Capítulo 27
El mismo recorrido
A las ocho y cuarto de la mañana, algunos tramos de la ladera seguían en sombra.
No había niebla ni lluvia que alterasen el terreno respecto a los días anteriores; la humedad se conservaba junto a ciertos muros y en las zonas menos expuestas, mientras las terrazas orientadas hacia el cañón empezaban a recibir una luz limpia que acentuaba los desniveles.
Aquellas condiciones servían para lo que necesitaban. No pretendían reproducir el martes hasta en sus detalles atmosféricos, sino recorrer una vez más la secuencia que podían sostener con los datos reunidos.
Raquel llevaba una copia de la cronología. Nicolás había acudido para resolver dudas sobre puntos, distancias y accesos, aunque no iban a repetir unas mediciones que ya estaban documentadas. Noelia se reuniría con ellas más tarde en la UOPJ para incorporar la parte económica.
Mara señaló hacia el sector D.
—Empezamos ahí.
Bajaron sin hablar demasiado.
Durante la primera visita, aquella zona había sido simplemente el lugar donde trabajaba Sabela.
Después supieron que allí permanecía parte del equipo pesado y que, cuando tenía que revisar anclajes o realizar pequeñas reparaciones durante el recorrido, se desplazaba con herramientas portátiles.
El paso directo hacia E atravesaba además aquel sector.
Ahora sabían también que una maceta perteneciente a su material de trabajo contenía sangre de Ramiro en un intersticio protegido de la unión entre la cabeza y el mango.
Mara no quería que ese último dato transformara retrospectivamente la apariencia del lugar. D seguía siendo una zona de trabajo corriente.
Llegaron al punto que habían fijado como base aproximada de la actividad de Sabela aquella tarde. Raquel consultó la cronología.
—Entre las cinco y media y las seis y dieciocho trabaja en este sector.
—Su declaración y las comprobaciones que hicimos encajan con eso.
—Sí.
—¿Qué podemos sostener de la bolsa?
Raquel revisó las notas.
—Que salió con una bolsa pequeña de herramientas portátiles. Lo reconoció desde el principio y es coherente con las tareas que estaba realizando.
Nicolás señaló varios anclajes cercanos.
—Trabajando aquí no tendría sentido regresar al punto base cada vez que necesitas un útil pequeño. Llevas contigo lo que puedes utilizar durante el recorrido.
Mara miró hacia la subida que conducía a B.
—Y la maceta podía ir dentro.
—Sí. Sabela admitió durante el registro que podía haberla llevado aquel martes —dijo Raquel—. Lo que no tenemos es una comprobación del contenido de la bolsa a las 18:18.
—Entonces eso es lo que debe constar.
Podían afirmar que Sabela había abandonado D con herramientas portátiles, que la maceta pertenecía a su equipo habitual y que ella misma admitía que podía haber estado en la bolsa. Acreditar de manera directa que estaba dentro en aquel instante era otra cosa.
Empezaron a subir.
A las 18:18 del martes, Sabela había dejado el sector para revisar varios puntos del recorrido antes de reunirse con Ramiro. El mensaje de las 17:07 demostraba que el encuentro estaba concertado. Aproximadamente diez minutos después de abandonar D, ambos coincidieron cerca del cruce alto.
—Ramiro había dejado el coche arriba a las 18:12 —recordó Raquel mientras ascendían—. La última llamada profesional está entre las 18:20 y las 18:25.
—Y nos permite saber que seguía vivo entonces.
Al llegar cerca de B, Mara se detuvo.
Durante varios días, aquel punto había sido fundamental porque Sabela situaba allí el final de la conversación, alrededor de las 18:34.
Según su versión, Ramiro continuó descendiendo mientras ella inició el regreso por la ruta habitual.
Ahora B tenía otro valor: marcaba el lugar a partir del cual su relato dejaba de coincidir con lo que habían podido comprobar después.
—Hasta aquí tenemos pocas diferencias con lo que ella reconoce —dijo Mara—. Se encuentran, hablan y discuten por la ampliación.
—Y a partir de aquí aparece la contradicción —respondió Raquel.
Continuaron descendiendo.
No intentaron reconstruir las palabras. Los documentos y las propias declaraciones de Sabela permitían conocer el fondo del enfrentamiento: Ramiro no iba a mantener la ampliación en los términos que ella esperaba, las inversiones realizadas seguían pendientes de reconocimiento y la reorganización del bloque inferior alteraba el proyecto sobre el que llevaba tiempo trabajando.
Nadie había oído, sin embargo, la conversación completa.
A mitad del descenso alcanzaron el tramo visible desde la posición de Roi.
Raquel señaló el nivel lateral.
—Entre las 18:40 y las 18:42, aproximadamente.
—Según su testimonio.
—Y desde allí podía verlos.
Nicolás confirmó con un gesto. Ya habían comprobado que la línea de visión existía y que una persona familiarizada con ambos podía reconocerlos durante unos segundos antes de que el siguiente quiebro de la ladera los ocultara.
