La tienda de las flores pentagrafiadas Guillaume
63%

Guillaume

Parecemos un matrimonio en el súper

Guillaume

Para cuando el otoño llega, las aguas han vuelto a su cauce y no he tenido más ataques de pánico.

La tienda de flores funciona con esa rutina peculiar que hemos construido, entre melodías suaves de piano y el aroma constante de las plantas.

Mónica sigue sin saber lo que pasó aquella noche del concierto de inicios de año, y he decidido no mencionarlo. Al menos, no todavía.

Hoy es una de esas tardes frescas y lluviosas, perfecta para quedarnos en casa, ver alguna serie y olvidar el mundo exterior. Por eso, Mónica y yo hemos decidido ir al súper a por provisiones para nuestra noche de maratón televisiva.

Una vez dentro del supermercado, Mónica saca la lista del bolsillo y un boli.

—A ver —anuncia agitando el papel—, tenemos que decidir el menú. ¿ Pizza o pescado al horno?

La miro arqueando una ceja.

—¿Pescado al horno para una noche de series? ¡Eso es demasiado saludable! Pizza , sin duda.

—Pero si eres tú el que siempre quiere cenar de manera decente —protesta sacándome la lengua como cuando teníamos quince años.

—Ya, pero no para ver la tele desde el sofá. ¡ Pizza ! —proclamo, arrebatándole el boli y tachando el pescado de la lista.

—¡Eres un aguafiestas! —responde ella riendo—. El pescado también puede ser sofisticado y delicioso.

—Pero no combina con un capítulo doble de esa serie de misterios absurdos que quieres ver.

—¡No es absurda! —replica golpeándome con suavidad en el brazo con el bolígrafo.

Terminamos metiendo en el carrito una pizza congelada de cuatro quesos para ella y otra con piña para mí, aunque ella aún mira las bandejas de pescado con cierta nostalgia.

Seguimos por los pasillos, avanzando poco a poco entre los estantes llenos de cosas innecesarias que de repente parecen imprescindibles. Llegamos a la sección de snacks y, como si fuera una batalla a vida o muerte, comienza otra discusión.

—¿Palomitas, chuches o frutos secos? —pregunta Mónica con aire solemne.

—Palomitas. No hay nada más clásico.

—Pero las chuches son más divertidas.

—Los frutos secos son el punto medio perfecto. Un poco sanos, un poco adictivos.

Nos quedamos mirando las estanterías y al final terminamos cogiendo las tres cosas. Mejor que sobre que no que falte. Mónica lo llama previsión, yo lo llamo incapacidad para tomar decisiones. Pero al fin y al cabo, salimos ganando los dos.

—Ahora las bebidas, ¿agua con gas o refrescos con demasiado azúcar? —propone ella, haciendo girar el carrito con una destreza casi profesional.

—¿Por qué siempre planteas opciones tan extremas?

—¿Por qué siempre eliges lo más sencillo?

Acabamos con una botella de agua con gas para ella y un par de latas de refresco para mí. Mónica sonríe de esa forma suya, medio burlona, medio tierna, mientras empuja el carrito hacia la caja.

—Siento que hemos comprado para un ejército —comento.

—Nunca se sabe cuántos capítulos aguantaremos.

Su móvil empieza a sonar. Cuando lo saca, ocurre lo mismo que otras veces: se excusa un instante y gira por el pasillo.

—Sí, puedo hablar —escucho que murmura.

Extrañado por ese giro repentino, me acerco poco a poco para intentar escuchar algo.

—Sí, sí. —Hace una pausa—. Es lo que acordamos.

¿Con quién hablará?

Una vecina me mira de reojo al ver lo que estoy haciendo. Disimulo cogiendo el primer tarro que encuentro y me pongo a «leer» la etiqueta.

—No, no se lo he contado, pero…

¿El qué?

—¿Ahora te interesan las conservas, carinyet ? —la voz de doña Fina me saca de mi momento Sherlock.

Los dos nos ponemos al día hasta que Mónica regresa guardándose el teléfono en el bolsillo y seguimos con nuestra compra.

Una sensación incómoda se me ha instalado en lo más hondo de mi ser.

Pagar, salir del súper y caminar de vuelta a casa con las bolsas llenas de nuestras pequeñas batallas gastronómicas me aporta una sensación reconfortante que nunca antes había sentido.

Como si el simple hecho de planear una noche de series fuera otro ladrillo en esta extraña convivencia que, sin darnos cuenta, se ha vuelto parte de nuestras vidas.