Capítulo 20 #2
La corrección era necesaria. Desde que varias líneas empezaban a converger sobre Sabela, resultaba fácil hacer que cualquier dato del terreno pareciera formar parte de una estructura perfecta.
El paso directo resolvía el problema temporal.
La parcela de Diego explicaba por qué Ramiro había cambiado su proyecto.
Que las dos cuestiones acabaran afectando a la misma sospechosa no las convertía en una sola prueba.
—Ya está —dijo Mara—. No necesitamos más.
Noelia volvió la vista hacia la finca.
—Es increíble.
—¿Qué?
—Todo lo que ha terminado dependiendo de una parcela que al principio parecía casi irrelevante.
Nicolás negó.
—La parcela no decide nada. La gente decide qué hace con ella.
Mara retuvo la distinción.
Al regresar a Monforte, Raquel ya había revisado parte de la documentación que Noelia había dejado preparada.
—¿Se sostiene? —preguntó.
—Físicamente, sí —respondió Mara—. Nicolás confirma que la posición permite conectar mejor los sectores y reducir la dependencia de algunos pasos informales. Lo que no dice es que Ramiro tuviera derecho a hacerlo.
—Y eso importa —añadió Noelia—. Si no podía asegurar el uso de la parcela, la reorganización seguía siendo solo un proyecto.
Raquel señaló uno de los documentos.
—Diego no había aceptado.
—Todavía no.
—Entonces, ¿qué cambia el martes?
Noelia tomó asiento.
—Que Ramiro actúa como si tuviera una posibilidad suficientemente seria de cerrar esa pieza y reorganizar el conjunto. No sabemos que hubiera un acuerdo definitivo. Sabemos que la consideraba lo bastante viable como para cambiar su plan con Sabela.
Raquel miró a Mara.
—¿Hasta el punto de decirle que se acababa la ampliación?
—Según Sabela, eso fue lo que hizo.
—Y después ella mintió sobre dónde y cuándo terminó esa conversación.
—Sí.
Mara acercó la cronología. No necesitaban rehacer todo el martes desde el principio.
Sabela había invertido más de lo reconocido en un proyecto cuya viabilidad dependía de aumentar la superficie que trabajaba.
Ramiro había alimentado aquella expectativa durante meses sin llegar a garantizarla por completo.
La parcela de Diego abría una reorganización distinta del conjunto y, al mismo tiempo, Ramiro solo estaba dispuesto a reconocer una parte de los gastos que Sabela vinculaba al futuro que habían venido preparando.
La había citado el martes. La discusión fue más dura de lo que Sabela admitió al principio; Roi los vio juntos más abajo y más tarde de lo declarado, y el paso que ella no había mencionado hacía compatible una permanencia prolongada en la ladera con su presencia documentada a las 19:11.
—Hasta ahora teníamos todo esto en carpetas distintas —dijo Noelia—. El dinero por un lado, los caminos por otro, lo que ocultó Roi y que después nos llevó a su testimonio, la cámara...
—Ahora empieza a relacionarse —dijo Raquel—. Pero hagámoslo como hipótesis.
Miró a Mara.
—Ramiro cambia el proyecto porque la parcela de Diego le permite reorganizar los terrenos de otra forma —expuso ella—.
Ese cambio deja fuera la ampliación con la que Sabela contaba después de haber invertido dinero y trabajo.
El martes la cita para comunicárselo. Discuten y continúan juntos bastante más abajo de donde ella declara.
Si la conversación sigue hasta el entorno de C, el homicidio puede producirse allí y todavía habría tiempo para bajar por el paso directo, llegar al coche y aparecer después en el registro de las 19:11.
Raquel esperó.
—Eso nos da un motivo concreto y una oportunidad material —continuó Mara—. También ofrece una explicación posible para que Sabela adelantara la hora de la separación y describiera un recorrido más largo.
—¿Qué demuestra que siguieran desde el lugar donde los vio Roi hasta C?
—Nada todavía.
—¿Qué demuestra que fuera ella quien golpeó a Ramiro?
—Nada material.
—¿Y qué impide que lo dejara vivo unos minutos después y apareciera otra persona?
—Ahora mismo, nada.
Raquel asintió y Noelia pasó una hoja.
—Las alternativas empiezan a necesitar más explicaciones.
—Eso sí —respondió la teniente—. Pero siguen siendo alternativas.
La hipótesis contra Sabela había ganado peso porque ya no dependía de una sola mentira ni de un conflicto económico genérico.
