La Teoría de las Olas Cruzadas 37 #2
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37 #2

Me aferré a su cuello para sostenerme en el agua y volví a probar sus labios, esta vez de un modo mucho más lento, pero claramente cargado de intención.

—A mí tampoco me gusta, pero es lo más prudente. Al menos estaremos a solas cuando viajemos a California —pensé a pesar de que aún quedaba una semana para irnos.

—Le he pedido a Cris que se pierda esta noche con Valeria y no vuelva hasta que amanezca, me da igual si tiene que dormir en medio de un descampado o en la playa, pero te quiero en mi cama —sonrió con complicidad ya que su amigo había decidido retrasar unos días más su regreso y estaba claro que lo había hecho para estar cerca de mi amiga.

—Eso suena bien… —gemí volviendo a darle un último beso antes de subirnos de nuevo a la tabla.

Pasada la medianoche y cuando toda la casa estaba en silencio, me escabullí a través del jardín como habíamos acordado y comprobé que la puerta de la caseta estaba abierta.

Todo estaba en completo silencio, a oscuras, pensé que Max se habría quedado dormido esperando a que llegara, pero en cuanto me acerqué a la habitación y comprobé que la cama estaba vacía, sentí como su cuerpo chocaba contra el mío desde atrás y colocaba sus manos en mi cintura para apretarme contra él y después subirlas hasta apresar mis pechos entre ellas con fuerza.

Gemí ante la misma necesidad que él. Llevábamos casi tres días sin tocarnos, sin dar rienda suelta a ese deseo y en cuanto dejé caer mi peso sobre su cuerpo noté como sus manos devoraban mi piel por encima de la camiseta de dormir sintiendo la necesidad de no tener ninguna capa de ropa entre nosotros para sentir su propio contacto.

Me giré sobre mí misma y me quité la camiseta tirándola al suelo, comprobé que solo llevaba puestos unos boxer y con toda la osadía del mundo metí la mano por la cinturilla elástica para acoger en mi mano la protuberante erección que tenía en ese momento.

Noté la humedad entre mis piernas por la intensidad que aquel momento de anticipación me producía y deslicé mi mano alrededor de toda su carne obligando a sacarla fuera de su ropa interior.

Max se la quitó dejando que cayeran al suelo e iba a hacer lo mismo con el tanga de encaje negro hasta que él me detuvo.

—Quieta Océano. Si alguien va a quitártelo, voy a ser yo —gimió cogiendo mi mano y obligándome a caminar hacia atrás hasta caer sobre la cama y quedar encarcelada por su cuerpo.

Mordisqueó, chupó y aspiró partes de mi piel que no sabía en qué momento se habían convertido en puntos erógenos de mi cuerpo, pero cuando estaba segura de no poder contener aún más aquel placer, sentí como se hundía con firmeza para llenarme por completo y me aferré a su espalda clavando mis uñas sin contener el jadeo.

Podía notar como el incremento de aquel palpitar en mi interior acercándose al clímax, como si el mar respirase debajo de mí, paciente, inmenso, esperando aquel instante perfecto en el que romper mientras remaba con todas mis fuerzas para resistir un poco más.

Hasta que sentí como la ola me encontraba y arrastraba.

Como si yo no pudiera elegirla, como si no tuviera el control, sino que era ella quien decidía llevarme consigo.

El mundo desapareció mientras solo existíamos él y yo.

Entonces llegó ese momento inconfundible, ese punto exacto en el que dejas de luchar contra la ola y decides fundirte con ella.

Todo encaja. Todo es perfecto. El tiempo se alarga sin que tuviera la noción de ello y durante un segundo eterno sentí que flotaba sobre la fuerza más salvaje de la naturaleza sin oponer resistencia.

Una descarga recorría cada rincón de mi cuerpo de forma tan intensa que apenas podía contener la sonrisa.

¡Dios! Ni la adrenalina de ganar una competición podía compararse al sexo con Maximilian Kingsley. Definitivamente no solo era bueno en el agua, sino brutalmente excepcional en la cama.

Mi alarma sonó a las seis en punto. Necesitaba regresar a casa antes de que mi padre se levantara y comprobara que no había dormido en mi habitación.

Probablemente tampoco se sorprendería de que no lo hubiera hecho, pero era consciente de que mi padre veía aquella relación algo precipitada y, en cierto modo, era normal teniendo en cuenta que me había pasado semanas detestando la simple presencia de Kingsley y acababa de romper con Mason.

Al coger el teléfono la pantalla se iluminó y me di cuenta de que tenía más de diez mensajes sin leer de Valeria, iba a abrir su chat cuando Max me agarró con fuerza y me obligó a quedarme junto a él.

—Tengo que irme antes de que mi padre despierte —murmuré conforme él emitía un gruñido y poco después aflojaba el brazo para que pudiera alejarme.

Apenas cerré la puerta de mi habitación escuché los pasos de mi padre en el pasillo, tan puntual como predecible y entonces recordé los mensajes y abrí el chat de Valeria.

