Capítulo 19 #2
Ahí estaba la diferencia fundamental. La ruta ordinaria obligaba a comprimir la secuencia si se colocaba a una persona en C avanzada ya la franja crítica.
El paso directo eliminaba ese problema y hacía compatible una presencia tardía en la ladera con el registro posterior, aunque por sí solo no demostrara quién lo había recorrido.
—Pon una salida hipotética entre las seis y cincuenta y las seis y cincuenta y dos —dijo Raquel.
Noelia escribió a lápiz.
—Llegada a E entre las seis y cincuenta y nueve y las siete y uno, aproximadamente.
Nicolás señaló la anotación.
—Eso ya combina nuestro tiempo de recorrido con una hora de partida que no hemos medido.
—Lo sé. La estoy usando como simulación.
—Entonces déjalo claro.
Noelia añadió una nota.
—Con diez a catorce minutos de coche, el intervalo resultante llega aproximadamente hasta las siete y quince.
Los tres miraron la línea inferior de la cronología:
19:11-19:15.
No necesitaban que la secuencia coincidiera con el segundo exacto de una cámara. Bastaba con comprobar que ambas cosas podían formar parte de la misma tarde sin exigir carreras, desplazamientos imposibles o una alteración de los registros.
Mara repasó lo que podían sostener. Roi afirmaba haber visto a Ramiro con Sabela hacia las 18:40-18:42.
La valoración médico-legal permitía que la muerte hubiera ocurrido después, sin precisar un minuto concreto.
Y ahora disponían de un recorrido desde C hasta el aparcamiento que podía cubrirse en siete a nueve minutos, seguido de un trayecto en coche de diez a catorce.
La presencia de Sabela ante la cámara seguía siendo un dato sólido, pero ya no servía para excluir materialmente una secuencia previa en la ladera.
—Quiero que ese límite quede claro —dijo Mara.
Raquel asintió.
—El horario deja de excluir esa posibilidad.
—Eso.
Noelia observó otra vez la cronología.
—Pero ella describió la ruta larga y no mencionó esta.
—Sabemos que conoce el paso —dijo Mara—. Antón y Roi lo han confirmado, y sería normal que lo conociera trabajando aquí abajo. Que no lo mencionara es una omisión; no demuestra que lo utilizara el martes.
—Entonces tenemos dos datos distintos: conocía una ruta que no incluyó en su versión y esa ruta hace compatible una presencia tardía en la ladera con el registro posterior.
—Sí.
—Pero todavía no podemos situarla en C.
—Exacto.
El testimonio de Roi la colocaba con Ramiro más abajo y más tarde de lo que había declarado, aunque no en el lugar exacto del homicidio.
La discusión había continuado después de la hora que ella reconocía y, a partir de ahí, era posible que ambos hubieran seguido descendiendo.
Seguía faltando algo que convirtiera esa posibilidad en una reconstrucción acreditada.
Raquel tomó el plano.
—Para mí sí cambia una cosa. Cuando aparecieron el pago y las imágenes de la cámara, la versión de Sabela ganó fuerza porque parecía difícil colocarla tan abajo y después fuera de la ladera a esa hora. Esa dificultad acaba de desaparecer.
—De acuerdo.
—No digo que la incrimine. Digo que ya no tenemos esa razón para alejarnos de ella.
El registro seguía siendo auténtico. Lo que había cambiado era la interpretación del territorio anterior a ese registro.
Nicolás empezó a guardar el equipo.
—Prepararé el informe con los dos trazados, las distancias, el desnivel y las condiciones de las pasadas. También dejaré claro que los tiempos son horquillas operativas, no tiempos universales.
—Incluye que el paso directo es de uso laboral normal —dijo Raquel.
—Puedo documentarlo por lo observado y por los testimonios, pero no escribiré que todo el mundo lo utiliza siempre.
—Perfecto.
Noelia seguía mirando los tiempos.
—Siete minutos y medio.
Mara levantó la vista.
—No te quedes con una pasada concreta.
—Ya sé que son siete a nueve.
—Entonces deja siete a nueve.
Noelia corrigió la anotación.
Antes de marcharse, Mara quiso recorrer una vez más el paso directo con Nicolás, esta vez sin cronómetro. No pretendía medir nada, sino fijarse en las decisiones que exigía el descenso.
En el primer cruce, Nicolás no indicó el camino y Mara tomó la entrada correcta porque ya la había recorrido varias veces. En el segundo dudó unos segundos entre seguir junto al muro o buscar la abertura lateral, que apenas se apreciaba hasta estar cerca.
—Alguien que no conociera esto podría seguir de largo.
—Perfectamente.
—Sabela trabajaba aquí abajo.
—Eso sabemos.
—Así que conocerlo no tiene nada de raro.
—Exacto.
Precisamente aquella normalidad daba valor al paso como pieza de la investigación.
Antón lo conocía, Roi también y otros trabajadores lo utilizaban según la tarea.
Formaba parte de la ladera desde mucho antes de la muerte de Ramiro; lo único nuevo era que ellos habían aprendido a incorporarlo a la reconstrucción.
Llegaron a D y continuaron hacia E sin hablar. El ritmo resultaba cómodo y, aun sin cronometrarlo, Mara percibía con claridad la diferencia respecto a la ruta ordinaria. El descenso no exigía un esfuerzo extraordinario, solo familiaridad con los puntos en los que podían perder altura sin rodear.
Cuando alcanzaron el aparcamiento, Noelia los esperaba junto al coche.
—He rehecho la tabla.
Había eliminado las simulaciones horarias y dejado únicamente los datos que podían sostener sin fingir una precisión inexistente:
18:40-18:42 aprox. — Roi sitúa juntos a Ramiro y Sabela por debajo de B.
Franja posterior — la muerte pudo producirse después, sin hora médico-legal exacta.
C-E — recorrido directo de 7-9 minutos para una persona habituada al terreno.
E-establecimiento — aproximadamente 10-14 minutos en vehículo.
19:11-19:15 — presencia documentada de Sabela en el establecimiento.
—Así sí —dijo Mara.
Raquel, que acababa de bajar en el todoterreno, leyó la tabla.
—Entonces ya podemos preguntarle por qué describió solo la ruta larga.
—Podemos.
—Y por qué situó la despedida con Ramiro arriba.
—También.
Noelia guardó las hojas.
—Las dos cosas juntas necesitan una explicación mejor.
Mara miró hacia C, invisible desde el aparcamiento.
Una mentira sobre la despedida podía deberse a que Sabela quisiera minimizar la discusión; describir la ruta ordinaria podía tener una explicación distinta.
Pero las mediciones acababan de eliminar el principal obstáculo material que durante días había separado aquella presencia tardía en la ladera de las imágenes de las 19:11.
Eso era lo que habían demostrado aquella mañana. La secuencia era posible.
Quién la había recorrido el martes seguía siendo otra cuestión.