Reunía una pérdida profesional y económica concreta, una decisión de Ramiro respaldada por documentos, un testimonio que contradecía el lugar y la hora de la despedida y una ruta que eliminaba la aparente protección del registro posterior.
Aun así, la misma información podía corresponder a una mujer que hubiera discutido con él, minimizado después el enfrentamiento y abandonado a Ramiro todavía vivo.
—Repasemos a los demás otra vez —dijo Mara.
Raquel sonrió apenas.
—Eso quería oír.
Durante casi una hora volvieron sobre las líneas que parecían cerradas, no para reabrirlas por obligación, sino para comprobar si la nueva lectura de la parcela alteraba alguna de ellas.
Diego mantenía un conflicto real con Ramiro, pero sus movimientos posteriores lo situaban lejos de la ladera y nada indicaba que conociera las consecuencias que su decisión podía tener sobre el proyecto de Sabela.
Para él, aquella parcela seguía siendo una propiedad heredada cuyo acuerdo quería renegociar.
Clara había negociado por su cuenta y podía beneficiarse de cambios en la organización familiar, pero tampoco estaba allí durante la franja crítica.
Esteban había presionado para obtener estabilidad y buscado alternativas si Ramiro no podía ofrecérsela. Eso explicaba la negociación comercial, no una presencia junto a la víctima aquella tarde.
Antón estaba con Benito.
Roi había mentido, pero su recorrido posterior resistía la comprobación espacial y el dato que terminó aportando sobre Ramiro y Sabela lo obligaba a reconocer precisamente el uso del paso que había intentado ocultar.
—Sabela es la única cuya mentira coincide ahora con el conflicto y con la franja temporal —dijo Noelia.
—Sí —respondió Raquel.
Mara miró la carpeta de la autopsia. Ramiro había recibido un único golpe contundente en la cabeza, pero la lesión no permitía individualizar un arma concreta.
En una ladera de trabajo abundaban las herramientas capaces de producir un traumatismo compatible y el simple hecho de utilizar una de ellas no podía convertirse en prueba.
—Seguimos sin tener el objeto.
Raquel miró también la carpeta.
—Ni base para elegir uno solo porque encaje por forma o tamaño.
—Exacto.
—Sabela estaba trabajando aquella tarde —dijo Noelia.
—Como mucha gente allí —respondió Raquel.
Mara recordó las primeras inspecciones. Habían visto herramientas de poda, martillos, barras, piezas metálicas, cajas y bolsas sin que ninguna tuviera entonces un significado especial.
Durante unas horas también había parecido relevante que Antón tuviera acceso a herramientas utilizadas en la explotación de Ramiro, hasta que su cronología quedó aclarada.
No podían repetir el mismo razonamiento con Sabela.
—¿Qué necesitas para avanzar? —preguntó Mara.
Raquel tardó un poco en responder.
—Que mañana cojamos esta hipótesis e intentemos romperla otra vez. Si resiste, veremos qué diligencia podemos justificar para buscar una vinculación material.
—De acuerdo.
—No voy a pedir una entrada en ningún sitio solo porque ahora podamos contar una historia que encaja.
—Ni deberíamos.
Noelia cerró la carpeta de la parcela de Diego y aquel pequeño contorno desapareció del centro de la mesa.
Al principio había parecido la clase de herencia capaz de provocar una discusión familiar y despertar el interés de una bodega. Habían tardado en comprender su verdadera importancia porque se habían preguntado cuánto valía antes de averiguar qué permitía hacer.
Para Ramiro, aquella posición hacía más manejable un conjunto fragmentado y abría una reorganización con la que podía reforzar su posición ante Esteban sin renunciar al control.
Para Sabela, la misma decisión amenazaba con dejar demasiado pequeña la explotación sobre la que llevaba dos años construyendo su proyecto y con hacer que parte del dinero invertido beneficiara unas tierras que ella ya no trabajaría en las condiciones esperadas.
El martes, Ramiro había decidido comunicarle el cambio.
Mara volvió a la cronología. Ya podían formular una secuencia que explicaba un motivo concreto, la mentira sobre el final de la discusión y la posibilidad material de que Sabela abandonara después la ladera a tiempo para aparecer ante una cámara.
Era la hipótesis más sólida que habían tenido hasta entonces.
Precisamente por eso, al día siguiente tendrían que buscar primero dónde podía romperse.
—Empezamos por lo que todavía no encaja —dijo.
Raquel recogió sus notas.
—Y, si resiste, veremos qué podemos demostrar.