La Teoría de las Olas Cruzadas 39 #2
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Conforme más iba conociendo detalles sobre Océane, más me hacía una idea de lo importante que había sido para ella Reef.

No solo eran gemelos lo que implica una complicidad única, sino que además eran compañeros de equipo, una pareja deportiva que se había proclamado campeona mundial.

Podía comprender perfectamente de donde nacían esos miedos y su propia renuncia a continuar.

—El problema es que tu sinceridad llega tarde, Kingsley. Lo suficiente para poner en duda cada palabra que tengas que decirme.

En ese momento escuché los golpes en la puerta del baño y a Jax preguntando si todo estaba bien.

Vi como Océane hacía el amago de salir y de forma impulsiva fui incapaz de dejarla alejarse, simplemente alcé el brazo para rodear su cintura impidiendo el paso y ella giró el rostro de forma instantánea para reprenderme por ello.

—Si esta será la última vez que tenga la oportunidad de verte, quiero sentir que no es una despedida, que no cometí el error más grande de mi vida al dejar que te marcharas, que no fui capaz de retenerte y lograr que me perdonaras.

Si esta es la última vez que podré contemplar los ojos más hermosos que he visto en mi vida, quiero retener la imagen para el resto de mi existencia y saber que entregué mi corazón a la persona correcta porque sé que en cuanto salgas por esa puerta, mi vida dejará de tener sentido, que viviré una existencia amarga con el simple recuerdo de las veces que te entregaste a mí, de todas las ocasiones que pude amar tu cuerpo, sentirlo, vibrar, escuchar tus gemidos y mi nombre sollozando cada vez que alcanzabas el clímax conmigo —jadeé cerca de su oreja y sintiendo como el calor de su piel a través de aquel vestido lograba penetrar en mi propia piel—.

No voy a dejar de quererte ni un solo día del resto de mi vida, Océano.

Voy a esperarte. Voy a estar aquí el tiempo que necesites para perdonarme y, aunque jamás lo hagas, seguiré esperando.

Castígame, pégame, haz lo que quieras conmigo para expiar mi culpa, lo que sea… menos ignorarme.

Me acerqué a su rostro, rocé su nariz con la mía tentándola, queriendo saber si aún seguía sintiendo esa innegable atracción, si aún continuaba a sentir por mínimo que fuera algo hacia mí.

Y en cuanto escuché el leve gemido casi imperceptible que emitió de su garganta al entreabrir los labios, me lancé a ellos sin piedad, aferrando su cuerpo contra el mío con la necesidad más apremiante.

Noté la tensión inicial de la invasión y después como cedía respondiendo a mi beso.

Enloquecí apresándola con firmeza contra mi cuerpo y caminando con ella hasta la pared más próxima, enjaulando su cuerpo contra el mío sin darle un ápice de escapatoria.

Salí al encuentro de su lengua y percibí la batalla que ofrecía, demostrando firmeza, pero imponiéndome como claro vencedor propio del salvajismo que me cegaba con pasión en aquel instante.

¿En qué momento pensé que podría simplemente marcharme de su lado sin mirar atrás?

, ¿Cómo pude pensar por un ápice de segundo que tras esos seis meses que me había negado la federación de competir podría retomar mi vida tal y como era?

No existía vida después de Océane. No existía un universo donde esos ojos azul celestial no me mirasen cada mañana al despertar.

Y desde luego, no existía un solo día sin que recordase el olor de su piel.

—¿Océane? —La voz de Jax se escuchó desde la puerta y separé mis labios de los suyos apenas unos milímetros.

—¡Ya voy! —exclamó sin dejar de mirarme.

Podía sentir su respiración igual de agitada que la mía y mi cuerpo encajado contra el suyo provocando que su vestido se alzara hasta los muslos.

—No te vayas —susurré—. Quédate conmigo —rogué sin importarme arrodillarme en ese momento.

—No puedo… —susurró sin mover un ápice su cuerpo para intentar marcharse.

Cerré los ojos y posé mi frente sobre la suya.

—Dicen que, cuando el corazón deja de latir, el cerebro aún conserva siete minutos para aferrarse a todo lo que más quiso para retenerlo consigo como si se negara a dejarlo partir.

No sé si ese momento existe, pero sí estoy seguro de que deseo llenar esos siete minutos de ti.

Quiero que cada uno de ellos tenga tu nombre, tu sonrisa, el calor de tu cuerpo y el eco de nuestra historia.

Porque si mi alma puede elegir qué llevarse antes de marcharse, yo elijo vivirte una vez más.

Siete minutos enteros, con todo el amor y fervor del que soy capaz.

—Os han citado. A los dos. —Esta vez Jax no se limitó a llamar y hablar desde la puerta, sino que entró y vio como tenía a su hija enjaulada entre mi cuerpo y la pared.

Me aparté súbitamente y me fijé en sus ojos. Ella se limitó a asentir y comenzó a caminar hacia su padre con decisión, pero en el momento que estaba cruzando la puerta se volvió hacia mí y nuestras miradas volvieron a conectar por un segundo.

Y no necesité nada más para saber que ella iba a ser mía de nuevo.

No importaba cuanto tiempo tardase en encontrar la rendición porque Océane era la mujer de mi vida y debí reconocerlo en el mismo instante que la vi por primera vez cuando mi corazón se detuvo al contemplar esos ojos cuya alma robó por completo la mía.