Capítulo 15 #2
Ahí terminaba el alcance de su testimonio. Podía contradecir la versión de Sabela sobre el momento y el lugar de la separación, pero no había presenciado el homicidio.
Mara volvió a la pregunta que seguía pendiente desde el comienzo.
—Si viste a Ramiro vivo y con Sabela, ¿por qué no lo contaste el miércoles?
Roi apretó la mandíbula.
—Porque para contarlo tenía que explicar dónde estaba yo.
—Podías haber dicho que los habías visto.
—Y la siguiente pregunta habría sido desde dónde.
—Sí.
—Pues eso.
Se inclinó sobre el plano.
—Ramiro llevaba meses con el paso. Primero que si se estaba estropeando el borde, luego que si el propietario podía tener problemas, después que hasta que se arreglara lo de las parcelas de alrededor nadie debía seguir utilizándolo. Yo seguí pasando. Lo sabía él y lo sabía medio mundo.
—Entonces, ¿por qué temías reconocerlo?
—Porque una cosa es que todos sepan que alguna vez lo haces y otra dejarlo por escrito después de que el hombre aparezca muerto allí cerca.
Pensé que ibais a buscar huellas, mirar las botas y preguntarme por cada metro que recorrí.
Y encima, si después la familia decide cerrar el paso de verdad o reclamar daños, queda mi declaración diciendo que me saltaba la prohibición.
La explicación tenía una lógica práctica, aunque eso no restaba importancia a lo que había hecho.
—Preferiste ocultar que habías visto a dos personas con vida durante una investigación por homicidio —dijo Raquel.
Roi bajó la vista.
—Cuando lo dices así, suena peor.
—Porque es peor.
El reproche no necesitaba más.
—Yo no sabía que esa hora fuera a importar tanto —dijo él—. Al principio pensé que Ramiro podía haber muerto bastante después. Y Sabela ya había dicho que estuvo con él. No pensé que estuviera ocultando haberlo visto con otra persona.
Mara reparó en la frase.
—¿Cuándo supiste lo que había declarado Sabela?
Roi pareció darse cuenta de lo que acababa de introducir en su explicación.
—No sé exactamente qué declaró. Aquí habla todo el mundo. Sabía que había reconocido que estuvo con él.
—No necesitamos rumores —dijo Raquel—. Nos interesa lo que viste tú.
Roi asintió.
Volvieron sobre el recorrido desde el principio, esta vez sin apresurarse.
Raquel le pidió que repitiera qué tramo había utilizado antes de las seis, dónde trabajó después y desde qué nivel afirmaba haber visto a Ramiro y Sabela.
Noelia comparó sus respuestas con las anotaciones anteriores y encontró dos diferencias menores, una sobre el punto donde había dejado unas herramientas y otra sobre el momento en que volvió a moverse.
Roi corrigió la primera y admitió que en la segunda solo podía dar una aproximación.
A Mara le parecieron más útiles aquellas dudas que la versión perfectamente ordenada de los primeros días.
Cuando terminaron, el plano estaba lleno de marcas provisionales.
—Tendrás que enseñarnos esto allí —dijo Raquel.
Roi hizo una mueca.
—Ya me lo imaginaba.
—Y tenemos que comprobar desde qué punto viste a Ramiro y Sabela. No basta con que ahora lo señales en un mapa.
—Os lo enseño.
—También comprobaremos qué podía verse y qué no desde tu recorrido posterior.
La expresión de Roi cambió.
—Ya os he dicho que no vi el cuerpo.
—Y no estoy diciendo que lo vieras. Tenemos que comprobar si tu explicación es físicamente posible.
Roi aceptó después de unos segundos.
Noelia cerró el portátil.
—Una última cosa. Cuando viste a Ramiro y Sabela bajar, ¿te pareció que iban hacia alguna parcela concreta?
Roi se quedó pensando.
—No podría asegurarlo.
—¿Era un recorrido habitual?
—Depende de adónde fueran.
Noelia no insistió. La posible función de la parcela de Diego seguía necesitando una comprobación sobre el terreno; pedir a Roi que completara con opiniones lo que todavía no sabían solo habría mezclado su interés en el conflicto de accesos con la interpretación de los mapas.
La entrevista terminó poco después de las once. Roi permaneció unos minutos más con Raquel para completar la declaración formal y, cuando salió, Noelia volvió a abrir la cronología.
Hasta entonces podían escribir, sin contradicción acreditada, que Sabela afirmaba haberse separado de Ramiro cerca de B alrededor de las 18:34. Debajo, Noelia añadió una segunda línea:
18:40-18:42 aprox.: Roi declara haber visto a Ramiro y Sabela juntos, descendiendo por debajo de B. Pendiente de comprobación física de posición y visibilidad.
Mara leyó la anotación.
—No pongas todavía más.
—No pensaba hacerlo.
Raquel dejó la carpeta sobre la mesa.
—Tenemos un testigo que ha mentido durante cuatro días.
—Y que acaba de admitir una conducta que lo perjudica —dijo Noelia.
—Eso tampoco convierte automáticamente en verdad todo lo demás.
—Por eso tenemos que llevarlo allí —dijo Mara.
Roi no había señalado a Sabela como autora de nada.
No había visto una agresión ni sabía qué sucedió después de perderlos de vista.
Lo que sí acababa de introducir era una contradicción concreta con la versión que ella había mantenido desde el principio: hacia las 18:40 seguía con Ramiro y ambos habían descendido por debajo del lugar donde afirmaba haberlo dejado.
Mara acercó el plano y observó el espacio entre B y la zona señalada por Roi. Antes de modificar nada más necesitaban comprobar su posición, la visibilidad y el recorrido exacto sobre el terreno.
La cronología de Sabela ya no podía aceptarse sin esa comprobación.