La tierra heredada (Los casos de Mara Valdés 3) Capítulo 27 #2
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Capítulo 27 #2

Esa parte de la reconstrucción descansaba en datos externos: mediciones, recorridos, imágenes y un pago con tarjeta.

No necesitaban saber qué pensó Sabela ni qué hizo en cada segundo para sostener que una persona situada en C durante la franja del homicidio podía descender hasta E y llegar después al establecimiento dentro del intervalo documentado.

—¿Y la bolsa? —preguntó Raquel.

Podían acreditar que Sabela había salido de D con herramientas portátiles y que la maceta fue intervenida días más tarde en su almacén de trabajo. No podían reconstruir de forma directa cada manipulación del equipo entre el momento de la agresión y su posterior almacenamiento.

La herramienta presentaba superficies relativamente limpias y la microtraza había sobrevivido en un punto protegido, pero Criminalística no podía afirmar quién había limpiado la maceta, cuándo ni con qué intención.

—En una reconstrucción factual no atribuimos una limpieza intencionada como hecho —dijo Mara—. Dejamos constancia del estado de la herramienta y de dónde se conservó la microtraza. Lo demás solo puede valorarse como inferencia junto con el resto.

Raquel estuvo de acuerdo.

De regreso a Monforte, Mara llevó el plano sobre las rodillas sin necesidad de consultarlo.

No había dejado de ser útil; simplemente ya no servía para descubrir caminos.

Ahora permitía mostrar por qué ciertos movimientos eran posibles y en qué punto las declaraciones dejaban de coincidir con el terreno.

Noelia las esperaba en la UOPJ con la documentación económica preparada.

—¿Habéis encontrado algo nuevo?

—No —respondió Mara.

—Bien.

Raquel dejó la carpeta sobre la mesa.

—Eso mismo he pensado.

La mañana no debía aportar una última pista conveniente, sino ordenar lo que ya tenían.

Noelia desplegó tres documentos. El primero demostraba la continuidad de las conversaciones sobre ampliación; el segundo reunía inversiones cuya lógica económica mejoraba si la explotación aumentaba de superficie, y el tercero pertenecía a la reorganización del bloque inferior y a la negociación comercial que Ramiro estaba preparando.

—No voy a decir que un papel demuestra que Ramiro canceló definitivamente el proyecto de Sabela a una hora concreta del martes —explicó—.

Juntos sí demuestran que existía una expectativa real, que ella había invertido apoyándose en esa expectativa y que Ramiro estaba avanzando hacia una configuración en la que su ampliación dejaba de ocupar el mismo lugar.

Mara señaló la parcela de Diego en el mapa.

—Y la posición de esta finca hace viable esa reorganización.

—Sí. Nicolás ya lo dejó documentado. Lo importante no es la superficie, sino la continuidad que permite entre sectores.

Raquel incorporó aquella parte a la reconstrucción.

El motivo podía formularse sin atribuir a Sabela emociones o pensamientos que no habían quedado expresados. Sabían qué había invertido, qué podía perder y qué cambio estaba preparando Ramiro. Eso bastaba para demostrar que el conflicto tenía una base concreta.

Durante la hora siguiente separaron la secuencia en tres categorías.

Entre los hechos acreditados quedaron el mensaje de las 17:07, la salida de Sabela de D con una bolsa de herramientas portátiles, la última llamada de Ramiro, el encuentro entre ambos, el posterior avistamiento de Roi, la agresión mortal en C, la existencia y medición del paso directo, el registro posterior de Sabela y la microtraza hemática con perfil genético coincidente con Ramiro en la maceta.

Como inferencias razonables situaron la continuación conjunta desde el último punto observado hasta C, el uso del paso directo por Sabela después del golpe y la posibilidad de que una limpieza superficial explicara la ausencia de restos visibles mientras la microtraza permanecía protegida en la unión de la herramienta.

Fuera de lo demostrable quedaron las palabras exactas de los últimos minutos, la posición precisa de ambos inmediatamente antes de la agresión y cualquier intento de decidir qué pensó Sabela en el momento en que la discusión terminó en violencia.

—Eso último no puede entrar como si lo supiéramos —dijo Mara.

—No entrará —respondió Raquel.

Noelia repasó la relación.

—Y aun quitándolo, la secuencia se sostiene.

Podían prescindir de las partes más dramáticas y admitir que nadie había visto a Sabela recorrer C-D-E. La documentación, el testimonio de Roi, la geometría de la ladera, los tiempos y la prueba material seguían formando una reconstrucción coherente.

Raquel agrupó las hojas que debían incorporarse al atestado.

—Con esto podemos proceder.

Mara no pidió que concretara más. Sabía que la UOPJ ya había estado preparando el siguiente paso y que cualquier actuación con Sabela tendría que descansar en aquellas diligencias, no en una conversación improvisada destinada a obtener una confesión.

—Cuando hablemos con ella —preguntó Noelia—, ¿le exponemos todo?

Raquel respondió con cautela.

—Se le comunicará lo que corresponda dentro de la actuación y con sus derechos garantizados. No vamos a convertirlo en una escena para conseguir que confiese.

Mara volvió a la documentación. Si Sabela negaba el golpe, la microtraza seguiría en la herramienta.

Si sostenía que se había separado de Ramiro en B, permanecería el testimonio de Roi y la comprobación de la línea de visión.

Si recurría al registro de las 19:11, las mediciones seguirían demostrando que el horario era compatible con una salida desde C.

Y el perjuicio económico y profesional seguiría apoyado por facturas, mensajes y la reorganización de las parcelas.

Una declaración de Sabela podía aclarar parte de los minutos que nadie había presenciado, pero la investigación no dependía de que lo hiciera.

Raquel cerró la carpeta.

La reconstrucción estaba lista para incorporarse al atestado y sostener la actuación que vendría después.