La tierra heredada (Los casos de Mara Valdés 3) Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

Sobre una pantalla plana, las distancias engañaban de una manera que Mara ya había comprobado caminando. Cien metros podían incluir un muro sin paso, un desnivel que obligaba a rodear o una senda cómoda para quien iba sin carga y poco útil para quien llevaba herramientas.

—La distancia horizontal no nos resuelve el recorrido.

Noelia señaló C.

—Si Sabela hubiera estado aquí bastante después de la hora en que dice que se separó de Ramiro, con la ruta ordinaria tendría poco margen para llegar al coche y salir hacia el establecimiento.

—Empezaríamos a forzar los tiempos —dijo Raquel.

Mara sostuvo la vista en el plano. No le gustaban las reconstrucciones que funcionaban solo llevando cada estimación hasta su extremo más favorable. Si una secuencia necesitaba que todos los márgenes encajaran al límite, lo primero era comprobar si faltaba algún dato.

—También puede no haber estado en C —dijo Noelia.

—Claro. En ese caso su horario no plantea ningún problema. Se separa de Ramiro donde dice, baja hasta el coche y llega al establecimiento con tiempo de sobra.

—Y otra persona aparece después.

—Es una posibilidad.

Raquel señaló la carpeta donde guardaban las fotografías de la impresión relacionada con Roi.

—Tenemos a alguien que miente sobre un acceso y conoce esta ladera de memoria.

—Y acabamos de comprobar con Antón que una mentira sobre movimientos puede esconder algo completamente distinto del homicidio —dijo Mara—. Primero hay que saber qué oculta Roi.

La impresión era compatible con el dibujo y el desgaste de sus botas, pero Criminalística no podía individualizarla ni fecharla con precisión. Servía para poner en duda una negación tajante, no para situarlo junto a Ramiro a una hora determinada.

—Cuando volvamos con él, empezamos por su recorrido —dijo Mara—. Que explique cuándo entra, por dónde sale y qué gana utilizando ese paso. Después veremos hasta dónde podemos llegar.

Raquel guardó la fotografía.

—Puedo organizarlo esta tarde.

Noelia consultó el calendario.

—Si cerramos lo de Roi hoy, mañana puedo dedicarme a lo que está llegando de Sabela y cruzar las facturas de las mejoras.

—¿Hay algo ya?

—Pagos y compras dispersos. Necesito separar qué corresponde al mantenimiento normal de sus parcelas y qué puede estar relacionado con trabajos hechos pensando en una ampliación. Hasta entonces prefiero no sumar cifras.

—Hazlo así.

Noelia tenía razón. Una cantidad provisional podía sonar importante antes de que supieran qué representaba.

Durante unos minutos revisaron el resto de la cronología.

Antón había quedado situado en la finca de Benito durante la franja crítica.

Clara y Diego perdían oportunidad material.

Esteban mantenía un conflicto económico real con Ramiro, aunque sus movimientos seguían contrastándose y nada lo colocaba en los bancales al final de la tarde.

Roi continuaba teniendo que explicar por qué había negado un paso que todo indicaba que seguía utilizando.

Y Sabela estaba documentada fuera de la ladera entre las 19:11 y las 19:15.

Mara pidió que extendieran de nuevo el plano grande.

Esta vez dejó a un lado nombres y titularidades y se fijó en el descenso desde C hasta E.

La representación mostraba curvas de nivel y caminos principales, pero muchos de los pasos cotidianos que Antón había descrito el día anterior no figuraban.

Había hablado de conexiones entre terrazas que para un visitante podían parecer entradas sin salida y de recorridos elegidos según la carga, el desnivel o el lugar donde estuviera aparcado el vehículo.

Aquello no demostraba que existiera una alternativa más rápida desde C. Solo dejaba claro que todavía no podían afirmar que conocieran todos los recorridos útiles.

—¿Quién nos fijó esta ruta? —preguntó.

—La trazamos con lo que explicó Sabela y la contrastamos con personal que conoce la zona —respondió Raquel—. Es real y se usa.

—Pero no sabemos todavía si es la única que utilizaría alguien que trabaja allí.

—No.

Noelia apartó el portátil para dejar espacio al plano.

—Antón ya dijo que depende de lo que lleves y de dónde tengas el coche.

—Y Roi lleva dos días evitando explicar precisamente uno de esos pasos.

Mara siguió con el dedo la ruta ordinaria.

Desde C descendía en oblicuo hasta encontrar una senda más cómoda y después enlazaba con la pista que llevaba hacia E.

Era un trayecto lógico si el objetivo era moverse sin afrontar los desniveles más incómodos.

Que fuera habitual no significaba que agotara todas las posibilidades.

—Todavía no quiero medir alternativas sobre el papel —dijo—. Primero tenemos que saber qué recorridos existen realmente.

Raquel recogió el mapa por uno de los extremos.

—Volvemos al terreno con alguien que lo trabaje.

—Sí. Si hay otro paso útil, quiero que salga de cómo se mueve la gente allí, no de dibujar una línea porque nos haga cuadrar una hora.

—Después de Roi podemos organizarlo.

La cronología no debía decidir cómo era la ladera. Primero tendrían que conocer el terreno y luego comprobar qué secuencias permitía.

Noelia reunió las fotografías de la cámara.

—Entonces lo de las 19:11 lo dejamos como anclaje temporal.

—Exactamente.

Aquella hora tenía una ventaja que casi ninguno de los otros datos poseía: no dependía de recuerdos, conflictos familiares ni del interés de nadie en proteger lo que había hecho. Era una compra registrada y una imagen. Lo demás seguía abierto.

Antes de salir, Raquel recibió una llamada. Escuchó durante algo más de un minuto y respondió con dos indicaciones breves. Al colgar, ya tenía en la mano la carpeta de Roi.

—Han terminado de revisar la zona de la impresión. No pueden fecharla, pero mantienen la compatibilidad con el calzado y han documentado más señales de uso en ese tramo de las que él reconoció.

—¿Suficiente para volver a hablar con él? —preguntó Mara.

—Suficiente para que deje de presentarnos ese paso como un sitio por el que ya no entra.

Mara recogió sus papeles. La cronología empezaba a hacer algo que hasta entonces los testimonios no habían conseguido: señalar qué partes del terreno necesitaban comprobar de nuevo.

A las 19:11 tenían una posición cierta de Sabela; antes de interpretar esa hora, todavía debían averiguar qué recorridos podían llevar hasta ella.