La tierra heredada (Los casos de Mara Valdés 3) Capítulo 21 #2
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Capítulo 21 #2

—El almacén de trabajo de Sabela está separado de su vivienda. Es una dependencia cerrada donde guarda el equipo cuando termina.

—¿Quién entra?

—Ella de forma habitual. Tenemos que precisar si ha dejado acceder a otros trabajadores, qué herramientas ha prestado y qué material suyo se ha utilizado en trabajos compartidos. No quiero hablar de uso exclusivo si no podemos sostenerlo.

Noelia recorrió la lista de nombres.

—Antón ha trabajado con ella alguna vez.

—Sí, pero una cosa es trabajar juntos y otra utilizar habitualmente sus herramientas. Hay que comprobarlo de forma concreta.

—¿Y Ramiro?

La pregunta tenía más importancia. Si alguna herramienta de Sabela llegaba a mostrar un vestigio relacionado con Ramiro, necesitarían saber si existían contactos ordinarios capaces de explicarlo.

Habían trabajado en terrenos relacionados y coincidido en labores; no podían descartar de antemano una explicación normal solo porque complicara la interpretación de un resultado.

—Eso es lo primero —dijo Mara—. Qué herramientas podían compartirse, cuáles llevaba Sabela con ella y qué contacto habitual podía existir con Ramiro.

Raquel anotó las comprobaciones.

—Sin entrar todavía en el almacén.

—Claro.

Podían reconstruir usos y accesos mediante declaraciones, fotografías ya incorporadas y diligencias legítimamente practicadas. Una entrada en la dependencia exigiría la cobertura judicial correspondiente si la base indiciaria llegaba a justificarla.

Noelia señaló una de las imágenes.

—Aquí hay una maceta.

Era una herramienta corriente, con cabeza metálica y mango corto. Apenas destacaba entre el resto del material.

—También hemos visto otras —dijo Raquel—. Y la autopsia no dice «maceta». Habla de un objeto contundente duro y compacto compatible con distintos útiles.

Mara amplió la fotografía lo suficiente para observarla. Recordaba herramientas semejantes en los primeros reconocimientos. Tenía sentido encontrarlas en una ladera donde había que ajustar postes, fijaciones y pequeños elementos de piedra.

—¿Podemos acreditar que esa en concreto estuviera con Sabela el martes?

Raquel revisó sus notas.

—Sabemos que se movía con una bolsa de herramientas ligeras, pero los testimonios no permiten individualizar todo lo que llevaba en cada momento.

—Entonces no digamos más.

—Pero si sigue en el almacén... —empezó Noelia.

—Eso tampoco lo sabemos.

—Y comprobar qué herramientas conserva puede justificar una diligencia —añadió Raquel—, siempre que lleguemos al juzgado con algo más sólido que una petición para entrar a ver qué encontramos.

A partir de ahí dejaron de hablar de un objeto concreto y organizaron la base que podría sostener una solicitud limitada.

No pretendían entrar en la vivienda de Sabela ni revisar indiscriminadamente sus efectos.

El interés estaba acotado a herramientas y material de trabajo potencialmente relacionados con una agresión contundente, guardados en una dependencia profesional separada.

—Antes de pedir nada quiero cerradas las comprobaciones sobre uso compartido —dijo Mara.

—Ya las he puesto en marcha —respondió Raquel—. También revisaré las fotografías anteriores para saber qué material estaba documentado antes de que Sabela se convirtiera en nuestra hipótesis principal.

Eso evitaba dos problemas. Por un lado, seleccionar a posteriori un objeto corriente solo porque ahora resultara útil. Por otro, buscar explicaciones inocentes únicamente después de conocer un eventual resultado pericial. Ambas cosas debían examinarse antes.

Noelia miró la relación de comprobaciones.

—Estamos preparando cómo interpretar una prueba que todavía no tenemos.

—Si llega a existir —dijo Mara.

Raquel cerró la carpeta.

—Y si entramos con autorización y no aparece nada relevante, también tendremos que asumirlo.

La hipótesis contra Sabela podía seguir apoyándose entonces en motivo, presencia, mentira y oportunidad, pero la ausencia de un vínculo material obligaría a valorar con cuidado hasta dónde permitían llegar esos indicios.

Repasaron por última vez las alternativas.

Clara, Diego y Esteban quedaban alejados de la agresión por comprobaciones independientes; Antón tenía acreditada su presencia en otra ladera durante el intervalo crítico, y el motivo por el que Roi había ocultado sus movimientos, además de su recorrido posterior, resistía las verificaciones realizadas.

Tampoco existía ningún dato positivo que señalara a un tercero desconocido.

Sabela concentraba, en cambio, cuatro elementos que se reforzaban entre sí: un perjuicio concreto, una presencia más tardía de la admitida, una versión falsa sobre el final del encuentro y una posibilidad material de abandonar la zona de C a tiempo para aparecer después ante la cámara.

Faltaba comprobar si algo la vinculaba con la agresión misma.

Noelia cerró el ordenador.

—Entonces sabemos qué buscamos.

—Sabemos qué necesitamos comprobar.

Noelia sonrió con cansancio.

—Algún día voy a conseguir que aceptes una frase sencilla sin corregirla.

—Hoy no.

Raquel separó las diligencias que podían completarse de inmediato de aquellas que requerían autorización judicial.

—Primero cierro el uso y el acceso a las herramientas. Si la base se mantiene, prepararé la solicitud limitada al almacén de trabajo.

Mara recogió la cronología. Habían llegado a una necesidad investigadora concreta sin convertirla en una búsqueda abierta para confirmar una conclusión previa: determinar si entre las herramientas de Sabela existía algún elemento capaz de relacionarla materialmente con la lesión de Ramiro y hacerlo mediante una diligencia acotada y justificable.

Era lo que todavía faltaba.