Roi no oyó lo que decían, no presenció ninguna agresión ni podía saber adónde se dirigieron después.
Su declaración sí prolongaba la presencia conjunta varios minutos y varios bancales más allá de lo admitido por Sabela.
—Eso es lo que tenemos —dijo Mara—. Un testimonio compatible con el terreno y una contradicción real con su versión. La hora sigue siendo aproximada.
—Y tampoco sabemos si desde aquí continuaron directamente hasta C —añadió Raquel.
—Solo que seguían juntos y descendiendo.
Siguieron hasta la zona próxima al bancal C.
La primera vez que Mara había llegado allí, el lugar donde apareció el cadáver dominaba cualquier otra percepción. Ahora conocía suficientemente los muros, los cambios de nivel, las entradas laterales y las líneas de visión para separar la escena de todo lo que había aprendido después.
Raquel consultó la cronología.
—A partir de aquí entramos en lo que nadie vio.
La autopsia no había fijado una hora exacta.
Medicina Legal ofrecía una ventana amplia y la investigación la había ido acotando mediante la última llamada, el avistamiento de Roi y los movimientos posteriores.
La convergencia permitía considerar más probable una agresión hacia la parte final de ese intervalo, aproximadamente entre las 18:45 y las 18:50, sin transformar aquella horquilla investigadora en una hora médico-legal precisa.
—Podemos sostener que Ramiro recibió aquí un único golpe contundente dentro de una franja compatible con que Sabela continuara con él después de que Roi los viera —dijo Mara—. Y que una maceta de su equipo contiene sangre de Ramiro en una zona protegida y es de un tipo compatible con la lesión.
Raquel esperó antes de formular la siguiente pregunta.
—¿Podemos decir que llevaba la maceta en la mano cuando llegó a C?
—No.
—¿Que la discusión continuó sin interrupción hasta el golpe?
Mara negó.
—Sabemos que venían de discutir por un conflicto que seguía abierto. No sabemos qué se dijeron después de que Roi los perdiera de vista ni cuánto duró exactamente esa última parte.
—¿Y la posición de Ramiro antes de recibir el impacto?
—La lesión permite describir dónde lo alcanzó el golpe. No reconstruir con precisión sus movimientos en los segundos anteriores.
No necesitaban llenar aquellos huecos. La fuerza que había adquirido la investigación hacía todavía más importante distinguir lo que podían demostrar de lo que pertenecía a la reconstrucción razonable.
Mara observó el bancal. Tampoco había indicios de que el cadáver hubiese sido trasladado ni de que alguien intentara simular un accidente. Ramiro había quedado en el lugar de la agresión.
Raquel volvió a la cronología.
—Si atribuimos el golpe a Sabela, ¿qué podemos sostener después?
—Que desde C una persona habituada a la ladera puede llegar a E por el paso directo en siete a nueve minutos. Que Sabela conoce ese recorrido porque trabaja en D y que esos tiempos son compatibles con su presencia documentada entre las 19:11 y las 19:15.
—Pero nadie la vio bajar.
—No.
—Y no tenemos una imagen suya en el paso.
—Tampoco. El recorrido demuestra que la secuencia es físicamente posible y elimina la dificultad temporal de la ruta que ella describió. Que lo utilizara aquella tarde es una inferencia apoyada en el conjunto.
Empezaron a descender por C-D-E sin cronómetro. Habían realizado ya varias pasadas comparables y Nicolás había documentado distancias, desniveles y tiempos. Repetir la medición no les aportaría nada.
Desde C, el paso perdía altura mediante rampas, pequeños escalones de tierra y una abertura junto a un muro hasta desembocar en D. Desde allí continuaba hacia el aparcamiento sin necesidad de buscar la senda de servicio ni la pista larga.
Una persona acostumbrada al terreno podía recorrerlo con una bolsa pequeña sin dificultad extraordinaria.
Al alcanzar D, Mara se detuvo.
—Hay otro punto que debemos dejar claro. Nuestra reconstrucción no necesita que regresara aquí a recoger nada.
—Porque ya había salido con la bolsa a las 18:18 —dijo Raquel.
—Sí. Si la maceta iba dentro, el recorrido no exige ningún desvío para buscarla ni para recoger material antes de bajar.
Nicolás señaló hacia el siguiente tramo.
—Y desde aquí a E tampoco necesita incorporarse a la ruta ordinaria.
Continuaron.
El paso parecía mucho más evidente que el primer día.
Mara sabía que esa impresión tenía más que ver con lo que ahora conocían que con el terreno mismo.
El acceso no había aparecido porque lo necesitara la investigación.
Llevaba años allí, integrado en los movimientos de quienes trabajaban aquellos bancales.
Llegaron al aparcamiento.
Raquel miró el lugar donde había estado el vehículo de Sabela.
—De C a E, entre siete y nueve minutos.
—Documentado.
—Y de aquí al establecimiento, entre diez y catorce en coche.
—Sí.
—Allí aparece entre las 19:11 y las 19:15.