La tierra heredada (Los casos de Mara Valdés 3) Capítulo 1 #2
4%

Capítulo 1 #2

Mara acercó una de las fotografías y la comparó con el plano. El coche de Ramiro estaba arriba y el cuerpo bastante más abajo; entre ambos se interponían muros, hileras de viña y cambios de dirección que la imagen aérea reducía a formas demasiado limpias.

—¿Qué distancia hay?

—Tenemos mediciones parciales —respondió Raquel—. Prefiero darte mañana las buenas. Criminalística ha fijado escena y posiciones, pero la ladera completa requiere ordenar varios recorridos y no todos tienen el mismo uso.

—Eso es lo que me interesa. ¿Quién puede pasar por dónde sin preguntar a quién pertenece?

—Ahí empezamos a tener problemas.

Raquel señaló una zona del plano donde tres parcelas pequeñas parecían encajadas entre otras mayores.

—Sobre el papel hay propietarios distintos.

En la práctica, algunos pasos se llevan usando años y otros dependen de acuerdos verbales.

Uno atraviesa una parcela recién heredada por Diego, y hay discusión sobre qué ocurrirá si cambia de manos o de explotación.

Ramiro quería incorporarla a su sistema de trabajo.

Noelia amplió un documento catastral en la pantalla.

—Y no coincide bien con la forma en que la gente habla de la ladera. Dicen «la viña de Ramiro» para referirse a varios trozos que jurídicamente no son una sola finca. Algunos ni siquiera son suyos.

Mara observó de nuevo la fotografía. Aquello explicaba una parte de la dificultad, pero todavía no los movimientos.

Un mapa de propiedad podía decir quién tenía un derecho sobre una superficie, pero no necesariamente por dónde se llegaba a ella, qué muro tenía un portillo, qué fila de cepas permitía bajar de un nivel al siguiente o qué trayecto utilizaba quien llevaba diez años trabajando allí.

—¿Tenemos fotos tomadas desde dentro de los bancales?

Raquel deslizó varias por la mesa.

Las habían hecho después del levantamiento y durante la inspección técnica.

En unas aparecían muros de piedra a la altura de la cintura; en otras, escalones estrechos, postes, alambres y franjas de terreno que desde arriba habían parecido contiguas.

Una imagen mostraba el punto C desde el nivel superior.

Otra, tomada pocos metros más abajo, no dejaba ver el lugar donde había estado el cuerpo.

Mara comparó ambas.

—¿Desde A se ve C?

—No de forma directa. Hay pendiente, vegetación y cambios de nivel. Mañana te lo enseño.

—¿Y desde B?

—Depende del punto exacto. Hay una parte desde la que se domina un tramo de descenso, pero no todo C.

Mara devolvió la fotografía a la pila. No quería construir una explicación a partir de ángulos elegidos por quien había hecho las imágenes. Una cámara podía dejar fuera un metro decisivo o comprimir una pendiente hasta volverla irreconocible.

Noelia volvió a la lista de contactos.

—Hay otra cuestión. Casi todos los conflictos que hemos identificado convergen en dos cosas: la reorganización de parcelas y los accesos.

Clara quiere disponer de sus derechos sin que Ramiro decida por ella.

Diego quiere renegociar lo heredado. Esteban está intentando construir una operación comercial más amplia.

Roi protesta por un paso. Sabela discute por la continuidad de unas tierras que trabaja.

Antón depende de cómo Ramiro reparta las tareas.

—Eso no significa que hablen del mismo problema —dijo Mara.

—No. Pero explica por qué hoy cada entrevista ha abierto otra puerta.

Raquel recogió una de las hojas y dejó el resto donde estaban.

—Mañana quiero empezar por la ladera antes de que se nos llene de gente. Criminalística ya ha terminado la fase principal de escena, aunque quedan comprobaciones. Puedo llevaros con un agente que ha estado todo el día allí y con Antón para las rutinas generales, si os parece útil.

Mara miró la hora. Habían pasado de las once.

Podían seguir trabajando otras dos horas sobre las fotografías, pero solo conseguirían familiarizarse con un dibujo que aún no sabían leer.

La ladera estaba a poco más de media hora, quizá menos sin tráfico, y aun así no tenía sentido bajar entonces.

De noche verían otro lugar, condicionado por linternas, sombras y recorridos escogidos por quienes ya conocían la zona; después correrían el riesgo de conservar esa imagen como si fuera la misma ladera que Ramiro había recorrido a plena luz de la tarde.

—A primera hora —dijo—. Con luz y con alguien que sepa distinguir un acceso legal de uno que se usa de verdad.

Raquel guardó la planimetría.

—Entonces salimos a las siete y media.

—Antes quiero la secuencia completa de quién ha pisado C desde el hallazgo y las mediciones que tengáis cerradas. No hace falta que estén bonitas.

—Las tendrás.

Noelia giró de nuevo el portátil hacia sí.

—Yo me quedo con titularidades, herencia y contactos. Si consigo separar lo que Ramiro poseía de lo que simplemente trabajaba, mañana al menos sabremos qué estamos mirando.

Mara se levantó para recoger la chaqueta.

Sobre la mesa quedaron las fotografías de una ladera convertida por unas horas en superficies planas: A arriba, C más abajo y una maraña de parcelas entre ambos.

Servían para saber dónde empezar, pero no para decidir cómo había llegado nadie de un punto a otro.

A la mañana siguiente tendrían que recorrerla.