La Teoría de las Olas Cruzadas 40
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Más allá del horizonte

Océane

Seis horas antes de la citación.

—¿Estas seguro de que es por aquí? —pregunté a mi padre mientras atravesábamos el pasillo sin ver a ningún miembro del personal que trabajaba en ese lugar para preguntarle.

—Se supone, tampoco es que haya indicaciones por alguna parte para saberlo.

Cuando le había dicho a mi padre que quería hablar con la familia de Kingsley no me había pedido explicaciones, supongo que era justo que supiera las consecuencias reales que podría tener si Max era expulsado definitivamente de las competiciones.

Una cosa era desear venganza por haberse aprovechado de mi nombre y las circunstancias, pero otra muy distinta era que personas como Harmony, sufrieran las consecuencias de mis actos.

—Allí hay una enfermera —dije al ver a una mujer vestida con el uniforme azul claro.

Estábamos en una parte del hospital privada, donde se llevaban a cabo los tratamientos experimentales, así que el personal en aquella área era mucho más reducido. Ni siquiera sabía qué iba a decir o preguntar o… realmente qué hacer y quizá por eso necesitaba ver con mis propios ojos la realidad.

La enfermera nos envío una planta más arriba y continuar hacia el final del pasillo donde estaban las habitaciones.

Apreté con fuerza las manos aplastando ligeramente el regalo que llevaba envuelto y cuando llegamos hasta la zona indicada no hizo falta llamar puerta por puerta, reconocí los ojos de Kingsley en la señora que estaba hablando por teléfono en el pasillo.

Colgó de forma inmediata la llamada y se acercó hasta nosotros como si sus ojos brillaran.

—Tú eres Océane —dijo con una sonrisa e inmediatamente después se lanzó a mis brazos.

No sabía cómo reaccionar, tampoco me había hecho una imagen de lo que podría ocurrir presentándome sin avisar, pero desde luego no me esperaba aquel recibimiento.

—Max no me dijo que finalmente podrías venir. Harmony lleva pidiéndole conocerte cada día desde que se marchó a Australia y él le prometió que si el tratamiento nuevo funcionaba, la llevaría a Noosa.

¿Harmony quería conocerme?, ¿A mí?

—¿Ella está bien? —inquirí sin saber qué responder a aquello.

—Sus crisis se han reducido, eso significa que el nuevo tratamiento está haciendo efecto, después de que su cuerpo dejase de tolerar la insulina no existían demasiadas opciones sin poner en riesgo su vida y el tiempo jugaba en nuestra contra.

Fue una bendición que Max nos dijera que una campaña estaba dispuesta a costear el tratamiento y eso es principalmente gracias a ti.

Podía notar como aquellas palabras calaban en mi interior porque al igual que a mí, había mentido también a su propia madre y suponía cuál debía ser la razón por la que lo había hecho.

—No tienen que agradecerme nada, yo solo…

—Eres importante para Max y en consecuencia lo eres también para mí. —En ese momento miró a mi padre e hizo un gesto de conmoción—. Disculpe, he olvidado presentarme. Soy Paige, la madre de Maximilian.

—Jax. El padre de Océane.

—¡Oh!, ¡Es usted el entrenador de ambos!, ¡El amigo de Patric! —clamó sorprendida conforme mi padre asentía—. Pasa dentro, Harmony se llevará una grata sorpresa cuando te vea…

Miré a mi padre que asentía y entré en la habitación que me indicaba la madre de Max mientras ella se quedaba hablando con mi padre en el pasillo.

El ambiente era limpio, no existía el típico olor a desinfectante de los hospitales, sino más bien olía algo agradable.

La habitación era grande, divisé una camilla central y un sofá considerable conforme avanzaba.

El ruido de la televisión evitaba que se pudiera oír la conversación del pasillo y deducía que también mis pasos.

Cuando mi vista alcanzó a ver la persona acostada en aquella camilla, pude comprobar que Harmony tenía algunos rasgos muy parecidos a su hermano, pero sus ojos eran mucho más castaños y menos oscuros que los de Max y la tez mucho más pálida, aún así, se lograba ver un cierto parecido entre ambos y por un momento pensé qué demonios se me había pasado por la cabeza para estar allí o para invadir de ese modo su vida privada.

—¡Oh Dios mío!, ¡Estás aquí! —gritó dando un brinco de la cama y vi como tiraba de la medicación que había a su lado en uno de esos pies de acero que colocan las bolsas a goteo.

—No, espera. No te levantes —dije acercándome a la camilla y colocando las manos en alto para detenerla.

—¡No puedo creer que realmente estés aquí! —volvió a decir con una enorme sonrisa e instintivamente sonreí yo también.

—Yo tampoco —afirmé y provoqué que riera.

—¿Y Max?, ¿No ha venido contigo? —exclamó y eso me hizo pensar que no sabían absolutamente nada de como había acabado todo entre nosotros.

—En realidad no sabe que estoy aquí —dije como si fuera un secreto—. He venido para darle una sorpresa.

Aquello hizo que su entusiasmo creciera aún más y sonreí abiertamente.

—Eres su novia, ¿Verdad? A mí no quiere decírmelo, pero he visto vuestras fotos besándoos y él nunca ha salido en fotos besando a una chica.

Me mordí el labio sin saber que respuesta debía dar a eso, sobre todo teniendo en cuenta que entre él y yo no existía ningún tipo de relación en aquel momento, sobre todo porque ni siquiera yo sabía qué era real y qué no lo era.

Estaba allí porque necesitaba respuestas, entender realmente si para él había merecido la pena utilizarme, si debía vivir sabiendo que, aunque me hubiera engañado para enamorarme de él, al menos lo hizo por una razón que podía considerar justificada.

—En realidad tendría que hablar con él para poder darte una respuesta —dije colocando el regalo que le había traído entre nosotras—. Esto es para ti, a mí me encantaba de pequeña —dije viendo como su rostro se iluminaba y rompía el papel de regalo mostrando un kit para hacer pulseras de hilo.

—¡Me encanta! —exclamó—. ¡Podré hacer pulseras para que Max y tú las llevéis en las competiciones!

—Es una excelente idea —dije sintiendo instantáneamente una punzada en el pecho al saber que eso era muy improbable.

—¿Y vas a quedarte mucho tiempo? Max me ha prometido que si el tratamiento funciona y dejo de tener picos de glucosa constantemente podré viaja a Australia. ¿Es cierto que allí hay tantos canguros como dicen?

Definitivamente era una niña curiosa y con la suficiente osadía para preguntar sin temor a las respuestas.

—Realmente he venido solo para unos pocos días, por eso he decidido visitarte ahora, ya que después quizá no tenga tiempo —mentí puesto que quería verla antes de la citación con la federación para hacerme una idea de la situación—.

Y estoy segura de que si vienes a Australia veras canguros, entre otros muchos animales que te sorprenderán.

Inmediatamente después me preguntó por mis amigas, por mis hobbies e incluso por mi hermano Reef. Era irónico pensar que supiera tantas cosas de mí y yo no había conocido su existencia hasta pocos días atrás.

Me despedí bajo la promesa de volver a vernos y de no decirle nada a Max para que fuera una sorpresa. La sensación era lo suficiente agridulce para haber guardado silencio durante todo el recorrido hasta la salida del hospital.

—¿Has encontrado las respuestas que buscabas? —preguntó mi padre cuando nos encontramos fuera del edificio.

—Si —afirmé antes de entrar en taxi que nos llevaba al hotel.

Quizá no había ido con un convencimiento claro, pero después de hablar con Paige y Harmony, tenía muy claro lo que debía hacer.