Capítulo 14 #2
El nombre devolvió la conversación a una cuestión todavía abierta.
Roi había negado durante días utilizar un paso que tenía motivos prácticos para seguir empleando, y las comprobaciones hacían cada vez más difícil mantener aquella versión.
Su mentira podía terminar explicando algo relacionado con Ramiro o limitarse a proteger su propio uso del acceso; en cualquier caso, conocía una red de movimientos que no aparecía en los documentos.
—Raquel iba a volver sobre eso con él —recordó Noelia.
—Sí.
—Si admite por dónde pasa, tu mapa cambia.
—Eso espero.
—Y el mío no.
Mara la miró.
—Puede que también.
—¿Por qué?
—Porque si un acceso utilizado de hecho modifica el valor práctico de una parcela, algunos acuerdos pueden adquirir otro sentido.
Noelia dejó el bolígrafo.
—Eso hay que demostrarlo.
—Exactamente.
Durante la hora siguiente trabajaron sobre ambos planos, corrigiendo errores y eliminando líneas que Mara había trazado con demasiada seguridad.
Noelia comprobó que una finca que habían atribuido informalmente a Ramiro seguía perteneciendo por completo a un tercero y que él solo coordinaba los trabajos.
Mara había situado mal uno de los accesos porque lo recordaba desde otra cota.
Cada corrección hacía los mapas menos elegantes y más útiles.
Raquel regresó poco después con una carpeta bajo el brazo y se detuvo al ver la mesa.
—¿Qué ha pasado aquí?
—Mara ha decidido que un plano no era suficiente —dijo Noelia.
—Noelia ha decidido que cuatro columnas tampoco.
Raquel dejó la carpeta.
—Me alegra haber vuelto.
Mara le explicó lo que habían hecho. La teniente escuchó sin interrumpir y se inclinó sobre los mapas cuando llegaron a la parcela de Diego.
—Sobre el terreno parece poca cosa.
—En superficie lo es —respondió Noelia.
—Pero está colocada justo donde obliga a fijarse.
Mara levantó la vista.
—¿Por qué?
Raquel observó otra vez el dibujo.
—Todavía no lo sé. Hablo físicamente. Cuando bajas por esa zona tienes que rodearla o utilizar los accesos que ya existen. Nunca me había detenido a mirarla así porque hasta ahora era, sobre todo, la parcela por la que discutieron Diego y Ramiro.
La observación servía precisamente porque no intentaba convertirla en una solución.
—Tenemos que comprobar si la conexión que parece verse aquí funciona de verdad en la ladera —dijo Mara.
—Podemos hacerlo con Nicolás cuando tengamos claro qué necesitamos medir.
—Sí, pero no todavía. Antes quiero cerrar lo de Roi.
Raquel abrió la carpeta que había traído.
—Eso ha avanzado. Ya no sostiene que no utilice nunca el paso.
Noelia dejó el bolígrafo.
—¿Qué sostiene ahora?
—Que lo usa algunas veces, pero que el martes no pasó por allí.
Mara no se sorprendió. Una negación absoluta había dejado de ser sostenible y Roi la había reducido justo hasta la fecha que importaba.
—¿Por qué ha cambiado?
—Porque ya le hemos enseñado suficiente para que entienda que negar el uso habitual no tiene sentido. No le hemos dicho que la impresión demuestre que pasó el martes, porque no lo demuestra.
—¿Cuándo volvéis a hablar con él? —preguntó Noelia.
—Mañana por la mañana.
Mara miró los dos mapas.
—Quiero estar.
—Contaba con ello.
Noelia levantó una de las hojas.
—Yo también.
Raquel la miró.
—¿Por los caminos?
—Por la parcela de Diego.
—¿Qué tiene que ver con Roi?
—Eso quiero averiguar.
Mara sonrió al ver la expresión de Raquel.
—Tenemos preguntas distintas.
—Eso ya lo veo.
Noelia explicó que necesitaba saber si los usos cotidianos que Roi conocía alteraban de algún modo la relación práctica entre parcelas que documentalmente aparecían separadas.
No pretendía que él interpretara acuerdos ni decidiera quién tenía derecho sobre nada; quería entender qué zonas consideraban conectadas quienes trabajaban allí y cuáles no.
Raquel se sentó.
—Entonces cuidado. Roi lleva varios días defendiendo su posición en un conflicto por accesos. Si le preguntamos qué paso es importante, contestará desde su interés.
—Por eso no quiero preguntárselo así —dijo Mara.
—¿Cómo?
—Que reconstruya su recorrido. Lo demás lo miramos después.
Raquel estuvo de acuerdo. Era una diferencia pequeña, pero evitaba pedir a Roi que construyera para ellas la interpretación de sus propios movimientos.
Cuando terminaron, Noelia empezó a recoger parte de la documentación. Mara señaló los dos mapas.
—Esos déjalos.
—¿Para qué?
—Quiero volver a mirarlos antes de hablar con Roi.
Noelia colocó uno sobre otro. El papel no permitía una superposición perfecta, pero, al alinearlos por el acceso superior y el contorno de los bancales, aparecía con claridad lo que ninguno mostraba por separado.
Los límites permanecían rígidos y geométricos; sobre ellos, los recorridos utilizados por la gente atravesaban la ladera con otra lógica.
La parcela de Diego seguía pareciendo pequeña en ambos dibujos, pero su posición obligaba a volver a ella.
Noelia recogió la última carpeta.
—Yo voy a comprobar qué necesitaba Ramiro para poder utilizar esa pieza como quería.
Mara mantuvo la vista en los mapas.
—Y mañana averiguaremos por dónde pasaba realmente Roi.
Las dos preguntas partían del mismo terreno, aunque exigían pruebas distintas. Por ahora, eso era suficiente.