acuerdo.
Raquel respetó la decisión sin intentar reformular las mismas preguntas.
La declaración continuó únicamente sobre extremos que Sabela y su letrada aceptaron aclarar.
Confirmó la dimensión general del conflicto económico, negó haber preparado un encuentro violento y mantuvo que Ramiro seguía vivo cuando se separaron.
No precisó el lugar ni ofreció una explicación concreta para la presencia de sangre de Ramiro en la maceta.
Terminada la declaración, Raquel dispuso que quedara documentada por el cauce correspondiente y salió con Mara mientras Sabela permanecía con su abogada.
Noelia las esperaba en el pasillo.
—¿Ha dicho algo?
Mara entendió la pregunta.
—Ha admitido que estuvieron más abajo de lo que declaró al principio. Niega el golpe y no ha querido responder sobre una parte del recorrido ni sobre la herramienta.
Noelia la observó durante unos segundos.
—Entonces seguimos sin saber las últimas palabras.
—Sí.
—Ni todo lo que hizo después.
—Tampoco.
—¿Cambia algo?
Mara miró hacia la puerta cerrada.
—No cambia lo que está acreditado.
Raquel salió detrás de ella con la carpeta de la declaración.
—Y eso es lo que importa ahora.
La actuación continuó sin necesidad de añadir dramatismo.
Sabela permaneció detenida, con sus derechos garantizados y asistencia letrada, mientras se completaban las diligencias para su puesta a disposición judicial por el cauce correspondiente.
Nadie en la UOPJ adelantó qué decisión podría adoptar después el juzgado ni habló de prisión provisional como si dependiera de ellos.
Mara regresó a la sala de trabajo.
La cronología seguía sobre la mesa desde aquella mañana.
En uno de los extremos figuraba la hora 18:34 junto a la indicación de que pertenecía a la versión inicial de Sabela.
Durante días habían conservado aquel dato porque una declaración no dejaba de existir cuando la investigación encontraba elementos que la contradecían.
Ahora la propia Sabela admitía que había continuado con Ramiro más abajo.
No era una confesión del homicidio, pero resolvía otra parte de la contradicción que llevaban días documentando.
Noelia entró detrás de ella.
—¿Quitamos las 18:34?
Mara miró la anotación.
—No. Déjala como versión inicial.
—De acuerdo.
La cronología debía mostrar también cómo había avanzado la investigación, incluidas las versiones que después habían resultado falsas o incompletas. Borrarlas habría dado una imagen demasiado limpia de un trabajo que había necesitado comprobar cada una de ellas.
Mara cerró la carpeta.
Ramiro había concertado el encuentro porque tenía que comunicar a Sabela un cambio que afectaba directamente a su explotación.
Los documentos demostraban las inversiones realizadas y la expectativa de ampliación; Roi los había visto juntos más tarde y más abajo de lo que ella reconoció, y Sabela acababa de admitir una parte de esa mentira.
La ruta C-D-E hacía compatible una presencia en la zona del homicidio con el registro de las 19:11, mientras la maceta de Sabela conservaba sangre de Ramiro en una zona protegida y era de un tipo compatible con la lesión.
Seguían sin conocer las palabras exactas de los últimos minutos ni la secuencia completa de gestos entre el avistamiento de Roi y el golpe. Tampoco podían reconstruir con certeza cada acción posterior de Sabela antes de llegar al coche.
Esos huecos no deshacían lo que las pruebas permitían sostener.
Horas después, cuando se completaron las diligencias necesarias y Sabela quedó a disposición judicial por el cauce correspondiente, Mara volvió a pensar en el recorrido de aquella semana.
La atribución del homicidio no había surgido de una confesión ni de una única revelación, sino de elementos que al principio parecían pertenecer a conflictos distintos: unas facturas, un testigo que había mentido por otra razón, una parcela pequeña cuya posición importaba más que su superficie, un paso de trabajo difícil de apreciar desde arriba y una microtraza que había quedado protegida en una herramienta corriente.
Sabela no había explicado cómo murió Ramiro.
La investigación ya no necesitaba que lo hiciera.