Oce, tengo que hablar contigo.

Es urgente.

Respóndeme cuando leas estos mensajes.

No importa la hora.

Escríbeme.

He descubierto algo.

Es sobre Cris.

Creo necesitas saberlo.

No le digas que tienes que hablar conmigo.

Tampoco a Kingsley.

Ni siquiera esperé a procesar qué podría haber descubierto Valeria sobre Cristopher que me afectara directamente a mí. Precisamente Max había dicho que confiaba plenamente en él y de hecho, había impedido que le diera una paliza a Mason con numerosos testigos.

Le respondí de inmediato pensando que a esa hora estaría dormida y le dije que estaría hasta las once en el gimnasio o podíamos vernos a la hora de almorzar si tenía descanso en el trabajo.

Respondió cinco minutos después diciéndome que almorzáramos juntas en un local al lado de la tienda donde trabajaba.

Esa urgencia viniendo en ella me llevaba a pensar que debía ser algo realmente grave para no querer decirlo a través de un mensaje.

Inmediatamente pensé en esa mujer llamada Harmony que me había martirizado durante semanas y cuyo nombre ahora sabía, pero si esa información que Valeria debía contarme afectaba a Cristopher e indirectamente a mí o a Kingsley no podía ser nada que tuviera que ver ella, ¿no?

, ¿Tal vez había descubierto que Max corría el riesgo de se expulsado de la federación? , ¿Y qué tendría que ver Cris con eso?

Intenté ignorarlo, centrarme en el entrenamiento y después ocupamos una sala vacía con colchonetas para repasar algunos movimientos antes de probarlos en la tabla.

A Max no le sorprendió que quedara con mis amigas para comer, no le dije que sería únicamente con Valeria, así que me dejó unas calles más atrás y me dirigí hacia el local en el que había quedado con ella.

En el momento que la vi llegar noté que estaba agitada y eso me confundió aún más, pero aún así nos saludamos, se sentó y pedimos un par de refrescos.

—Ni siquiera sé como iniciar para contarte esto.

—¿Es sobre Cristopher y tú? Porque por más vueltas que le he dado no entiendo que has podido descubrir para haberte alterado tanto.

—No. Es sobre Max y tú —contestó colocando las manos sobre la mesa e inició a juguetear con los cubiertos.

—Pero afecta a Cristopher —afirmé mientras ella asentía.

—Anoche quedamos para pasar la noche juntos y…

bueno… una cosa llevó a la otra, la cuestión es que Cris tenía una de esas cámaras más profesional con la que hace fotos chulísimas de los lugares que visita, me dijo de hacernos fotos nosotros.

Ya me entiendes. Fotos íntimas e incluso algún video para luego verlo.

Me prometió que las borraría en cuanto acabáramos y no sé porqué motivo acabé aceptando.

Se detuvo en cuanto se acercó la chica que nos había tomado el pedido para dejar los dos refrescos y sin apenas mirar la carta pedimos un par de entrantes para compartir.

—¿Y te ha hecho algún tipo de chantaje por esas fotos? —pregunté realmente preocupada por mi amiga.

—¿Qué?, ¡No!, ¡No! —exclamó enseguida dando un sorbo a su bebida—.

Tal y como me había dicho, borró las fotos, pero ya sabes que soy un poco maniática y que me gusta tener el control de las cosas, así que esperé a que él se durmiera, lo suficiente para hurgar en su mochila y encender la cámara.

Solo iba a comprobar que realmente había borrado todas las fotos y no tener que arrepentirme de aquella decisión años mas tarde.

Efectivamente no las encontré, pero había otras fotos que él había hecho de Noosa.

Es bastante bueno como fotógrafo y quizá por eso comencé a pasar de una a otra sin darme cuenta, puede que por la curiosidad de saber en los sitios que había estado, pero jamás pensé lo que encontraría…

Bajó la mirada y parecía aturdida.

—¿Qué encontraste? —exclamé sin hacerme una idea de qué podría haberla alterado tanto.

—Eran fotos de vosotros Océane. Las fotos que han publicado de Max y tú juntos paseando por el río o besándoos sobre la tabla. Esas fotos las hizo él.

No.

No. No. No.

¡Max confía plenamente en él!, ¿Cómo iba a hacerle algo así a su amigo? Y entonces un sentimiento extraño me recorrió por la espalda cuando las palabras de mi padre aparecieron en mi mente.

«Tu representante al igual que yo, habrá recibido ofertas bastante generosas sobre pruebas que evidenciaran vuestra relación o entrevistas que lo confirmaran»

La idea de que Max pudiera tener algo que ver en ello me heló la sangre, pero inmediatamente después la rechacé. Cris y él eran amigos, podía haberle hablado de ello y haber vendido su amistad por dinero.

—Debo decírselo a Max —dije mordiéndome el labio sin creer que el mismo tipo que había vendido mis fotos a la prensa estaba alojado en mi casa.