Capítulo 25 #2
La pregunta, sin embargo, era más concreta: si conocían algún episodio en el que Ramiro pudiera haber sangrado sobre aquella herramienta.
No lo conocían.
Tampoco constaba ningún accidente reciente entre ambos.
Una pequeña herida olvidada podía haber dejado una microtraza y el laboratorio no podía excluirlo ni fechar el material, pero no tenían ninguna referencia que acreditara ese episodio.
Además, la localización del rastro resultaba menos compatible con un simple contacto manual que si hubiera aparecido en el mango o en otra superficie habitual de agarre.
—No digamos que es imposible —insistió Mara—. Digamos que no tenemos documentada una explicación ordinaria para ese rastro.
Raquel lo dejó así en sus notas.
Revisaron también la limpieza. La maceta presentaba superficies relativamente limpias y Sabela ya había explicado que mantenía las herramientas con cierta regularidad.
Podía haber pasado un trapo después de cualquier trabajo y aquella conducta, por sí misma, no demostraba una intención de ocultar nada.
El dato relevante era que Criminalística hubiera localizado la microtraza en una zona menos accesible a esa limpieza superficial.
—¿Pueden afirmar que alguien intentó eliminar sangre? —preguntó Mara.
—No con lo que tenemos —respondió Raquel—. Pueden describir el estado de la herramienta y dónde ha aparecido el resto. La intención no sale del laboratorio.
—Entonces no se la atribuyamos nosotros.
Noelia volvió a la fotografía del registro.
—Podemos sostener que algunas superficies estaban limpias y que quedó material en un punto protegido. Si hubo una limpieza después del golpe, tendrá que inferirse del conjunto y no del aspecto de la herramienta.
—Eso es.
La diferencia era importante. Podían afirmar que una herramienta de Sabela estaba materialmente relacionada con Ramiro mediante una microtraza de sangre y que sus características eran compatibles con el mecanismo de la lesión.
Todavía no podían afirmar, solo por esos datos, cuándo se produjo el contacto ni que la maceta fuera de manera exclusiva el objeto utilizado en el homicidio.
Raquel volvió a leer la comunicación.
—Hay una cosa que me interesa especialmente.
—La unión —dijo Noelia.
—Sí, pero no porque sea un sitio mágico donde se conserva la sangre.
Cuando preguntamos por contactos normales, Sabela habló de prestar herramientas, de que Ramiro pudiera coger alguna y de trabajos compartidos.
Eso explica con bastante facilidad posibles rastros en zonas normales de manipulación.
Explica peor sangre protegida junto a la cabeza metálica.
—Peor no significa imposible —recordó Mara.
—Lo sé.
—Pero la diferencia se puede valorar.
—Eso digo.
Noelia tomó uno de los informes de la autopsia.
—Y si la lesión fuera incompatible con esta herramienta, podríamos tener sangre importante y seguir sin poder relacionarla con el golpe.
—Correcto —dijo Raquel.
—Pero es compatible.
—El tipo de herramienta, sí.
Ahí estaba la fuerza del hallazgo. La genética relacionaba a Ramiro con la maceta; la valoración médico-legal permitía que un objeto de esa clase hubiera causado la lesión; Roi situaba a Sabela junto a Ramiro durante la franja relevante; el paso entre bancales hacía posible su salida dentro de los tiempos documentados, y los documentos daban al enfrentamiento de aquella tarde una gravedad económica y profesional que ella había intentado reducir en sus primeras declaraciones.
La mañana anterior habían comprobado qué quedaría si el laboratorio no encontraba nada. La respuesta había sido una sospecha fuerte, pero todavía sin una conexión material con la agresión. Aquella microtraza cambiaba precisamente ese punto.
—¿Qué hacemos con Sabela? —preguntó Noelia.
Raquel tardó en responder.
—No voy a decidirlo aquí con una comunicación preliminar delante. Primero incorporamos formalmente el resultado, revisamos con el equipo territorial lo que ya está documentado y valoramos el siguiente paso por el cauce que corresponda.
Noelia no insistió. Mara tampoco. La fuerza de la prueba no dependía de que reaccionaran con precipitación.
A primera hora de la tarde llegó una versión más completa de la comunicación técnica.
Confirmaba los mismos extremos y mantenía sus límites: naturaleza hemática humana, perfil genético coincidente con Ramiro, localización en un intersticio protegido, compatibilidad general entre el tipo de herramienta y la lesión, imposibilidad de fechar el depósito y ausencia de una identificación exclusiva del arma a partir de la herida.
Raquel imprimió la documentación y la dejó junto a las diligencias anteriores.
Noelia miró la fotografía de la maceta.
—La primera vez que la vimos era una herramienta normal.
—Y sigue siéndolo —respondió Mara.
Noelia frunció el ceño.
—Ahora sabemos que tiene sangre de Ramiro.
—Una cosa no elimina la otra. Precisamente podía estar en la ladera sin llamar la atención porque formaba parte del trabajo de Sabela.
No había aparecido escondida ni fuera de contexto.
Era una maceta de uso ordinario para postes, anclajes y pequeñas reparaciones, una herramienta que Sabela podía llevar consigo sin que su presencia implicara ninguna preparación previa.
Si había sido utilizada contra Ramiro, esa normalidad también formaba parte de la mecánica del crimen.
Mara dejó ahí el razonamiento. Todavía no podían reconstruir cada gesto posterior a la agresión ni atribuir a Sabela una conducta concreta de limpieza más allá de lo que los indicios permitieran sostener.
Raquel cerró la última carpeta.
—Esta tarde lo ponemos todo junto.
Noelia señaló la fotografía.
—¿Con esto todavía hace falta repasar todo lo demás?
—Más que antes —respondió Mara.
La microtraza no sustituía a la cronología, al testimonio de Roi, a los recorridos ni a la documentación económica.
Sin esos elementos seguía siendo un rastro difícil de fechar en una herramienta que podía haber tenido contactos anteriores con Ramiro.
Del mismo modo, sin la compatibilidad médico-legal tampoco bastaba para identificar el objeto que había causado la lesión.
Mara volvió a la pizarra antes de salir. Noelia había dejado los datos separados, sin flechas ni una conclusión escrita al final.
Prefirió mantenerlos así.
Aquella tarde revisarían el conjunto con un elemento nuevo que ya no procedía de una declaración, un mapa o un cálculo de tiempos.